Los socialistas portugueses rechazan entrar en una coalición de Gobierno

El caos político se prolonga mientras se deteriora la situación financiera

Pedro Passos Coelho (de pie), junto al ministro de Exteriores, Paulo Portas, en el  debate del Estado de la Nación.
Pedro Passos Coelho (de pie), junto al ministro de Exteriores, Paulo Portas, en el debate del Estado de la Nación.MIGUEL A. LOPES / EFE

Portugal vive sumida en un caos político cuyas consecuencias se reflejan puntualmente en los gráficos de los mercados: los bonos portugueses a 10 años en el mercado secundario se dispararon esta mañana hasta llegar a un interés del 7,31%. Mientras, los actores, protagonistas y causantes de la crisis buscan una salida al laberinto.

No es fácil: el presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, que exigió el miércoles un “compromiso de salvación nacional” a los tres principales partidos (los dos de centroderecha que gobiernan, el PSD y el CDS, y el Partido Socialista, en la oposición), asegura que los líderes de las tres formaciones han manifestado ya su intención de dialogar y llegar a una conclusión rápida. Pero un tormentoso debate sobre el estado de la nación celebrado hoy indica hasta qué punto ese acuerdo puede quedarse en papel mojado o tener una altura mínima dadas las aparentemente infranqueables divergencias que separan al primer ministro, Pedro Passos Coelho, y al secretario general del Partido Socialista portugués, António José Seguro.

Por lo pronto, Seguro advirtió que su partido no participará en ningún Gobierno de unidad nacional —una de las posibles interpretaciones de ese ambiguo “compromiso de salvación” exigido por Cavaco Silva—. Es decir: el PS solo formará parte de un Gobierno salido de unas elecciones anticipadas. “Ningún diálogo político va a hacer cambiar la política del Partido Socialista”, añadió. Seguro insistió en que el actual Gobierno portugués es un cadáver andante y que hace falta un nuevo Ejecutivo más vigoroso “capaz de generar confianza y que sienta el apoyo de la población detrás”.

Passos Coelho replicó que no piensa dimitir (las peticiones de renuncia fueron numerosas desde la bancada de la oposición) y retó a los socialistas a que les acompañen a negociar con los representantes de la troika que llegan a Lisboa la semana que viene. Un regalo envenenado, un ofrecimiento a que el PS se involucre en la mecánica, tortuosa, desacreditadora y periódica negociación de los cortes concretos que hay que hacer para cumplir con el déficit prometido. El secretario general del PS tiró por elevación y pidió, como lleva pedido desde hace meses, una renegociación del programa entero con Europa y el FMI. Reclamó, en una palabra, más tiempo para pagar el préstamo. Y luego aseguró enfáticamente: “Yo nunca me he arrodillado frente a la troika”, dando a entender que su interlocutor sí.

A la derecha de Passos Coelho permaneció durante todo el debate Paulo Portas, el líder del CDS, segundo partido de la coalición de Gobierno, cuya dimisión “irrevocable” como ministro de Exteriores el pasado 2 de julio desencadenó toda esta convulsión política. La renuncia de Portas, que significaba la desintegración de la coalición gubernamental y ponía en solfa la estabilidad parlamentaria, no fue aceptada por Passos Coelho, que trató de sujetar así un andamiaje que se desmoronaba a ojos vista. Después ofreció a Portas el cargo de viceprimer ministro a fin de que aceptara quedarse en el Gobierno y así garantizar al país (y a los mercados) cierta estabilidad. Pero ese recambio en el Ejecutivo (junto con algunos más de varios ministros ya aireados por la prensa) no fueron refrendados preceptivamente por el presidente de la República, que desconfiaba de esta solución y que obligó a Portas y Passos Coelho, en una bofetada política imprevista y demoledora, a buscar un consenso aún más amplio que incluyera a los socialistas, que fueron, al fin y al cabo, los que gobernaban en 2011 cuando Portugal pidió el rescate. De modo que la posición de Portas en el Gobierno es confusa. Tanto que la diputada ecologista Heloísa Apolónia preguntó: “¿Va a explicarse hoy el señor ministro de no sé qué o no?”.

Portas sí habló. Tras 10 días en silencio, eligió este debate para romperlo. Aseguró que había puesto, en la solución de la crisis, el interés del país por encima del de su partido y el de su partido por encima del suyo propio. Al terminar, un diputado del Bloque de Izquierda pidió al primer ministro que especificara en calidad de qué había hablado Portas. Passos Coelho, molesto, y terminante, respondió, dando por finalizado el debate (que no la crisis), respondió: “Ya lo he dicho otras veces. Nunca he llegado a aceptar la dimisión del ministro de Asuntos Exteriores”.

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