Fonda Casa Pepa: la familia que te sirve de comer en el salón de su casa por 14 euros
Este restaurante, donde ofrecen platos como gazpachuelo, puchero o magro con tomate, nació en los años sesenta como alojamiento y hoy es una institución en Málaga


Sobre el mueble hay candelabros y platos de porcelana. Sus estanterías están llenas de libros, figuritas de decoración, recuerdos de viaje. Y en todas las paredes hay multitud de retratos, algunos del siglo XIX, que repasan cinco generaciones del mismo linaje. La más joven de ese árbol genealógico es Dori Molina, de 21 años, que sonríe bien peripuesta en una fotografía tomada el día de su comunión. Ella misma aparece desde la cocina con una sopera de gazpachuelo entre las manos, pero aunque está en el salón de su casa, va a servirlo a un grupo de turistas alemanes. No se han colado. Esta familia sirve de comer a propios y extraños desde hace décadas. Y lo hace de manera generosa. “Aquí cada uno se echa lo que quiera comer y beber: se puede repetir las veces que haga falta”, dice la más joven de este singular comedor repleto hasta la bandera un martes cualquiera. Y donde, como en cualquier otro hogar de pueblo, un reloj de péndulo marca las horas y la televisión ofrece el informativo diario.
La Fonda Casa Pepa, en el corazón de Carratraca (Málaga, 718 habitantes) es uno de los lugares más peculiares de la gastronomía andaluza. Las tradiciones no se pierden entre sus muros. Ni el pañito de croché que cubre la jarra de agua, ni las botellas de gaseosa Limca y vino tinto Don Barroso firmes sobre el mantel de cuadros, ni las exquisitas aceitunas para empezar, ni la posibilidad de servirse a discreción entre los cuatro primeros y los cuatro segundos que hay para elegir cada día. Tampoco faltan los antiguos vasos Duralex. Todo ello, junto al precio del menú, 14 euros, atrae a todo tipo de comensales. Hay familias de la zona, currantes de paso, jóvenes parejas que han descubierto el lugar en redes sociales, viajeros curiosos o hasta moteros del norte de Europa. Cada día es una sorpresa. Hasta Antonio Banderas o Karlos Arguiñano han pasado por aquí. Y, según recoge la memoria familiar, el propio Carlos III de Inglaterra lo hizo durante una visita de incógnito en su juventud. Hace años, una japonesa, Reiko Kato, quedó tan alucinada de la experiencia que decidió abrir en 2020 un establecimiento hermano y homónimo en Kanagawa, al sur de Tokio. Ahora sirve albóndigas en salsa de almendra, tortilla o croquetas. “Quería mostrar a los japoneses la cocina de Pepa-san”, explica Kato, de 68 años, por mensaje.
Para llegar a este original restaurante hay que adentrarse en Carratraca, municipio a unos 50 kilómetros al noroeste de la ciudad de Málaga. Luego ascender una larga cuesta y, después, caminar junto a un sorprendente hotel de cinco estrellas, Villa Padierna, cerrado desde la pandemia. El establecimiento guarda el origen de la localidad, que hasta principios de siglo XIX no era más que una casa llamada Cortijo de Aguas Hediondas. Su nombre se refería a las aguas sulfurosas —y de mal olor— que allí brotaban. Tenían —y tienen— propiedades curativas. Su aprovechamiento impulsó el nacimiento del municipio en 1821 y, más tarde, la creación de un balneario que fue pionero en turismo de salud. El pueblo se convirtió en lugar de recreo de la burguesía malagueña. Durante el siglo XX, cada verano, los vecinos se desplazaban al campo o se bajaban a vivir al sótano para alquilar sus casas, como un primitivo AirBnb, a quienes pasaban una temporada en la zona para tratarse con aguas termales.

