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Sin pan para hoy, y con hambre para mañana

La ONU reconoce que el mundo se aleja de conseguir avances en seguridad alimentaria para 2030. Las tierras no restauradas, las pérdidas de recursos genéticos, la sobrepesca, la volatilidad de los precios o la vulnerabilidad de los pequeños agricultores lastran los ODS

hambre en el mundo
Una persona elabora pan en la ciudad de Kuwait. AFP

Cuando las cosas van bien, un bebé llega al mundo con un pan debajo del brazo; cuando algo se eterniza, se dice que se hace más largo que un día sin pan; en cuanto falta el dinero, no hay ni para un pedazo de pan que llevarse a la boca; y cuando un problema no termina de resolverse, el refranero popular responderá con pan para hoy y hambre para mañana. Pero la realidad trasciende al imaginario colectivo. No hay pan hoy para 821 millones de personas, y habrá hambre para mañana si las dinámicas mundiales no giran en otra dirección. El panorama para erradicar la inseguridad alimentaria se perfila desolador; la subalimentación aumenta por tercer año consecutivo, cerca de 2.000 millones de personas no tienen acceso regular a alimentos nutritivos y suficientes, y el cambio climático, la violencia y la inestabilidad económica generan una desigualdad que lastra alcanzar que en 2030 ninguna persona pase hambre, como dicta el segundo de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, que reconoce que "el mundo está lejos de alcanzar estos ODS relacionados con la alimentación y la agricultura".

Datos obtenidos de los indicadores:

  • A finales de 2018, las existencias mundiales de materiales fitogenéticos conservados en bancos de genes en 99 países y 17 centros regionales e internacionales sumaban 5,3 millones de muestras; un aumento del 1,8% respecto al año anterior.
  • De un total de 7.760 razas locales (incluidas las extintas), solo 258 tienen material genético almacenado. De estas, solo 79 tienen suficiente material almacenado para permitir su reconstitución en caso de extinción.
  • Entre 2000 y 2015, el mundo perdió un área de bosque del tamaño de Madagascar, aunque la tasa de deforestación parece estar disminuyendo.
  • A partir de 2001, los gobiernos asignaron menos del 2% de los presupuestos a la agricultura. La participación de la agricultura en el gasto total fluctuó alrededor del 1,6%. En contraste, la contribución del sector agrícola al PIB mundial en realidad aumentó en el mismo período del 4,13% al 6,15%.

Pero los desafíos van más allá. La cuestión avanzaría si, por ejemplo, se eliminaran de forma urgente las emisiones de gases de efecto invernadero que calientan la tierra y condenan las cosechas y las aguas; también si los hombres dejaran de matarse entre ellos y de cortar las carreteras y los puertos para que accedan los suministros a la población, y si la distribución de las riquezas fuese más equitativa y todos pudieran adquirir pan y mucho más. Pero el informe Seguimiento del progreso en los indicadores de los ODS relacionados con la alimentación y la agricultura, lanzado este jueves por la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), revela más urgencias pendientes. "Puede haber países o incluso regiones que registran avances, sin embargo, el panorama mundial aún está en declive. Hay casos en los que los datos globales pueden moverse en la dirección correcta, pero a una velocidad manifiestamente insuficiente como para alcanzar el objetivo en 2030", declara Pietro Gennari, jefe de Estadística de la FAO, una organización que lleva por lema fiat panis (hágase el pan).

Este informe analiza cuatro de los ODS vinculados con la alimentación y la agricultura, que son: Conseguir el hambre cero; disponer de agua y saneamiento; utilizar de forma sostenible los océanos y mares; y proteger los bosques y luchar contra la desertificación. Estos cuatro objetivos se subdividen a su vez en indicadores específicos para evaluarlos de forma más precisa, y entre los que no se consiguen aparecen coloreados en rojo los siguientes: registrar y conservar la diversidad genética de semillas, plantas y animales —beneficioso para evitar su extinción—; restaurar las poblaciones de peces en el menor tiempo posible y promover su sostenibilidad; garantizar la conservación, restauración y uso sostenible de los ecosistemas terrestres y de aguas dulces, en particular bosques, humedales, montañas y tierras secas; o revisar el correcto funcionamiento de los mercados de productos alimenticios y ayudar a limitar la extrema volatilidad de los precios de los alimentos, decididos en rascacielos estadounidenses. "Durante el período 2016-2017, la alta volatilidad afectó a una cuarta parte de los países de África y Asia occidental, y a una quinta parte de ellos en Asia central y meridional. Los países en desarrollo sin litoral son particularmente propensos a esa variabilidad con un 37% de los países afectados durante el período", se lee en el informe.

Una mayor inversión en el sector agrícola probablemente ayudaría a mejorar muchos de los indicadores

Pietro Gennari, jefe de Estadística de la FAO

Para Gennari, una de las cuestiones más relevantes que refleja el informe es que no se aumenta la inversión en infraestructura rural, investigación agrícola y servicios de extensión, incluso con más cooperación internacional. "Una mayor inversión en el sector agrícola (que incluye la pesca y la silvicultura) probablemente ayudaría a mejorar muchos de los indicadores. No obstante, el gasto público en agricultura ha disminuido con respecto a su contribución al Producto Interno Bruto (PIB) en la mayoría de los países", destaca el experto, que indica que los ingresos y la productividad de los pequeños agricultores son más bajas, aproximadamente la mitad que las de los grandes productores. "Estos datos, que están disponibles por primera vez este año, corroboran que se exija específicamente duplicar los ingresos y la productividad de los agricultores a pequeña escala, conscientes de que enfrentan mayores limitaciones para acceder a mercados, crédito, recursos productivos y otros servicios", reflexiona Gennari. La FAO estima que hay unas 570 millones de granjas en el mundo, de las cuales la mayoría son pequeñas, y son sus que producen hasta el 80% de los alimentos del mundo y "paradójicamente" una gran parte de la población es "vulnerable".

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