Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

El camarada Artemio cierra una era

Perú juzga al último integrante del comité histórico de Sendero Luminoso, capturado en febrero pasado, tras 30 años emboscado en la selva central

El camarada Artemio, durante el juicio.
El camarada Artemio, durante el juicio. REUTERS

A una hora del centro de Lima, en la sala de audiencias de la base naval del Callao —donde purgan prisión los cabecillas históricos de Sendero Luminoso y el exasesor de inteligencia Vladimiro Montesinos— Florindo Flores Hala, alias Camarada Artemio, comparece en el juicio en su contra. Nada más cruzar la puerta, levanta el puño derecho, gesto desafiante de los líderes de la cúpula de la organización terrorista que causó más de la mitad de las casi 70.000 muertes en el llamado período de la violencia, entre 1980 y 2000.

Artemio fue capturado en febrero y está acusado de los delitos de terrorismo, narcotráfico y lavado de activos en contra del Estado. La fiscalía le responsabiliza de unos mil asesinatos. Comandó las acciones de Sendero en el valle del Huallaga, en la Selva Central de Perú, zona que estuvo dominada en los ochenta y noventa por la conjunción del terrorismo y el narcotráfico.

Artemio lideró las operaciones del denominado Partido Comunista de Perú-Sendero Luminoso (PCP-SL) “en el contexto del auge de precios de los derivados ilícitos de la coca”, refiere el informe de la Comisión de la Verdad, documento que señala que el Alto Huallaga “es uno de los pocos lugares que el PCP-SL logró controlar un territorio extenso por un largo periodo de tiempo”, y es también la zona donde se ha registrado la mayor cantidad de muertos después de Ayacucho, departamento donde surgió el grupo subversivo. Después de la captura, en 1992, del fundador de la agrupación, Abimael Guzmán, quedó junto con el camarada Feliciano al frente de Sendero Luminoso. Hasta febrero, Artemio fue el último miembro activo del comité central del grupo terrorista.

Mientras tanto, la facción remanente de la organización en el Valle de los ríos Apurímac y Ene, denominada Proseguir (nombre que alude a la continuación de la lucha armada) está al mando del camarada José, alias de Víctor Quispe Palomino, quien actúa aliado con el narcotráfico y practica la extorsión a negocios legales e ilegales entre los departamentos de Huancavelica, Ayacucho, Junín y Cusco.

El proceso comenzó el pasado miércoles, pero se suspendió en la primera audiencia. Pese a que su abogado, Mario Paico, calificó a Artemio como preso político y negó la participación de su defendido en el terrorismo o el narcotráfico, el jefe guerrillero había reconocido en su día que su grupo actuaba en el distrito de Uchiza, capital de la droga en los ochenta y noventa. “Sí, nosotros pusimos el control, pusimos orden. Que las armas que tenían ellos las usen para su negocio pero no contra el pueblo”, dijo en diciembre de 2011 en una entrevista. Incluso fijaban el precio de la droga y cobraban por el uso de pistas de aterrizaje clandestinas de las aeronaves que sacaban la cocaína.

Según la fiscalía, Artemio es responsable de unos 500 actos terroristas en el Huallaga, y el asesinato de unas mil personas, entre ellos 60 policías, un fiscal y centenares de civiles. Por ello, el procurador anticorrupción Julio Galindo ha indicado que le corresponde la pena de cadena perpetua.

Acerca de la desarticulación de Sendero Luminoso en el Huallaga tras la caída de Artemio, Ricardo Soberón, director del Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos, tiene sus reservas. “En los distritos y provincias de San Martín y Huánuco, durante más de una década, Sendero creó una extensa red de amenaza y extorsión contra empresarios, dirigentes y pobladores. Ponemos en duda que su desaparición la desintegre automáticamente”.

La captura del jefe de Sendero Luminoso en el Huallaga fue el acontecimiento más importante de 2012 en la lucha contrasubversiva. Sin embargo, Soberón indica que “el triunfalismo oficial no tapa un escenario convulsionado en la selva alta. Para 2013 se anuncia la erradicación forzosa de plantaciones de coca en la zona, donde las huestes de Sendero post-Artemio y de los hermanos Quispe Palomino mantienen una acción focalizada. Esto se complica aún más por la convergencia del tráfico de drogas, oro y otros recursos, así como por la creciente militarización planteada por el primer ministro, Juan Jiménez”, explica Soberón, que asesora a algunas federaciones de agricultores de las cuencas cocaleras en dicha región.

En el arranque del juicio ha quedado en evidencia el choque entre el discurso de los miembros de Sendero Luminoso y la lógica del resto de la sociedad peruana, representada por los magistrados Clotilde Cavero, Alberto Rivera y María Luz Vásquez, de la Sala Penal Nacional. El acusado calificó al tribunal como “ilegal e inconstitucional” al inicio de la audiencia, lo que le valió una amenaza de expulsión. Minutos después, tras la intervención del fiscal Luis Landa, quien hizo un recuento de las acusaciones, Artemio respondió: “Rechazo los delitos que se me están imputando de terrorismo, mi delito es político”.

La pesadilla de Sendero Luminoso no solo permanece en el alejado valle de los ríos Apurímac y Ene, sino también en una agrupación de fachada denominada Movadef (siglas del Movimiento por la Amnistía y los Derechos Fundamentales), que realiza actividades de propaganda y se infiltra en organizaciones con reivindicaciones sociales (por ejemplo, el aumento de sueldos en el sector educativo) y medioambientales.