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LA IMAGEN COLUMNA i

No se meten con nadie

No se meten con nadie

PARECE DE FELPA, pero es de carne y hueso. Lo de carne y hueso es un decir, pues se trata de un invertebrado, aunque posee una especie de cáscara que quizá haga las veces de esqueleto externo. Si fuera de trapo, daría gusto abrazarse a él, hay peluches más desagradables. Hablamos, en fin, de un tardígrado, lo que significa que, donde quiera que vaya, va despacio, pese a esa cantidad de patas dorsoventrales dispuestas de forma simétrica a lo largo del cuerpo. Se encuentra en todas partes, por lo que en realidad no necesitaría ir a ninguna. En esa omnipresencia se parece a nosotros, los humanos, que sin embargo no paramos de correr de un sitio a otro, porque somos extremófilos en lo que se refiere a viajar. El bicho de la foto lo es, en cambio, en el sentido de que soporta temperaturas asombrosas tanto por encima como por debajo de cero. En condiciones adversas, se deshidrata y permanece muerto o en coma durante años, hasta que se dan las condiciones exteriores para regresar de donde quiera que haya permanecido. Criptobiosis, tal es el nombre que recibe ese estado de latencia. Hay días en los que vale la pena leerse el periódico de arriba abajo solo por tropezar con una palabra como esta.

Criptobiosis, pues, metabolismo imperceptible.

Conocido por su aspecto como “oso de agua”, se reproduce por huevos, no se mete con nadie y parece que es muy manejable. De ahí que un millonario excéntrico estadounidense, Nova Spivack, los mandara hace poco a la Luna, que es como mandarlos a freír espárragos. Se ignora si sobrevivieron porque la sonda se estrelló.