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Más de 30 planes sabrosos de un día para Semana Santa

Te ofrecemos una lista de pueblos de buen comer y pasear, para disfrutar durante unas horas y huir –aunque no muy lejos– de las grandes ciudades

David Remartínez
Un arrozaco de La Zorra (Sitges)
Un arrozaco de La Zorra (Sitges)Mònica Escudero

¿Qué significan exactamente las vacaciones en este ansioso siglo XXI? ¿A partir de cuántos días un descanso se convierte en desconexión? ¿Se trata simplemente de apagar el móvil? Si esta Semana Santa andas con ganas de dejar la ciudad pero no te sobra el tiempo o el dinero, una pequeña escapada puede ayudarte a recomponer el ánimo para seguir cebando luego el insaciable Google Calendar. También es válido cuando son las vacaciones las que te llevan a la ciudad en cuestión y ya has visto todos los museos, bares, tiendas y amigos habidos y por haber. Un viaje tranquilo en coche o en tren contemplando el paisaje más una buena comida, un plato típico, un humilde dulce rural, un paseo sin notificaciones ni likes, piedras en las paredes, rastrojo en el campo… Oler, además de respirar: un planazo de paz, vaya.

Hemos preguntado a gastrónomos, periodistas y gente que sabe husmear pueblos ricos dónde refugiarse durante unas horas provechosas. Con sus elecciones, te proponemos una colección de excursiones cercanas a ciudades, aparentemente cortas, pero de placer hondo y digestión lenta. Lógicamente, no recorren toda la geografía, ya que es imposible resumir España en 2.000 palabras; pero podemos completarla entre todos y todas utilizando los comentarios a este artículo para añadir nuestra excursión favorita. Quizá así nos encontremos por los caminos, como aquellos paisanos de Emaús que se quedaron ojipláticos mientras deambulaban por Judea.

Desde Madrid

Miguel Ángel Almodóvar, inspiración constante para quienes escribimos de cocina y autor de clásicos como El hambre en España, nos dirige a “Morata de Tajuña, perteneciente a la Comarca de las Vegas, que forman los ríos Jarama y Tajuña, que llegan juntos a Aranjuez para unirse al Tajo: son notables sus verduras”. Para comer, “Mesón El Cid: cocina castellana, con una soberbia olla gitana, que además ganó el Concurso de Valladolid,como mejor tapa regional. En el mismo espacio está el Museo de la Batalla del Jarama, único en España sobre la Guerra Civil”.

María Luisa del Amo, otra gastrónoma veterana a la que da gusto preguntar porque controla de todo, añade “Becerril de la Sierra, en la Sierra de Guadarrama. Hay un montón de rutas de todos los recorridos y grados de dificultad, para niños con triciclo o bicicleta, hasta para montañeros expertos. También tienen una ruta desde uno de los telégrafos ópticos más antiguos de España, y para comer, en Malabar Bistró”, uno de sus favoritos.

Si prefieres una escapada distinta, María Luisa es fan de “Chinchón, con su preciosa plaza mayor, y con su anís como producto típico, que te pega un cebollazo que te tira para atrás: el morado es el más fuerte. Y, ya de paso, compras ajos”. También puedes acercarte a su Parador a comer el particular cocido de taba, un clásico con cangrejos de río -que se pescaban en el Tajuña y otros ríos de la zona- como ingrediente.

Desde Barcelona

Si quieres ver el mar puedes escaparte al Maresme y darte un homenaje en Tres Macarrons, o al Garraf a comer un arroz a La Zorra (todos están muy ricos; si vas por primera vez no dejes de probar el vegano o el de centolla con botarga). También te recomendamos acercarte al Parque Agrario del Baix Llobregat, una de las mayores extensiones de cultivo de Catalunya, y ponerte tibio en las Jornadas Gastronómicas del Pota Blava y la Carxofa Prat (por cierto: si eres muy fan de la carne aviar, tienes una ruta turística específica). Solamente en el mismo Prat ya hay agrotiendas, mercado de pagés los sábados, bodegas históricas como Cal Pere Tarrida, memorables paseos por el delta y actividades estacionales para elegir; además del Can Pizza original, el Cafè l’Artesà o la alta cocina gamberra de Gastro Garatxe.

