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Teletransportación y ensueño

Sus dueños, decididos a no renunciar ni a la plusvalía del suelo ni a la bella morada, decidieron entonces el acto heroico de trasladar la casa

Fotografía de Noah Berger (AP) / EPS

Si no prestas mucha atención al interior de la foto, puede que no veas lo que ocurre. Aun así, tal vez hayas sentido un poco de extrañeza. Sucede en las ocasiones en las que nuestro inconsciente capta alguna singularidad que no emerge al consciente: cuando un mueble se encuentra un poco desplazado de su lugar en el salón del piso de tus padres, por ejemplo.

Lo que pasa dentro de esta imagen es que hay una casa fuera de sus cimientos como una muela fuera de su encía. Aparece sobre un camión que la está cambiando de sitio. Y no se trata de una cabaña prefabricada de 20 metros cuadrados, sino de una mansión victoriana de 400. Ahí la tienen con todas sus molduras, sus hermosas ventanas, su azotea, su puerta de entrada con su ­marquesina. La han arrancado de una calle para llevarla a otra. Lo increíble es que se puede hacer. Ocurrió hace poco en San Francisco debido a que el solar sobre el que se hallaba había subido de precio, por la especu­lación (¿por qué, si no, suben de precio los solares?). Sus dueños, decididos a no renunciar ni a la plusvalía del suelo ni a la bella morada, decidieron entonces el acto heroico de trasladarla. A veces imagino que yo fuera capaz de eso, de mover mi casa de su sitio y llevarla a donde se me antojara, de modo que al salir de ella no me encontrara en la calle de siempre, sino en otra. Hay algo de ensueño y como de teletransportación en esta empresa que requiere, sin embargo, de la asistencia de una maquinaria pesada. Pero una vez llevada a cabo, te pones a ver la tele, como cualquier día, y aquí paz y después gloria.

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