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La extraodinaria vida de John DeLorean: el creador de uno de los coches más famosos del cine denostado por estafador

Fraudes, drogas, terrorismo y rock and roll: el auge y caída del creador del vehículo de ‘Regreso al futuro’. En Estados Unidos se ha estrenado una película sobre el magnate

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John DeLorean y su mujer, la modelo Cristina Ferrare, posan delante del mítico DeLorean DMC-12 en 1979. |

En 1981, John Z. DeLorean reventó la inveterada industria automovilística estadounidense fabricando uno de los coches más extravagantes jamás inventados. Lo bautizó con su apellido, que era también el nombre de su empresa. El DeLorean DMC-12, un hito tanto por lo vanguardista de su diseño como por lo desorbitado de su precio, es recordado por su aparición estelar en Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985).

Pero en 1982, apenas unos meses después de que aquella bomba con ruedas pisara el asfalto, su impulsor y su pequeño imperio se habían desmoronado en una grotesca historia en la que se entremezclan cocaína, el IRA, Margaret Thatcher y Sammy Davis Jr. Tan de película es que este junio ha llegado a los cines de Estados Unidos con el título de Framing John DeLorean, dirigida por Don Argott y Sheena M. Joyce y protagonizada por Alec Baldwin.

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Imagen comercial del Pontiac GTO de John DeLorean. |

John DeLorean irrumpió en los años cincuenta en el grasiento negocio de los coches con la misma desfachatez con que Elvis Presley le robó los focos a Frank Sinatra en las mismas fechas. Nacido en Detroit (la Ciudad del Motor) en 1925 en una familia de origen rumano, DeLorean fue una estrella del rock que hacía coches en vez de canciones. Como glosaba el obituario que le dedicó The New York Times, "era un personaje anómalo en una industria dominada por ejecutivos encorbatados. Se tiñó el pelo de negro, llevaba camisas desabrochadas, se casó con una starlet adolescente y más tarde modelo [Cristina Ferrare] y se convirtió en un prodigio del autobombo". Trabajó como dibujante y tocaba el saxofón.

Su ascensión fue meteórica: tras licenciarse en Ingeniería Industrial, pasó por Chrysler, Packard y General Motors, ocupando cada vez despachos más grandes. Como director general de Pontiac, división de GM, alumbró el legendario Pontiac GTO, la respuesta de Detroit a Ferrari.

Uno de los mejores ejemplos que describen la capacidad de vendedor de John DeLorean es la canción que hizo componer para dar a conocer el Pontiac GTO. Como relata Hillel Levin en Grand delusions, un grupo de rock llamado Ronny & The Daytonas se puso en contacto con la compañía para pedir permiso para grabar una canción en homenaje al coche. A DeLorean le encantó la idea, y puso a su hombre de publicidad, Jim Wangers, a escribir la letra. El resultado, titulado G.T.O. —con un sonido parecido al de los Beach Boys—, "vendió un millón de discos y ayudó a incrementar las ventas del coche por encima de las 100.000 unidades", afirma Levin. El single llegó al número cuatro en la lista de Billboard en 1964.

En 1973 su imparable ambición le llevó a fundar su propia empresa, DeLorean Motor Company (DMC); había que estar muy loco para tratar de competir con los venerables titanes que controlaban el mercado en Estados Unidos, aunque su decisión quizá no se debió tanto a una voracidad desmesurada como a su vocación de bon vivant: "Disfrutar de la vida ocupaba una posición muy alta en mi lista de prioridades", le dijo a su colaborador J. Patrick Wright, tal como este evoca en el libro On a clear day you can see General Motors (1979) [en un día despejado se puede ver General Motors].

Del coche del futuro al "dónde está mi dinero"

En DMC se dispuso a llevar a cabo su gran proyecto personal: el lanzamiento del coche del futuro. La idea era que el DeLorean DMC-12 condensara la esencia de su creador: un vehículo con glamur, pero mundano y por tanto asequible. No resultó así.

