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Cuando son ellas las que miran, o las nuevas artistas ‘millennials’ marroquíes

Las creadoras visuales Randa Maroufi, Imane Djamil y Yasmine Hatimi atesoran una hermosa obra que cuestiona el cuerpo, los cuerpos, el género y la posible nueva masculinidad en el espacio público

'Bab Sebta', de Randa Maroufi Production: Barney Production & Montfleuri Production, 2019.
'Bab Sebta', de Randa Maroufi Production: Barney Production & Montfleuri Production, 2019.

No se olvidan de donde vienen pero no son costumbristas. No quieren hacer folklore sino arte. Hoy hay, en Marruecos, un grupo de artistas millennials que están produciendo valioso arte visual, con un sello contemporáneo y rompedor, y a quienes suele costarles menos llegar a los espacios expositivos (y festivales) en el extranjero que a los de su propio país. Son mujeres nacidas en los años ochenta y noventa, en las grandes urbes magrebíes (especialmente, en la frenética Casablanca), autodidactas unas y otras formadas en el extranjero, o herederas de Faouzi Laatiris (el ‘Duchamp marroquí’).

No rehúsan hablar de la miseria social de la desigualdad, ni dejan de dar cuenta de los graves problemas de discriminación sexual dentro y fuera de su sociedad, pero prefieren reflexionar con lenguajes menos naturalistas que los que la herencia literaria, de cine social o de los cuentacuentos orales les impondrían.

“El arte mimético está sin duda lejos de la verdad”, dejó escrito Platón. Parece que el filósofo no se refería solo a la imitación que concierne a la vista, sino también a lo que se oye, en particular, a la poesía. Y es poesía la palabra que seguramente pronunciaríamos al dejarnos llevar por las obras visuales de estas tres artistas marroquíes que reflexionan sobre los vínculos humanos y los cuerpos en los espacios públicos de la no-ficción y también en los teatrales, donde evocan conflictos de género y de época, sin necesidad de un relato informativo.

Conviene anotar sus nombres y prestar especial atención a Randa Maroufi, Imane Djamil y Yasmine Hatimi, en este singular Ramadán (que hoy sábado 23 termina) en que sus modelos y actores habituales –la mayoría de ellos veinteañeros (y callejeros)– tendrán que estar guardando riguroso aislamiento sanitario en sus domicilios familiares, sitios a los que antes solo iban a comer y a dormir.

Las coreografías de frontera de Randa Maroufi

Cuando son ellas las que miran, o las nuevas artistas ‘millennials’ marroquíes

Randa Maroufi (@randamaroufi, en Instagram) nació en Casablanca y estudió en la Escuela de Bellas Artes de Tetuán. Nos explica que su padre trabajó siempre en Aduanas, y que de ahí viene su familiaridad con el tema de la antes porosa frontera terrestre de Marruecos con España (en los bordes de las ciudades de Ceuta y Melilla). Esos pasos, ahora cerrados a causa de la epidemia de covid-19, ya habían sido clausurados en diciembre de 2019 al contrabando-hormiga que sustentaba las economías familiares de miles de habitantes de la región. La última pieza audiovisual de Maroufi pinta un cuadro teatral de esas porteadoras sobrecargadas, obligadas a permanecer por horas, arqueadas, frente a las líneas de espera. Como en aquella Dogville, de Lars Von Trier, Bab Sebta (La puerta de Ceuta) traza las lindes geográficas en un plano cenital, y también opta por la mirada desde arriba de esa coreografía de la espera y el embudo humano. Se trata de una bellísima (muy bien iluminada) recreación en estudio, con planos fijos a los que luego se les ha agregado el movimiento de cámara; a pie de calle, se libra la coreografía de los empujones y el alivio del desenlace. La pieza ha sido seleccionada para el Kinodot Experimental Film Festival, que este año se celebra online hasta el 26.05.20, osea que se podrá ver en la web.

Trailer Kinodot Experimental Film Festival 2020 en Kinodot de Vimeo.

 

Randa cuenta con otros cortos experimentales que dan cuenta de las “representaciones arquetípicas de una cultura” desde una teatralidad en disidencia, pero siempre con anclajes en lo real. Así, en su anterior pieza, Le Park, donde pone a un grupo de adolescentes urbanos a reconstruir imágenes cinematográficas con las que probablemente ellos decorarían su identidad en las redes sociales, se oyen los testimonios de estos jóvenes (por ejemplo: “Todo lo que los chicos hacen es para que las chicas los miren”). Se trata de una pieza de videoarte que pinta notablemente el presente de este continente joven y que ya adquirió el Centre Nacional des Arts Plastiques de Francia, para su colección. También puede verse durante estos días, en abierto, en Vimeo.

