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Rodrigo Sorogoyen e Isabel peña, una amistad a prueba de guiones

Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, amigos y pareja de guionistas.
Isabel Peña y Rodrigo Sorogoyen, amigos y pareja de guionistas.

PODRÍAN HABERSE enfrascado en una lucha de egos —premios para alimentarlos no les faltan—, pero Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981) e Isabel Peña (Zaragoza, 1983) no solo no han salido mal parados después de cuatro largometrajes rodados (Stockholm, Que Dios nos perdone, El Reino y Madre), dos escritos y una serie de televisión (Impares), sino que forman uno de los tándems indisolubles e infalibles del guion. “Si uno se come al otro todo el rato, se acaba”, apunta el también director. No es su caso. Ni después de una larga jornada de trabajo pierden un ápice de la compenetración que destilan. A sus espaldas cargan con más de una década de amistad, de textos hilvanados a medias y miles de horas imaginando historias. “Está en mi top cinco de personas y tengo la suerte de trabajar con ella”, apunta Sorogoyen. Una declaración que rápido le viene de vuelta. “Le quiero, le necesito, le admiro y me divierto muchísimo, tanto trabajando como sin trabajar”, replica Peña, que compara el juego de equilibrios que existe entre ellos con el de una pareja.

Sus caminos se cruzaron por primera vez en la Escuela de Cinematografía y del Audiovisual de la Comunidad de Madrid, pero no fue hasta la serie Impares —un “curro de pasárselo muy bien”, según Sorogoyen— cuando comenzaron a trabajar juntos, que no en pareja. Por aquel entonces, él la veía como la “típica chica muy nerviosa”, pero que seguramente “es la mejor de todos”. “¿Eso pensabais?”, interpela con aire de sorpresa ella. “Yo por lo menos lo tenía clarísimo. A los hechos me remito”. Lo dice porque fue estrenarse en la gran pantalla como guionista con Stockholm en 2013 y Peña se hizo con el premio al mejor guion novel en el Festival de Málaga.

Rodrigo Sorogoyen e Isabel peña, una amistad a prueba de guiones

La última de sus historias conjuntas, recién estrenada en cines, parte de otra que inició Sorogoyen en solitario. Madre, la película, continúa el cortometraje homónimo ganador de un Goya en 2017, pero su desarrollo, advierten los guionistas, no es el que a priori se puede esperar. “Queríamos emocionarnos en el proceso de escritura y sabíamos que si hacíamos un thriller de una mujer buscando a su hijo en la playa, estaríamos aburridos desde el minuto cero”, argumenta Peña. En opinión de la guionista, este último largometraje está más cerca de otros como Stockholm que de Que Dios nos perdone (2016) o El Reino (2018), que obtuvo siete Premios Goya, entre ellos mejor dirección y mejor guion. “La peli es distinta, no está construida para que todos opinen lo mismo. En Madre todo es ambiguo. Hemos tomado esta decisión y sabemos que tiene sus consecuencias”, añade Sorogoyen.

La mecánica de trabajo es siempre parecida: lo dividen a la mitad, leen, releen, corrigen y discuten, pero antes de eso, durante meses, sus jornadas laborales consisten en algo tan simple —y a la vez, a veces, tan complicado— como hablar. “En la parte previa yo siempre digo que tengo más visión general y ella cuida más el detalle”, apunta Sorogoyen, inmerso ahora en el rodaje de una serie de televisión sobre antidisturbios, cuyo guion también firma con Peña. Ambos confiesan tener una “nevera de ojalases”, aunque no desvelan cuáles. “A mí ahora mismo se me ocurren dos proyectos”, dice Peña. “A mí también. ¿Serán los mismos?”, añade él.