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Kigali y Barcelona, unidas tras la ciudad inteligente

Un acuerdo entre ambos municipios intenta generar un espacio de intercambio en creación de empresas innovadoras y con impacto social

Kigali y Barcelona, unidas tras la ciudad inteligente

Hace años que el gobierno de Paul Kagame se ha empeñado en situar a Ruanda como el ejemplo de éxito africano y en esa estrategia Kigali, la capital, es su escaparate. La ciudad se presenta como el modelo de urbe amable y vivible, el mecanismo que funciona como un reloj. Las calles limpias, las aceras anchas, los espacios verdes, el tráfico ordenado, el aire limpio y la serenidad de una vida urbana tranquila. De la misma manera, Barcelona lleva también años construyendo su propia marca, intentando exportar la imagen de una ciudad fundamentalmente innovadora y cosmopolita. En estas dos voluntades de proyección exterior Kigali y Barcelona se han encontrado.

Este cruce de caminos se materializó en el mes de marzo en un protocolo de colaboración entre las dos ciudades que pretendía ser el punto de partida a una serie de acciones concretas entre las que destacan el intercambio de conocimientos y experiencias para la construcción de un modelo de ciudad inteligente. Sara Berbel es la directora general de Barcelona Activa, la oficina municipal de promoción económica y desarrollo local, que lidera esta colaboración. Berbel destaca de Kigali el empuje de la “economía verde” y las experiencias de promoción económica a través de startups.

“Nos interesan mucho sus experiencias de desarrollo económico basadas en nuevas energías, todo lo que tiene que ver con la economía verde, que está dentro de nuestros planes en Barcelona pero que todavía no hemos podido desarrollar. Nosotros estamos aún en fase de diagnosis y en Kigali han avanzado muchísimo”, comenta Sara Berbel. “Por otro lado”, continúa, “nos interesa también todo lo que tiene que ver con startups e innovación emprendedora. Aquí tenemos toda la experiencia europea, pero los proyectos que se están desarrollando en Kigali tienen mucho que aportar a nuestra experiencia, entre otras cosas, porque esos proyectos tienen muy presente el impacto social”.

Pero el contacto entre las ciudades se plantea como un intercambio en el que todos ganan. Por eso, Didier Nkurikiyimfura, reconoce que “Barcelona es una elección estratégica porque es una referencia en el desarrollo de la ciudad inteligente y porque en los últimos años ha puesto en marcha proyectos de éxito que han sido reconocidos como buenas prácticas”. Nkurikiyimfura es el responsable de la división de Innovación y Tecnología de Smart Africa, la empresa pública sobre la que recae la estrategia de ciudad inteligente de Kigali y que tienen el mandato de proyectar esas experiencias a otras ciudades ruandesas y africanas.

Pieza clave

Nkurikiyimfura es una pieza clave en esta dinámica de colaboración con Barcelona y no es casualidad que al explicar los objetivos de este intercambio ponga el acento en los jóvenes. “Tenemos la sensación de que la relación puede ser muy fructuosa, que todos saldremos ganando con la colaboración tanto en políticas, como en estrategias, como en proyectos concretos. Nuestros jóvenes, los de las dos ciudades podrán beneficiarse de los programas que se lancen en común”, insiste el experto ruandés.

Los técnicos de ambas ciudades están definiendo el plan de acción, por eso, hasta el momento, los ideologos de esta colaboración solo pueden hablar de sensación, de propuestas y de ideas. Pero, por ejemplo, Berbel tiene claro que Barcelona puede ser un espacio de desarrollo para emprendedores de Kigali, de la misma manera que Kigali puede convertirse en un mercado para algunas iniciativas barcelonesas.

Si solo pensamos en un tipo de startup occidental nos estamos equivocando, porque el mundo es global y necesitamos tener influencia

Los equipos de trabajo han encontrado cinco ámbitos en los que se puede intensificar esa colaboración: la búsqueda de un modelo de ciudad inteligente, las experiencias en innovación social y económica, las estrategias de inclusión y de capacitación digital de la ciudadanía, la emprendeduría y la igualdad de género. Además, los dos equipos que han diseñado el acuerdo han reclamado que los avances de la colaboración se puedan cuantificar y medir claramente, de manera que cada año se pueda hacer una valoración y decidir si se renueva la cooperación.

La propia responsable por parte de Barcelona de esta estrategia conjunta destaca la creatividad que se ha encontrado en sus visitas a Kigali. “Las autoridades de la ciudad se han dado cuenta de que la mayor parte de las iniciativas que surgen allí son de impacto social, por ejemplo sobre la salud, es decir, proyectos que aunque tengan una forma empresarial mejoren la salud de la ciudadanía o, más concretamente, la salud de la infancia; o sobre educación”, comenta Berbel.

La responsable de la oficina municipal barcelonesa señala que esa es la línea de trabajo de algunos de los programas de Barcelona Activa de manera que “podríamos hacer que algunas iniciativas ruandesas viniesen aquí y algunas barcelonesas fuesen allí, para explorar las opciones de cada uno”. “En Kigali, por ejemplo, hay una incubadora de empresas, con menos recursos que las nuestras, pero nos encontramos un habitación llena de jóvenes con muchísimas ideas, con muchísima motivación y con mucha creatividad, la única diferencia es que no tenían tantos medios”, comenta la directora de Barcelona Activa para reforzar la idea de una relación igualitaria entre las iniciativas, con las que asegura que se podrían hacer intercambios. “Podemos establecer una enorme transferencia de conocimientos”, sentencia.

“La diversidad es un valor para nosotros”, explica convencida Berbel, “si solo pensamos en un tipo de startup occidental nos estamos equivocando, porque el mundo es global y necesitamos tener influencia y conocimiento de lo que hacen en otros lugares, en los que hay tanta inteligencia y tanta creatividad como aquí”. Esa es una de las convicciones que lleva a la oficina de promoción económica y desarrollo local de Barcelona a buscar alianzas con la ciudad de Kigali. Además, según la responsable del organismo municipal, es un camino que se inicia pero que está llamado a tener un largo recorrido: “Necesitamos establecer relaciones de igualdad con los países africanos y no solo de cooperación. Quiero que aquellos jóvenes cuando vienen a Europa, vengan a desarrollar sus negocios y no vengan en precario”.

Los primeros pasos de la colaboración han reforzado las convicciones de Berbel que afirma categórica: “Hay empresas en Kigali muy potentes y otras muy interesantes; podrían desarrollar sus negocios en Barcelona, pueden aportar conocimiento, productos y servicios que aquí, todavía, son desconocidos. Y también creo que las empresas de Barcelona, tiene un amplio mercado para explorar en Kigali y en Ruanda, quizá no a corto, pero si a medio plazo. Las empresas más inteligentes, ya están yendo”.

Desde el equipo de Kigali, Didier Nkurikiyimfura, coincide con el enfoque de Barcelona Activa y refuerza la vocación de este acuerdo de convertirse en primera experiencia de una relación más amplia. “Hay voluntad de trabajar juntos y eso no solo significa una colaboración entre Kigali y Barcelona, sino entre África y Cataluña”, asegura. Smart Africa la empresa pública ruandesa que lidera esta iniciativa, pretende proyectar sus experiencias a todo el continente y además del apoyo de la Unión Africana, cuenta con la adhesión explícita de 28 países.

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