Así lo hizo Pepa Baeza en 1961. Ofrecía cinco habitaciones con derecho a una minúscula cocina y un baño compartido. Años más tarde, cuando los trabajadores que instalaban agua potable en Carratraca se alojaron allí durante semanas, les ofreció la posibilidad de darles de comer en el salón de su propia casa. “Trabajaba como cocinera en la antigua pensión El Príncipe. Siempre preparaba comida casera, así que gustó mucho. Y aquí seguimos”, dice su hija, Dori Sánchez, de 51 años, máxima responsable del negocio familiar desde que su madre falleciese, con 91 años, en agosto de 2023. La casa mantiene la estructura original alrededor de un bonito patio repleto de aspidistras. Entre ellas se mueven, cantarines, dos canarios, un jilguero, un loro rosella y una cacatúa australiana llamada Curro, la única ave que aquí tiene nombre. También continúan las cinco habitaciones —ahora con baño propio— que se alquilan a turistas, quienes suelen llegar para visitar el Caminito del Rey y aquí conviven con Dori, su marido, su hijo y su hija. Su hermana, Juana, vive pared con pared.
El menú es una sorpresa
Todos participan en una cocina de estilo tradicional que apenas se detiene a lo largo del día. Cada mañana se pelan decenas de patatas —hay domingos que se alcanzan los 30 kilos— y se encienden los fuegos para calentar grandes ollas color barro. En ellas se cuecen los guisos y platos de cuchara, base de un menú que cada día es una sorpresa, porque cambia a diario. Los primeros más habituales son el gazpachuelo y lo que se conoce como sopa, un caldo con garbanzos y fideos. Suele igualmente haber puchero, berza, arroz caldoso, callos o patatas a la riojana. Todos se presentan sobre la mesa en grandes soperas y es el propio comensal quien se sirve su plato, a demanda.

No merece la pena abusar. Es mejor dejar hueco a los segundos, entre los que son comunes sencillas delicias como magro con tomate o albóndigas, pero el estribillo de la casa: unas ricas patatas con huevo frito —”uno, dos o tres, los que haga falta”— que se acompañan con un sabrosísimo chorizo con toques de canela. Todos llegan en fuentes para que, de nuevo, cada cual se reparta a su gusto. Un postre de la casa —flan, natillas, arroz con leche— comparte protagonismo en el postre junto a algunas piezas de fruta. Es el cierre de un menú que incluye el tinto y la gaseosa y que sirve, con gracia y diligencia, la pequeña de la casa mientras se prepara el carné de conducir y busca trabajo tras formarse en Anatomía patológica en Málaga.

Entre semana —salvo los lunes, que cierran— ella misma ofrece café de pucherete, que regala una breve sobremesa para observar los múltiples detalles de las fotos familiares —además de comuniones hay bodas, bautizos, cumpleaños, fiestas varias— que ahora se acompañan de las imágenes que los propios comensales dejan allí. Los fines de semana el café se omite porque la afluencia se dispara y sus dos salones se llenan pronto. Por eso, en este restaurante lo ideal es reservar para el primer turno, a las 13.30 horas. O hacerlo ya para el segundo, que se sitúa sobre las 15.00 horas, pero que depende de que los comensales vayan acabando. “La mayoría de la gente sabe a lo que viene y no suele tardar demasiado en irse tras acabar. Comen sin prisa, pero tampoco se entretienen”, explica Dori Sánchez. “El problema es que hay quien cree que el segundo turno es llegar y sentarse, pero no es así. No podemos levantar a nadie, hay que esperar”, añade su hermana Juana, que relata que cuando pasan 10 o 15 minutos de la hora acordada y nadie aparece, se pierde la mesa. “El que entra, se sienta. Es lo que ha hecho siempre mi madre. Y llevamos más de 50 años con el mismo funcionamiento”, subraya Dori, orgullosa de mantener un negocio familiar que ha hecho de Carratraca un pueblo obligatorio para hacer parada y fonda.
Fonda Casa Pepa
- Dirección: Baños, 18, 29551 Carratraca, Málaga.
- Teléfono: 952 45 80 49
- Precio: 14 euros el menú del día.
Sobre la firma
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