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John Delorean en la presentación a medios de comunicación del mítico DeLorean DMC-12, en la Earl's Court Motor Fair de Londres. |

Amigos del mundo del espectáculo, como el presentador Johnny Carson y el actor y cantante Sammy Davis Jr., contribuyeron a financiar la nueva compañía, cuya fábrica se erigió a principios de 1981 en el improbable municipio de Dunmurry, a las afueras de Belfast, en Irlanda del Norte. Sobrado de labia, se las arregló para que el Gobierno británico liderado por Margaret Thatcher invirtiera en la factoría 120 millones de dólares (de los 200 necesarios para arrancar) bajo la premisa de que DMC generaría miles de puestos de trabajo en una zona deprimida bajo el influjo del IRA, lo cual, presumiblemente, rebajaría el clima de violencia.

Preocupado por su seguridad —los secuestros estaban a la orden del día en aquella región—, John DeLorean se cuidaba mucho de pisar su planta. "Hizo muy pocas visitas a Belfast y solo en los primeros días. Al término de la jornada regresaba a Londres cada tarde", escribe Nick Sutton, quien fuera director y responsable de inventario de DMC, en The DeLorean story.

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Foto de familia de los DeLorean. Abajo su hijo varón, con cara de haber visitado el futuro (con el ínclito coche cuántico) |

Pronto empezaron los contratiempos. La patente que había comprado DeLorean para conseguir un modelo muy ligero y por tanto de menor consumo no funcionó. Se sucedieron problemas de ingeniería, que elevaron el precio estimado de venta hasta unos 25.000 dólares, inconcebibles a comienzos de los ochenta. Pese a ello, desde un comienzo hubo una lista de clientes en espera dispuestos a pagar hasta 10.000 dólares sobre el precio de salida. Pero lo peor estaba por llegar: el Gobierno británico empezó a sospechar que el dinero que insuflaba a la compañía se desviaba al bolsillo de DeLorean. Se abrió una investigación, que no halló pruebas que lo confirmaran, pero con la mosca tras la oreja los políticos decidieron cerrar el grifo. En 1982 DeLorean Motor Company se declaró en quiebra.

¿Qué es "mejor que el oro"?

Pese a todo, se llegaron a fabricar unas 9.000 unidades de este portento del diseño, que después de la quiebra se vendían por debajo del precio de coste. Sus líneas afiladas —diseño del italiano Giorgetto Giugiaro—, sus puertas de alas de gaviota —desarrolladas por Grumman Aerospace— y su carrocería de acero inoxidable pulido, sin pintura, lo hicieron pasar a la posteridad. Y también, claro, su papel protagonista en la producción cinematográfica de Regreso al futuro, cuyo estreno en Londres fue un desfile de personalidades del más alto nivel, Lady Di incluida.

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DeLorean atiende a la prensa a las puertas del juzgado en Los Ángeles, donde se celebraba el juicio contra él por tráfico de drogas. |

El mismo día en que el Ejecutivo británico anunció el cierre de la fábrica de Dunmurry, John DeLorean fue pillado in fraganti en Los Ángeles mientras aparentemente intentaba vender 25 kilos de cocaína (por valor de 16 millones de dólares), escondidos en una maleta. En una grabación se le oía decir: "Es mejor que el oro". ¿Era así como el empresario sustentaba sus negocios y su frenético tren de vida? Sus abogados argumentaron que había sido víctima de un montaje de la policía. Y un juez de Los Ángeles los creyó. DeLorean fue absuelto, aunque al poco tiempo, en Detroit, se enfrentó a otra acusación, el desvío de 9 millones de dólares de los inversores. También se libró de una pena.

Pero ya el destino de DeLorean se había torcido irremisiblemente. El fiasco comercial del DMC-12 y su pésima reputación tumbaron su carrera. John DeLorean murió a los 80 años a causa de las complicaciones de un ictus. DeLorean Motor Company sigue existiendo con sede en Humble (Texas) —irónicamente, humble significa "humilde"—, aunque solo como empresa que se dedica a la reparación y venta de piezas de este magnífico coche que incluso hoy sigue pareciendo de ciencia ficción.

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