Hollande busca aliados al sur para doblegar a Merkel

El socialista visitará a Mario Monti en Roma días antes de la cumbre con Alemania, España e Italia para acordar un plan común

El presidente francés, François Hollande.
El presidente francés, François Hollande.PHILIPPE WOJAZER (AFP)

Dos emisarios personales de François Hollande negocian estos días con Alemania los viejos y nuevos ‘noes’ de Angela Merkel. Philippe Léglise-Costa, consejero para asuntos europeos, y Emmanuel Macron, secretario general adjunto del Elíseo, han encontrado a una canciller más enrocada que nunca en el jaque mate de la austeridad. Según se lee en un documento consensuado por la coalición cristiano-liberal alemana para negociar con la oposición del SPD su apoyo al Pacto Fiscal que resumía el jueves Le Monde, Merkel insiste en dar lecciones de liberalismo a Francia y rechaza casi todas las ideas de Hollande para el crecimiento.

El papel reitera la pócima mágica de Merkel para crecer y crear empleo: reducir la deuda y el déficit, reformar el mercado de trabajo y privatizar las partes “menos eficaces” de la Administración. Sobre lo que puede hacer la Unión Europea para salir de la recesión, el documento propone “privatizar el tráfico ferroviario en todos los Estados” y movilizar “más capital privado”, y sitúa en unos bufos 10.000 millones de euros la cantidad a inyectar en el Banco Europeo de Inversiones. La creación de obligaciones para realizar proyectos de infraestructuras solo se hará si la Comisión da un parecer positivo; y sobre los eurobonos y la tasa financiera, el papel ni siquiera los cita. 

Consciente de que Merkel no cejará fácilmente, Hollande está sumando aliados en el sur. El entendimiento con Italia y España, junto a la presión creciente de Estados Unidos y del FMI, es indispensable para suavizar las posiciones de Berlín. El socialista visitará a Mario Monti en Roma el día 14, antes de la cumbre con Alemania, España e Italia del 22 de junio, para acordar un plan común. Con Madrid hay sintonía, si no alianza: Mariano Rajoy ha respaldado en público los eurobonos mientras Hollande le tendía la mano en la capitalización directa de los bancos, un apoyo que aleja a París de Berlín y que es también egoísta porque mira al futuro de su propio sistema bancario.

Hollande ha prometido que será cómplice de la Comisión y el Parlamento europeos, pero ayer incumplió su palabra porque el ministro del Interior francés, Manuel Valls, apoyó en Luxemburgo una polémica iniciativa de la etapa Merkozy: que la suspensión temporal de las fronteras de Schengen sea decidida por los Estados en vez de por la Comisión.

Hollande se juega en una semana –en las legislativas del 10 y el 17 de junio- la necesidad de contar con una mayoría sólida en la Asamblea Nacional. Si lo consigue, el quijote del crecimiento acudirá aun más crecido a la cumbre europea, presumiendo de que Francia ha dejado atrás un ciclo político de 10 años y financia su deuda a los precios más bajos que antes. Más allá de eso, Francia necesita que Europa empiece a financiar la economía real para cumplir sus promesas electorales y de déficit. A cambio deberá convencer a los eurófobos de la Francia eterna de que es preciso ceder cuotas de soberanía jamás imaginadas.

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