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Estados Unidos ocultó la implicación soviética en la matanza de Katyn

Nuevos documentos prueban que el Gobierno de Roosevelt halló evidencias de que Stalin había ordenado la matanza y evitó difundirlas para no provocar su ira

El polaco Franciszek Herzog muestra una foto de su padre, Franciszek Herzog, ejecutado por los soviéticos en Katyn en 1940.
El polaco Franciszek Herzog muestra una foto de su padre, Franciszek Herzog, ejecutado por los soviéticos en Katyn en 1940. AP

Setenta y dos años después de una de las matanzas más famosas de la II Guerra Mundial continúan apareciendo detalles sobre todo lo que rodeó un episodio en el que el dictador Soviético, Josif Stalin, ordenó el exterminio del cuerpo de oficiales del Ejército polaco y de buena parte de la intelectualidad del país que se había repartido meses antes con Adolf Hitler.

Una de las fosas halladas en el bosque de Katyn, en una imagen de 1952.
Una de las fosas halladas en el bosque de Katyn, en una imagen de 1952. AP

Entre abril y mayo 1940, los soldados soviéticos condujeron hasta el bosque de Katyn, en territorio ruso, a un total de 22.000 polacos y civiles polacos procedentes de varios campos de prisioneros. Durante varias semanas en la espesura resonaron los disparos. Los prisioneros fueron asesinados a tiros, utilizando armas alemanas. Aunque aliado entonces de Hitler, Stalin queria culpar al nazismo de la matanza en el que caso de que algún día se descubrieran. Milagrosamente algunos polacos lograron escapar con vida.

Ahora, documentos depositados en el Archivo Nacional de EE UU, desclasificados esta semana, revelan correspondencia sobre este asunto entre el presidente de EE UU, Franklin Delano Roosevelt, el primer ministro británico y el dictador soviético. Corría 1943 y Stalin era enemigo de Hitler. Junto a otros documentos, muestran como conocedores de la matanza, Washington y Londres, no estaban interesados en airearla para no poner en peligro su alianza con la Unión Soviética.

“Estamos interesados sólo en el asunto de Katyn si se muestra la complicidad alemana”, reza un telegrama del servicio de inteligencia de EE UU en respuesta a una oferta de información.

Desde Londres, el Gobierno polaco en el exilio y la Cruz Roja, presionaban para investigar el asesinato en masa. “Me inclino a pensar que el primer ministro Churchill encontrará el modo de imponerse al Gobierno polaco en Londres para que en el futuro actúe con mayor sentido común”, escribía Roosevelt en una comunicación. Por su parte en una carta a Stalin, Churchill se oponía “vigorosamente” a cualquier investigación por parte de la Cruz Roja.

En un carta, Churchill le reenvía Roosevelt las afirmaciones de un diplomático británico: “Nos hemos visto obligados a frenar a los polacos para que no saquen a la luz pública el asunto, a desalentar cualquier intento del público o la prensa de investigar a fondo esta fea historia”. “De hecho hemos utilizado el buen nombre de Inglaterra para, como hicieron los asesinos con los pinos, cubrir la matanza”. El primer ministro británico le solicita al presidente estadounidense que le devuelva el documento para evitar filtraciones.

La matanza de Katyn es todavía objeto de controversias y tensiones entre Polonia y Rusia. “Los aliados lo sabían pero con la guerra la verdad no convenía”, destacó la presidenta de la Federación de Familias de Katyn, quien expresó su deseo de que una vez que EE UU ha desclasificado sus archivos, Rusia haga lo mismo.

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