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El documental, un arma de educación masiva

La 10ª edición del Festival Internacional de Documental de Saint Louis acerca a los barrios de la ciudad más de 40 trabajos de autor sobre África

Público joven en el barrio de Pikine de Saint Louis, que fue uno de los escenarios para las proyecciones de la 10ª edición del Festival Internacional de Documental.
Público joven en el barrio de Pikine de Saint Louis, que fue uno de los escenarios para las proyecciones de la 10ª edición del Festival Internacional de Documental. Afrique en Docs
Saint Louis (Senegal)

Con imágenes de una manifestación de emigrantes africanos sin papeles en Lille y bajo la mirada de la estatua de Faidherbe, que también vigila el escenario de las principales proyecciones de la ciudad senegalesa de Saint Louis, da comienzo el Festival Internacional de Cine Documental. En el cortometraje de Mame Woury Thioubou, que se va a Francia a entender por qué sus hermanos senegaleses dejan su país buscando El Dorado en Europa, se lanza el desafío inicial: “Estamos ante un combate de imágenes entre Occidente y África: es hora de que demos nuestro punto de vista”.

Con esa misma filosofía nació hace diez años el festival: es una plataforma para compartir y descubrir obras que ofrecen otras representaciones de las realidades africanas “a las que no estamos acostumbrados a acceder por los medios convencionales y que dan pie a la reflexión sin ofrecer conclusiones preestablecidas”, dicen sus organizadores.

Así, durante una semana se han visionado más de 40 proyecciones de 31 películas (corto, medio y largo metraje) procedentes de 22 países, realizadas por cineastas africanos o del resto del mundo siempre y cuando ofrezcan una mirada distinta sobre el continente.

El equipo organizador es Afrique en Docs, compuesto por dos productoras cinematográficas: la senegalesa Suñuy Films y la francesa Krysalide Diffusion. Para ellas, el objetivo del evento es “llevar la cultura del documental a donde no existe”, según explica Sébastien Tendeng, uno de los miembros fundadores. “El festival quiere cubrir una de las grandes carencias del currículo escolar que es la educación a través de la imagen. Por eso es se hace un esfuerzo para programar en barrios, en plazas y para dar acceso a un cine de calidad a todo tipo de público, al aire libre y de manera gratuita”.

Los impactos que han visto a lo largo de esta década son “intangibles” por ahora, “pero el hecho de que haya gente que ya identifica el género documental y lo distingue de otros, o que semanas antes del evento, en los barrios estén preguntando ya por los folletos con la programación detallada”, cuenta Tendeng, es para ellos muestra de que están en la buena vía.

La multiplicidad de espacios de proyección —20 en diez barrios de Saint Louis y uno en la zona rural de Gandiol— responde a esa inquietud de llegar a todos los públicos, y que ha hecho que desde 2010 hayan contabilizado más de 50.000 espectadores que han visionado casi 400 películas documentales. “Programamos en función al tipo de público que tenemos en cada lugar; vamos metiendo el gusto por el documental y hemos visto que, con el paso de los años, la gente se va desplazando para ver las películas que le interesan aunque se proyecten en lugares más alejados”, explica Tendeng satisfecho.

Desde 2010 se han contabilizado más de 50.000 espectadores que han visionado casi 400 películas documentales

No duda Saliou Sarr, artista multidisciplinar y uno de los miembros del jurado del festival, al calificar que el documental es un “arma de educación masiva”. Y explica: “El género permite acercar realidades complejas y sensibilidades sobre temas que nos preocupan y, a través de la creación artística, el realizador se permite proponer puntos de vista diferentes y soluciones propias a través de narraciones atractivas para diferentes públicos”.

Para acentuar este enfoque pedagógico, y pese a las dificultades financieras que afrontan cada año para mantener la cita, los organizadores apuestan por trasladar a varios de los artistas creadores de las obras seleccionadas (directores, productores, compositores) hasta la ciudad con el fin de que puedan debatir con el público al final de las proyecciones de la tarde y por las mañanas en encuentros realizados en el Museo de la Fotografía, donde también se organizó una mesa redonda sobre cine y memoria. “Además de poder intercambiar con otros realizadores y gente del medio, el verdadero sentido de desplazarse hasta aquí es poder debatir sobre la comprensión de la película en un contexto diferente, ver las reacciones”, explica la realizadora franco-malgache Marie-Clémence Adriamonta Paes, que ha venido desde París para presentar Fahavalo.

Este año, además, se han programado dos clases maestras en la Universidad Gaston Berger de Saint Louis. Son sesiones abiertas, pero principalmente pensadas para el alumnado de la facultad de artes y culturas que estudian cine o quieren trabajar en el sector. Una es con el realizador y director de fotografía Gilles Porte y otra con el director italiano Stephano Savona, invitado especial del festival, que lo homenajea dedicándole una retrospectiva del conjunto de su obra.