Arquitectura y cuerpo femenino: Imane Djamil

'Les grandes vacances' (Las vacaciones de verano), de la artista marroquí Imane Djamil.
'Les grandes vacances' (Las vacaciones de verano), de la artista marroquí Imane Djamil.

¿Cómo hacer para que unos cuerpos se reconozcan en una identidad individual y dentro de una cultura dada? Esta es quizá la pregunta de la que partió Imane Djamil (@idjamil), artista casablanquesa autodidacta, para reparar en el vínculo entre las ruinas –como referentes históricos de unas relaciones humanas– y los seres que las observan. Inquieta, no para de viajar y de participar en experiencias de aprendizaje y de creación (también en el terreno poético), aunque siempre regresa. En su país concibió Copias dobles, autorretrato en espacios, un proyecto de fotografías, textos y performances que ambientó inicialmente en Tarfaya, en el Sahara –que es el sitio donde cuentan que nació El Principito, de Antoine de Saint Exupéry, y continuó en Sarajevo, en una indagación sobre el estrés postraumático.

En la serie Les Grandes Vacances (Vacaciones de verano), Imane se inspiró en el film emblemático de Robert Doisneau para mostrar cuál es la dinámica de género durante un verano cualquiera, en Marruecos, donde el placer de los hombres está garantizado, mientras el cuerpo de la mujer sigue escondido o juzgado. Esta obra se exhibió por primera vez en la selección oficial de PhotoEspaña 2018.

En este momento, Djamil trabaja en una ficción con personajes que van de lo naturalista a lo fantasmagórico, y cuya trama gira en torno a un lago artificial en plena Casablanca, el Lac Oulfa, nacido de la actividad extractiva de viejas canteras y, sin embargo, de una rara belleza, también velada a sus habitantes. “La ciudad quería vivir rápido y cuando surgió la oportunidad, sus costas y gargantas sufrieron pactos deshonestos. Surgió la protuberancia donde prevalecía el amor, según los predecesores (…) Vio en la superficie de su piel el impacto de su consentimiento: los gritos de sus hijos, una planta moribunda, un dique entre los bancos y el cielo, un hombre encolerizado (…) Poco a poco, su cuerpo se adaptó a su nueva arquitectura (…) Casablanca, ciertamente, no había heredado la gracia de las reliquias, ni el ilustre olor a madera, pero sus verdugos habían logrado convertirla en una célula mutante, de apariencia generosa y repulsiva”, escribe.

Otras masculinidades, según Yasmine Hatimi

Una de las piezas de la serie 'Les nouveaux romantiques 2017 (los nuevos románticos)', obra de Yasmine Hatimi. Debajo, otra de las piezas
Una de las piezas de la serie 'Les nouveaux romantiques 2017 (los nuevos románticos)', obra de Yasmine Hatimi. Debajo, otra de las piezas

Yasmine Hatimi (@yamsine9) también creció en Casablanca, ciudad en la que asistió al Colegio Español y, como paso natural, luego se formó en España. Vivió diez años en Madrid, estudió Fotografía en EFTI (Centro Internacional de Fotografía y Cine) y volvió a su país, donde desde hace un tiempo crea series imperdibles sobre la masculinidad en Marruecos. Así, en New Romantics (Los nuevos románticos), propone a cada modelo que elija flores con las que expresar sentimientos amorosos. En esta puesta en escena, Yasmine experimentó emociones encontradas frente a adolescentes que se sentían intimidados por la presencia femenina y la observación atenta, o gratamente complacidos, en poses en las que podían decir cosas diferentes a las viven cotidianamente.

Acerca de sus próximos pasos, ella misma los explica: “Sigo trabajando sobre la juventud masculina en Marruecos; estoy haciendo retratos en analógico, quizá la serie se llame La caza de las mariposas. ¿Te has dado cuenta de que los chicos jóvenes en Marruecos caminan siempre en grupo? Me gusta la propuesta de aislarlos, sacarles de contexto y traerlos hacia mi mundo. La idea es extraer otra faceta de ellos, para mirarlos y que se vean de una manera nueva”.

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