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Hong Kong, un refugio quizás no tan seguro

Edward Snowden reveló los programas de vigilancia masiva del Gobierno estadounidense desde la excolonia británica

Consulado estadounidense en Hong Kong.
Consulado estadounidense en Hong Kong. AFP

Cuando Edward Snowden decidió filtrar al diario británico The Guardian y al estadounidense The Washington Post los programas de vigilancia masiva de comunicaciones emprendidos por el Gobierno de Estados Unidos, tuvo que tomar una decisión vital: desde dónde lo haría. Optó por Hong Kong, un territorio situado en el sur de China, que fue devuelto por Reino Unido a Pekín en 1997 en unas condiciones que otorgan a sus ciudadanos una relativa autonomía política y unos derechos básicos -como el de libertad de expresión- de los que carecen los nacionales del continente.

“China continental tiene restricciones significativas sobre la libertad de expresión, pero la gente de Hong Kong posee una larga tradición de protestas en las calles, y de dar a conocer sus opiniones”, dijo Snowden en una entrevista en vídeo a The Guardian.

El exempleado de la CIA, de 29 años, no tendrá fácil, sin embargo, escapar a la justicia estadounidense. Hong Kong y Estados Unidos firmaron un tratado de extradición en 1996 –un año antes de la devolución de la colonia a China-, que entró en vigor en 1998 y proporciona a las autoridades de Hong Kong la potestad para retener a Snowden durante 60 días, después de haber recibido una petición de Washington que incluya una “causa probable”, mientras es preparada la petición formal de extradición.

Los expertos creen que la potencial extradición llevará bastante tiempo. El tratado con Estados Unidos incluye algunas excepciones, como crímenes considerados políticos, y Snowden podría aferrarse a esta posibilidad. Cualquier negociación sobre su entrega incluirá sin ninguna duda al Gobierno central chino. Aunque Hong Kong goza de un alto grado de autonomía, la responsabilidad sobre la defensa y la política exterior corresponde a Pekín, que ejerce una gran influencia tras las bambalinas en el territorio en los ámbitos político, legal, financiero y académico. Según la legislación de Hong Kong, el Gobierno central puede dictar instrucciones para que se conceda o no una extradición en casos en los que los intereses de China “en asuntos relacionados con la defensa o la política exterior se vean afectados de forma significativa”.

Abogados expertos en este campo creen que será difícil para el joven americano eludir el tratado si Washington decide procesarlo, máximo porque Pekín probablemente tampoco tenga mucho interés en evitar la deportación de alguien que, en principio, presenta poco interés político o informativo para China, ni en enturbiar las relaciones con Estados Unidos, en particular tras la cumbre que celebraron el presidente chino, Xi Jinping, y el estadounidense, Barack Obama, el fin de semana pasado en California, y en la cual anunciaron el nacimiento de “un nuevo modelo de relaciones” entre las dos mayores potencias del mundo para evitar los conflictos y la rivalidad.

Cualquier negociación sobre su entrega incluirá sin ninguna duda al Gobierno central chino

Lo que habría sido un asunto doméstico ha tomado una nueva dimensión al meter a China de por medio en un momento delicado. Altos funcionarios estadounidenses consideran que la ciberseguridad es probablemente el mayor conflicto bilateral que tienen las dos potencias, y en la cumbre entre Xi y Obama el presidente estadounidense proporcionó evidencias de supuestos robos de propiedad intelectual desde China. Las filtraciones sobre los propios programas de espionaje a gran escala destapadas ahora por Snowden podrían minar los esfuerzos de Washington para presionar a Pekín sobre los ciberataques chinos, ya que la administración estadounidense ha perdido con ellos credibilidad y autoridad moral para realizar exigencias a China.

En la excolonia británica, ya han sonado las primeras voces pidiendo la expulsión de Snowden, un antiguo asistente técnico de la CIA, que en la actualidad trabajaba para una empresa subcontratada por la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, en sus siglas en inglés) de Estados Unidos. Regina Ip, exresponsable de la seguridad de Hong Kong y diputada cercana a Pekín, ha afirmado este lunes que la Administración de la ciudad está “obligada a cumplir los acuerdos” con el Gobierno de Estados Unidos, que incluyen la extradición de fugitivos. “De hecho, va en su beneficio dejar Hong Kong”, ha dicho Ip, informa France Presse.

Snowden, que ha descrito el consulado de Estados Unidos en Hong Kong como “una estación de la CIA”, ha manifestado su interés en pedir asilo en Islandia, porque, según dice, es un país que se ha levantado en defensa de la libertad en Internet.

Hong Kong se ha visto envuelto en otros casos de extradición en el pasado. En marzo, el analista de Bolsa Trent Martin fue deportado del territorio a Nueva York para hacer frente a acusaciones de uso ilícito de información privilegiada. Otros sospechosos han sido extraditados por crímenes como contrabando, violación de los controles de exportación de equipos militares o fraude de inversión.

Pero las demandas estadounidenses no han sido siempre aceptadas. En 2008, Hong Kong liberó sin explicación a un iraní, Yousef Boushvash, a quien Washington había acusado de intentar obtener en Estados Unidos componentes de aviación sometidos a embargo para exportarlos. Boushvash era objeto de una querella criminal en Nueva York, por lo que su puesta en libertad provocó la ira de Estados Unidos.

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