Debido a manifestaciones estudiantiles en la Universidad, la ponencia de Savona es trasladada al Centro Cultural Le Château, pero eso no ha sido obstáculo para la treintena de estudiantes y otras personas interesadas en saber cómo trabaja el cineasta. “La pregunta es cómo no filmar el conflicto, cómo individualizar y humanizar la perspectiva de contar una zona de guerra”, matiza el realizador de Carnet de un combatiente kurdo, filmada en la frontera turca, o Soumani Road, en Gaza. Interrogado por una joven cineasta que se emociona con facilidad, Savona comparte su técnica: “Para ser un buen realizador hay que poner gran intensidad al grabar una escena nimia de la vida cotidiana, pero hay que guardar la frialdad cuando estás ante situaciones dramáticas. Hay que evitar el sentimentalismo porque el público no se merece que lo manipulen: grabar situaciones de vida o muerte implica una gran responsabilidad”.

El programa para el público joven es también un punto fuerte del programa. Diez centros escolares de Primaria y Secundaria acogieron una sesión de cine, que además de distraerles y acercarles a los secretos del séptimo arte, completan a su vez el programa pedagógico. Para el señor Ka, profesor de lengua francesa del Liceo de Tassinere, “la sesión es perfecta para complementar la clase sobre la estructura de una obra literaria: el documental tiene introducción, nudo y desenlace y los estudiantes pueden percibir diferentes lenguajes narrativos”. Para el alumnado del colegio de Mpal, la proyección de Ganda, el último griot sirve también para trabajar la cuestión de las tradiciones orales, presentes en su programa anual.

Miradas cruzadas, emigración y animismo

La programación de este año se ha dividido en tres grandes bloques: el homenaje a la filmografía de Savona, la selección oficial a concurso y una llamada Panorama Senegal que muestra, entre otras, las películas de jóvenes cineastas del país.

Miradas cruzadas con los países europeos como en Jaar Jaar o La calle de las hermanas negras; el complejo fenómeno de la juventud emigrante, como en Famarao y Cinco estrellas; o los rituales animistas y místicos en diferentes zonas del continente como en Firiire o Ganda, son los temas en los que las nuevas generaciones de cineastas desean poner el foco.

Entre los participantes hay un lugar especial para los exalumnos del Máster de Realización de Documental de Creación, un posgrado ofrecido por la Universidad Gaston Berger durante una década y que, falto de financiación, lleva dos años en pausa. Por ella han pasado 75 jóvenes aprendices de 15 países del continente (17 de Senegal), becados muchos de ellos por la red AfricaDoc, coorganizadora de la formación, y que han salido del proceso formativo con un trabajo debajo del brazo. Según las informaciones de la antigua coordinadora del programa, la también cineasta Marie Louise Sarr, se han rodado 72 películas documentales, de las cuales muchas tuvieron a la ciudad de Saint Louis de fondo.

Oumar Ba es uno de ellos. Salido de la tercera hornada de esta formación (2010) hoy sigue dedicándose al mundo del cine. Lo cuenta en una escuela de Gandiol, ante medio centenar de alumnos que lo miran atónito. Les habla de cine y de la “existencia de más de una verdad” y de que el documentalista, basándose en hechos reales, ofrece, subjetiva, la suya. Además de animar los debates escolares, en esta edición Ba presenta un cortometraje inédito realizado en Francia, Jésus de Wazemmes, su último trabajo.

Difícil concurso

El documental, un arma de educación masiva

L. F.

La selección competitiva de esta edición ha estado compuesta de siete medios y largo metrajes y siete cortos, que según el director del jurado el director Ousmane William Mbaye, “les han puesto en una difícil situación para elegir por la calidad de las obras presentadas, sobre todo los largometrajes”.

El palmarés, revelado en un evento de clausura la noche del sábado, premió el corto E’ville, del congolés Nelson Makengo, “por la estética del vacío habitado y de la técnica utilizada” para ilustrar el escrito íntimo que Patrice Lumumba dedica a su mujer, una carta abierta que transciende lo personal y alcanza lo colectivo. La mención especial de esta categoría se otorgó a Demal de Loïc Hoquet (Francia) sobre un boxeador en Senegal que se debate sobre la tentación de lanzarse a la aventura de la emigración clandestina.

La valentía de un artista árabe ante el fascismo islamista, los rebeldes insurgentes contra la colonia francesa en Madagascar, las duras condiciones de la pesca en la costa oeste africana y un combate por las elecciones presidenciales en Gabón fueron los temas tratados por los largometrajes en liza y que, pese al reconocimiento del público saintlouisien, no obtuvieron la principal recompensa del concurso.

Esta se fue hasta la Sudáfrica de mediados de los años sesenta con el magnífico trabajo de Nicolas Champeaux y Gilles Porte en El Estado contra Mandela y los otros, que reconstruye este episodio histórico a partir de archivos audio inéditos y resuelve con gran creatividad y emoción su puesta en valor.

En esta categoría el jurado también quiso hacer una mención especial tanto a un film como al carisma del personaje principal, el activista medioambiental de Liberia Silas Siakor en el documental homónimo realizado por Hawa Essuman y Anjali Najar (Canada, Kenia, Liberia) y que eleva al protagonista como “referente para la juventud del continente”. La misma que hace del cine hoy su herramienta de expresión.

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