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Monti se apunta el tanto de haber vencido a Merkel

El primer ministro italiano dice que lo principal de la cumbre es "el desbloqueo mental"

La prensa italiana exprime el juego de los dos 'supermarios', Monti y Balotelli

Monti, a la salida de la reunión de madrugada. Ampliar foto
Monti, a la salida de la reunión de madrugada. REUTERS

Las finales nunca pueden terminar en empate, y la cumbre de Bruselas había sido presentada por Mario Monti en Italia como un auténtico desafío a vida o muerte: “Si me tengo que quedar hasta el domingo por la noche, lo haré, pero hay que evitar un lunes negro”. Así que, tras alcanzar el acuerdo, el primer ministro técnico se apresuró a dejar muy claro que el tanto había sido suyo. Aunque siempre de forma elegante —esa virtud que desconocía su antecesor—, Mario Monti se preocupó de subrayar que hubo pelea, que fue dura, y que la ganó. “La discusión ha sido larga”, dijo el viernes al despuntar el alba, “pero al final hemos conseguido el acuerdo. Es un hecho muy positivo para la zona euro, y una doble satisfacción para Italia, que ha estimulado el proceso”.

Monti es un experto del farol. Desde que llegó al poder, ya han sido varias las ocasiones en las que el jefe del Gobierno tecnócrata ha amenazado con coger las de Villadiego si no se hacía su voluntad. Lo utilizó cuando los partidos y los sindicatos italianos amenazaron con boicotear su reforma laboral —“si el país no está listo, el gobierno puede marcharse”— y lo volvió a hacer, aunque de forma más sutil, el pasado martes. Se dirigió a los diputados para decirles que solo podía marchar con garantías de éxito a Bruselas si se llevaba bajo el brazo, recién aprobadas, las reformas del mercado del trabajo. Y los congresistas, desde la derecha de Berlusconi a la izquierda moderada de Pier Luigi Bersani, le otorgaron el cheque en blanco.

Este viernes, pese al cansancio, se mostró exultante. Dijo: “El proceso ha sido duro. Pero el resultado, bueno. La zona euro sale reforzada. Italia ha obtenido aquello que quería y se ha evitado un lunes negro”. Y refiriéndose —aunque sin citarla— a quienes, como Angela Merkel, se habían opuesto a la recapitalización directa de la banca, añadió: “Lo importante es el desbloqueo mental”. Por si fuera poco, Monti admitió públicamente que el acuerdo, que fue saludado por los mercados aun antes de ser inscrito en el registro, le ayudará además a gobernar Italia. De forma unánime, los medios de comunicación italianos saludaron el éxito del primer ministro.

El titular de La Repubblica marcó la tendencia: “Triunfa el eje Monti-Hollande”. Il Corriere della Serra destacaba sin rodeos “la victoria de Monti”. Y agrandaba el éxito citando al propio Monti: “Italia ha vencido –consiguiendo el escudo antispread--, pero no tendrá que usarlo”. Pocos se resistieron en comparar la victoria de su selección en la Europa con la de su primer ministro en la cumbre. La página web de RaiNews titulaba: “El otro Supermario doblega a la Merkel”. Y volvía a insistir en la mezcla de fútbol y política para añadir: “Cena indigesta para los alemanes”. También en Italia, la agria postura de la canciller alemana ha alimentado un cierto nacionalismo para defenderse de la ofensa. Y Monti, siempre hábil, ha sabido nutrirse de él lanzando puya tras puya a su Angela Merkel, como aquellas palabras que dirigió a un hipotético jubilado alemán en el transcurso de la reciente entrevista con este periódico: “Querido señor Müller, antes de todo, relájate, porque te has convencido o te han convencido de que tú estás manteniendo el excesivo nivel de vida de los italianos. Mira, no es así…”.

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