También es época, por supuesto, de galletas de Ramos, torrijas, leche frita y buñuelos. En las localidades d’Olesa de Montserrat y Esparreguera, además, compiten cada año por ofrecer la mejor representación de la Pasión de Cristo con representaciones teatrales (ambas están declaradas Fiesta de Interés Turístico Nacional).

Desde Valencia

En veinte minutos te plantas en El Palmar, cuna de la paella, y en pleno Parque Natural de la Albufera: arrozales, barracas, canales. Puro Blasco Ibáñez; puro all i pebre, esa salsa centenaria que da nombre al plato que sustancia, especialmente el delicioso all i pebre de anguila. Si quieres conocer más sobre la riqueza de sus ríos, visita el Centro de Investigación Piscícola, recorre la albufera (por donde verás las romerías de Semana Santa) y deambula pueblos y paisajes. ¿Para comer? Hay de todo, pero ahí va uno especial: El Parador de El Saler, con un entorno natural de lujo.

Desde Santander

Javier Hernández Sande es presidente del Colegio Oficial de Médicos de Cantabria, y además un picofino de cuidado que ha cartografiado los manteles e historias culinarias de su comunidad. Nos propone un plan infalible desde Santander: “Ir en lancha a Somo, ver la bahía, y tomar unas rabas, por ejemplo, en el Melly. Luego, comer en una parrilla de pescado: en el Tronky la hacen buenísima”. Si prefieres un plan de interior, Javier apunta sin duda a “las cuevas de Puente Viesgo, que puedes completar visitando también la quesería tradicional Tres Valles Pasiegos”. Para comer, “un cocido en el Mesón de Borleña (Corvera de Toranzo), donde puedes hacer un circuito en el balneario”. Comor tercera opción, “visitar el Parque de la Naturaleza de Cabárceno, comer en La Yerbita, en Sobarzo, y visitar Sobaos y Quesadas Joselín, en Selaya”.

Desde Pamplona

El periodista navarro David Fernández Lucas, uno de esos amigos imprescindibles para descubrir rincones y mesas, nos propone “ir a Olite y ver el Castillo y la zona medieval de la ciudad. Ahí se puede comprar en la pastelería Bidaurre las tortas de Txantxigorri que popularizó la Trilogía del Baztán, originarias de esa localidad y de esa pastelería (no de Elizondo)”. Con las tortas devoradas, o guardadas en una bolsa, “puedes aprovechar y subir a Ujué, que está a veinte minutos en coche, para ver desde lo alto su maravillosa iglesia y comer las mejores migas de pastor en cualquiera de los restaurantes”.

David añade un plan B desde Pamplona: “Ir a Elizondo a comprar chocolate a Malkorra, el mejor chocolate de Navarra, y también un Dolmen, un pastel del que se hacen muy pocos y que solo se prepara ahí. Sube luego a Zugarramurdi, que está cerca, o acércate al Castillo de Maya, en Amaiur, donde los últimos navarros defendieron el reino de las tropas castellanas antes de la conquista en 1512″. Ahí es na.

Desde Logroño

Como David trabaja en el diario La Rioja, exprimimos su saber y nos recomienda “Villoslada de Cameros, lejos de las bodegas, pero con un entorno natural inmenso para hacer senderismo y pasear. Puedes comer unos caparrones típicos de La Rioja o cualquier plato de cuchara en el Restaurante Corona. Son raciones contundentes y sacian el paladar con todo el sabor riojano; además durante Semana Santa exponen en la Iglesia la Sarga, una tela renacentista de 1560 realizada en Amberes (Bélgica) que estuvo oculta durante años, algo muy curioso”.

