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OPINIÓN i

Los ingresos altos no bastan. Hace falta inclusión

La autora defiende que Panamá precisa aumentar la competitividad y lograr una transformación productiva que aumente el protagonismo de sectores distintos a los que hasta ahora han liderado la expansión económica

Distrito financiero de Ciudad de Panamá.
Distrito financiero de Ciudad de Panamá.

Durante los últimos 15 años, la economía de Panamá ha registrado una de las tasas de crecimiento más altas del mundo, lo que ha hecho posible lograr dos hitos importantes: convertirse, junto con Chile, en el país de mayor ingreso per cápita de América Latina y alcanzar la categoría de país de altos ingresos. Todo ello, además, en un marco de estabilidad macroeconómica y con una expansión significativa del ahorro y la inversión.

Panamá debe felicitarse por estos logros extraordinarios. Es importante, sin embargo, perseverar en el esfuerzo, pues en los próximos años el país enfrenta un gran reto: mantenerse como país de ingreso alto y hacerlo de un modo más inclusivo. Pocos países en el mundo han logrado pasar de la condición de ingreso medio a la de ingreso alto y consolidarse en esta categoría. Desde mediados de los años ochenta, han sido únicamente 12 y solo tres de ellos están fuera de la Unión Europea: Chile, Corea del Sur y Uruguay.

Ello da muestra de la dificultad del reto al que se enfrenta Panamá. Para superarlo, en el BID creemos que el país debe abordar cuatro desafíos fundamentales. El primero, aumentar la competitividad y lograr una transformación productiva que aumente el protagonismo de sectores distintos a los que hasta ahora han liderado la expansión económica, principalmente la construcción y la logística, consiguiendo además una mayor presencia en los mercados internacionales. El segundo, mejorar la calidad del sistema educativo —con resultados por debajo del promedio de la región— y cerrar la brecha de habilidades, que dificulta el acceso de los trabajadores a empleos de calidad y a las empresas el encontrar personal con las habilidades que necesitan. El tercer desafío es mejorar la calidad de las instituciones, más baja de lo que corresponde a un país con el nivel de ingresos de Panamá.

Por último, y de gran importancia, es necesario lograr una mayor cohesión social y territorial, un ámbito donde se han registrado avances pero menores de lo que cabría esperar ante los logros económicos alcanzados. Panamá sigue siendo uno de los países más desiguales de América Latina, en parte debido a las grandes diferencias que existen entre sus territorios: en las comarcas indígenas con respecto a las provincias y, a su vez, entre estas y el eje canalero. Finalmente, y de forma transversal a estos cuatro desafíos, es crucial para el país la buena gestión de sus recursos hídricos, clave para la atención de la población urbana, el campo y el funcionamiento del Canal y, en consecuencia, para el conjunto de la economía.

Es difícil lograr avances en competitividad sin una mejora paralela de la calidad educativa, que, a su vez, también condiciona la movilidad social

La importancia de enfrentar estos desafíos se ve, además, aumentada por la rapidez con la que Panamá ha logrado convertirse en un país de altos ingresos. El ritmo de crecimiento de los países que se consolidaron en esa categoría fue mucho más lento que el de Panamá: un 3,9% en los 15 años previos frente al 7% de Panamá. Lo lograron de un modo más suave y continuo, mientras que Panamá lo ha hecho de una forma más explosiva. Esta diferencia es importante porque condiciona el progreso en los factores mencionados anteriormente. Avanzar en áreas como educación, instituciones o en cohesión social toma tiempo, por lo que un crecimiento tan rápido difícilmente va a trasladarse de forma paralela en mejoras de este calado.

Todo esto implica que en los próximos años Panamá debe hacer un gran esfuerzo para progresar en las cuatro áreas mencionadas. Los países que hoy podemos considerar exitosos tuvieron más tiempo para prepararse y alcanzar la categoría de altos ingresos con unos pilares más sólidos. Panamá lo ha hecho a mayor velocidad y, por tanto, el esfuerzo ahora es mayor.

Estos desafíos deben enfrentarse de forma simultánea y equilibrada, pues todos ellos guardan una estrecha relación entre sí. Es difícil lograr avances en competitividad sin una mejora paralela de la calidad educativa, que, a su vez, también condiciona la movilidad social y, por tanto, la cohesión del país. Del mismo modo, no resultará sencillo mejorar ninguna de las otras tres áreas sin profundos avances institucionales, ni tampoco lograr estos sin una mayor cohesión social.

En suma, es mucho lo que ya ha logrado Panamá, pero también es grande el desafío que tiene por delante. La buena noticia es que el país cuenta con activos importantes para superarlo con éxito, como su conglomerado logístico, su estabilidad macroeconómica y capacidad financiera, el relativamente buen nivel de seguridad del país o su conectividad. La segunda buena noticia: Panamá tiene hoy claridad en este diagnóstico. En el BID creemos que lo que hay en juego es importante no solo para Panamá sino, de algún modo, para toda la región, pues sería la tercera nación latinoamericana consolidada como de altos ingresos y la primera fuera del Cono Sur.

Verónica Zavala es gerente del Departamento de Países de Centroamérica, Haití, México, Panamá y la República Dominicana del Banco Interamericano de Desarrollo.

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