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¿No encuentra mesa para cenar o desea amigos nuevos? Carisma y cuotas mensuales son la solución

La tendencia ya existía en Inglaterra o Estados Unidos y ahora llega a España: clubes de miembros que ofrecen experiencias, comidas, cenas, fiestas o arte pero, sobre todo, un comisariado para hacer amistad y ‘networking’

Cenas
Getty Images / Pepa Ortiz (Collage)
Marco Antonio Gomes

La sensación es generalizada y se ha agudizado especialmente tras la pandemia: en las grandes ciudades abren tantos locales nuevos y en muchos se hace tan complicado conseguir mesa que organizar un plan nocturno puede convertirse en un acto que hay que planificar casi como se planifica un viaje. Especialmente, cuando uno es extranjero en una ciudad o un recién llegado.

Como respuesta a esta problemática, consecuencia de la transformación de las grandes capitales en nodos internacionales de ocio en los que se mezclan amigos, conocidos, turistas, presupuestos y planes, grupos exclusivos para miembros adinerados han surgido en varias de esas grandes ciudades. Se trata de una mezcla entre el concepto de los viejos dining clubs de Inglaterra y EE UU (organizaciones cerradas en los que sus miembros se reunían regularmente para compartir cenas y debates) con las demandas actuales (más enfocadas en ocio, arte y gastronomía). Sus participantes pagan una suscripción periódica y tienen acceso a una serie de beneficios y eventos solo para invitados, además de poder disfrutar de experiencias pensadas de acuerdo a sus gustos. A diferencia de los clubes de siglos pasados, lo más valorado por los actuales no es una afiliación ideológica, sino una actitud: principalmente, la curiosidad ante nuevos contactos y nuevas experiencias.

Desde Milán a Nueva York

El Dinner Conversations, en Milán, es uno de ellos. El club creció como una evolución natural de las cenas exclusivas para mujeres que su fundadora, Natasha Slater, organizaba en su casa. Los miembros tienen acceso a los eventos exclusivos que Slater organiza en colaboración con restaurantes y chefs, como el pop-up que organizó con el chef Giancarlo Perbellini en el último Fuorisalone de abril, o los desayunos Girls Power que coordina por toda Italia. Sus integrantes también pueden acceder a ventajas únicas por su asociación a restaurantes, hoteles y otras marcas.

Aunque la cena (dinner) está en el nombre de su club, Slater puntualiza que la principal actividad de Dinner Conversations es una “curaduría de personas”: “Cada miembro que viene a un evento sale con cinco nuevos amigos”, declara. Para ella, una cena o una comida es el mejor escenario para crear interacciones diferentes a las que surgen en nuestro día a día. “Estamos conectados permanentemente, pero nos falta una comunicación profunda”, explica. Ese enfoque también justifica los pocos miembros que permite en el club: hasta el momento, solo 200 personas tienen acceso a todos sus eventos.

El filtro para miembros es una de las características fundamentales de estos clubs. Sí, hay uno económico que supone el pago de una mensualidad para mantener el registro, pero no todo se reduce a las cifras y a quien pueda pagarlas: todos siguen un proceso de aplicación exhaustivo que suele exigir una carta de presentación y una entrevista personal. Para estas organizaciones, es vital que los nuevos integrantes encajen con el grupo que ya participa y compartan su visión sobre el ocio, el disfrute y los gustos. Siguiendo la tradición de los clubes privados de siempre, la recomendación de un miembro ya existente suele ser una de las vías más directas para que otro nuevo pueda ingresar.

Dawn Simpson-Jones, presidente de The Supper Club, que opera en Estados Unidos, explica que es esencial combinar el perfil de nuevos miembros con los miembros ya existentes. “Queremos que nuestros miembros sean personas con quien a nosotros nos gustaría pasar la noche entera hablando”. Para Simpson-Jones, el objetivo de su club es establecer “emparejamientos sociales”. “El objetivo de nuestras cenas es desconectar para reconectar. Nuestro mayor cuidado está en decidir con quién se sienta cada uno, basándonos en sus intereses y estilo de vida”. El enfoque comienza desde el momento de selección. En la entrevista personal previa al ingreso, por ejemplo, se puede preguntar desde el último libro leído o con qué figura histórica le gustaría a uno cenar.