Desde Zaragoza, Huesca y Teruel

El día que conocí a José Miguel Martínez Urtasun cambió mi estómago, además de mi humor y amor por mi tierra natal. El director de la revista Gastro Aragón asigna una excursión a cada capital de provincia, con destino, restaurante y paisaje. En Zaragoza, Ejea de los Caballeros, en la comarca de las Cinco Villas, que alberga Aquagraria, un museo agrario dedicado al agua, muy al pelo de las actuales protestas del campo. Para comer, comer, el Restaurante Gratal, con cocina espectacular. Desde Ejea puedes acercarte a las Bardenas Reales, en Navarra, parque natural y reserva de la Biosfera.

Si estás por Teruel, acércate a Tramacastilla, en Albarracín, un pueblo encantador en una sierra que quita el hipo por su belleza (y con menos turistas que el propio Albarracín). Estás en tierra de trufa y setas, y allí tienes el restaurante hospedería El Batán, una construcción rehabilitada donde chuparse los dedos. Si es Huesca tu punto de partida, Urtasun te encamina a Tardienta, donde ver el Abrazo de Tardienta, una sorprendente obra hidráulica que supuso la unión de los caudales de los canales del Cinca y Monegros. ¿Dónde comer? Pues en la Casa Rural Marga, que acoge el Asador Galino Pueyo, apellidos de un chef que trabaja con magia.

Desde Badajoz y Cáceres

La periodista gastronómica extremeña Alba Baranda empieza por Olivenza, “a 15 minutos de Badajoz: fue nombrado uno de los pueblos más bonitos de España, tiene un museo etnográfico y, sobre todo, está la fábrica y la mítica pastelería Casa Fuentes que vende la técula mécula original”, un dulce de e almendras, yema de huevo, azúcar y hojaldre. “También hay otro pueblo pequeño, Fuentes de León, donde se come genial en La Taberna de Noa. No te esperas encontrar algo tan creativo y barato en un pueblo de 2.000 habitantes, que también tiene unas cuevas interesantes para ver antes o después”.

Alba nos manda también a “Zarza de Granadilla, un pueblo a 15 minutos de Plasencia y a una hora de Cáceres”, con dulces típicos como coquillos, perrunillas o roscas fritas. Añade además “un pequeño restaurante llamado Versátil”, de raigambre local en su comida. Una última idea: “Jerez de los Caballeros, en Badajoz. El pueblo merece una visita por su pasado templario, y tiene a un chico italiano que se enamoró de una extremeña, se han venido aquí a vivir y han montado un restaurante, Il Mesón. Respeta las recetas tradicionales -carbonara sin nata, pizza sin fruta-, pero también las fusiona con el cerdo ibérico”. Solo leerlo da hambre.

Desde Zamora y Valladolid

Antonio Encinas es periodista en El Norte de Castilla y buen conocedor de tascas y tabernas. Dice que “camino a Zamora, si vienes desde el Norte puedes parar en Litos, cuyo bar del pueblo, el asador 5&Caña, sirve carnes de todo tipo con una bodega espectacular. Todo a la brasa y con carbón de encina: la pluma ibérica es una delicia”. En verano ves aparcados Lamborghinis, Maseratis y Porsches: si no reservas, no cenas, ni siendo del pueblo.

Antonio añade, en esta Sierra de la Culebra espléndida para contemplar y pasear, el pueblo de “Ferreruela de Tábara, con el restaurante Casa Pepa: menú del día con guiso, pata de ternera, oreja de cerdo... Ese tipo de cosas las bordan”. Desde Valladolid, en Traspinedo, viniendo por la carretera de Soria, ponen un pincho de lechazo a la brasa tremendo, hecho con llama viva y sarmiento”.

Desde Cádiz

Antonio Hernández Rodicio, autor del estupendo blog El goloso en llamas, cuenta con detalle por qué merece la pena acercarse a Vejer de la Frontera, a 45 minutos de Cádiz: “Es uno de los pueblos más bonitos de España. Cayó en manos musulmanas en la batalla del Guadalete en el setecientos y pico, conserva trazas patrimoniales muy interesantes como la ciudad amurallada o las puertas de la ciudad. Arquitectónicamente es precioso, un pueblo blanco en cuesta permanente, es una pinturita”. Tiene costa con playas legendarias, un museo de arte contemporáneo al aire libre –monte en medio–, y está en un bosque mediterráneo con ciervos y jabalís. Tienes que probar el “lomo metío en manteca y la ternera retinta”.

Como complemento, un restaurante: El Jardín del Califa., con gastronomía de África y Oriente Próximo. “A mí me encanta también La Vinográfica, porque se come muy bien y porque tienen una colección de vinos, en su mayoría generosos, y han llegado acuerdos con bodegas para que artistas hagan etiquetas exclusivas”. Por último, La Castillería, que pasa por ser de los mejores sitios de carne de España”.

Desde Oviedo o Gijón

David Castañón es autor de Les Farturrutes, un libro con rutas de montaña por toda Asturias que desembocan en un sabroso chigre (bar) de pueblo. De las recogidas en el libro y en su blog, elige la Cascada del Xurbeo, que como su nombre indica contiene un paisaje brutal y que parte de la localidad de Murias, en el concejo de Aller, a apenas media hora de las dos principales ciudades asturianas: “Ye perfecta porque solo tiene 2,2 kilómetros en total y es una ruta lineal, sin apenas desnivel, un par de repechinos, cortos, y muy llevaderos, y un entorno realmente espectacular. En media hora llegáis a la cascada. Para comer, El Corral de Murias, un sitio especializado en arroces, con un arroz con bugre (bogavante) espectacular”. Si no te tira el monte, te propongo otro plan en el centro de la comunidad: un día en Pola de Siero, yendo de vermú por sus muchos y divertidos bares, comiendo en el restaurante Abrelatas y tomando luego un cóctel en El patio de butacas.

Desde Bilbao

En un reciente viaje, el cocinero David de Jorge me recomendó ir a Larrabetzu, a 20 minutos de la capital guipuzcoana, con un casco histórico declarado Conjunto Monumental, y un enclave donde elegir para comer se vuelve difícil. El chef y escritor es fan de Horma Ondo, que convierte la parrilla en arte.

Obviamente, quedan muchas provincias y comunidades por repasar. Desde Coruña te puedes escapar a Betanzos a ponerte tibio de tortilla. Desde Tarragona, o incluso desde Valencia, te puedes acerca a Ulldecona, tierra medieval de olivos centenarios y con más de veinte restaurantes para elegir, muchos de cocina tradicional. Desde Toledo, la comarca de la Campana de Oropesa, y más concretamente Lagartera, cuyo Restaurante Llares, emplazado en una construcción del siglo XVIII, es memoria culinaria y museo etnográfico.

España sigue preñada de pueblos, aunque cada vez la veamos más a través de una pantalla. La Semana Santa, como cualquier otra semana sin bendición, como cualquier finde o día liberado, es un momento estupendo para cambiar el ratón por el tenedor, el teclado por el volante y las redes sociales, por la charla con el paisanaje que te encuentres acodado en cualquier rincón. En lugar de levantar el pulgar, igual te encuentras con un amable abrazo.

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Sobre la firma

David Remartínez
Es periodista y escritor. Ha aprendido en periódicos, revistas, radio, televisión, páginas web... Y también ha vendimiado, ha recolectado melocotones, ha trabajado en una fábrica de alimentos congelados y en otros sitios con menos glamur pero mucha vida. Aparte de escribir sobre comida, que le encanta, también edita libros de no ficción.
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