El Supper Club tiene un origen inusual: empezó como un evento para organizar citas y conectar a personas solteras. En las cenas que organizaba su fundadora en Londres, se pedía que cada invitado llevara una persona por la cual no estaba interesado, pero que creía que podría ser interesante para otro invitado (una técnica parecida se reflejó en un célebre episodio de Sexo en Nueva York). El éxito del modelo se comprobó cuando las parejas recién formadas pidieron la continuidad de los eventos para seguir disfrutando de ellos.

Simpson-Jones explica que el enfoque intimista también influye en los eventos que organiza: “Siempre queremos que haya un aire de microboda, con una sensación de familiaridad, de disfrute, de buena comida y de estar participando en algo especial”. En cada una de las nueve ciudades de EE UU en que opera se organiza al menos un encuentro al mes: la gran mayoría son cenas y experiencias gastronómicas en espacios reservados de restaurantes, con cartas seleccionadas para la ocasión. Antes se organizaban fiestas para bailar, pero los dirigentes se dieron cuenta de que lo que más gustaba a sus miembros eran las cenas, eventos más tranquilos que inviten a charlar. Sin embargo, siguen promoviendo una gran fiesta al año abierta a todos los más de 1000 integrantes. El tema de este año será Truman Capote y tendrá lugar en Los Ángeles.

¿Y lo nuestro?

En Madrid, el concepto aterriza de una manera un poco diferente de la mano del equipo de JOMO (joy of missing out, que juega con el concepto de FOMO, o sea, el miedo a perderse cosas, para subvertirlo por joy, o sea, disfrute por perderse cosas). Este club, que acaba de lanzar sus diferentes tipos de membresía, operará de tres maneras. El primero, JOMO Art, se dedica a eventos relacionados con el arte, como aperturas anticipadas de exposiciones y galerías. JOMO Taste ofrece eventos gastronómicos, con degustaciones exclusivas con chefs, y provee un servicio personalizado que ayuda sus miembros a reservar una mesa para cualquier ocasión entre el listado de restaurantes asociados al club. JOMO Life organiza eventos enfocados en la salud y bienestar. Además, todos sus miembros reciben un briefing semanal con todas las recomendaciones del equipo, que varía desde música a restaurantes.

JOMO cuenta ya con unos 1500 miembros (y muchos más en lista de espera). Sin embargo, sus fundadores, el parisino Ary Abecassis y el alemán Michael Link, aseguran que no se ha perdido el carácter personal. “Cada solicitud de ingreso es evaluada personalmente por nosotros”, explican. Aunque ya han tenido problemas (”un insistente aspirante a miembro se coló en un evento y bebió demasiado”, recuerdan con hilaridad), los fundadores siguen creyendo en la interacción personal como el mejor pegamento para la comunidad que han creado.

Natasha Slater, de Dinner Conversations, describe los miembros de su club como “personas que se mueven mucho por el mundo, algunos viven en otras ciudades, pero tienen una base aquí en Milán”. De la misma manera, los fundadores de JOMO destacan que hay muchos madrileños en sus filas, pero que la mayoría también son expatriados. Estos clubs ofrecen a sus miembros un pequeño vislumbre de la vida local a personas que aún no han tenido tiempo (o, por su frenético estilo de vida, nunca lo tendrán) para desarrollar una relación más íntima y cercana con la ciudad.

¿Los precios de todo esto? El plan más básico de JOMO cuesta 200 euros anuales, y el más caro de The Supper Club, 10.000 dólares. Pero recuerde, no todo se trata de dinero. Si quiere entrar, primero tendrá que conquistarlos.

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