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Por precaución o por miedo

Las dos palabras reflejan una actitud de prevención ante un peligro, pero no las percibimos igual

Un Boeing 737 MAX en el aeropuerto de LaGuardia (Nueva York).
Un Boeing 737 MAX en el aeropuerto de LaGuardia (Nueva York). AFP/ Getty Images

Los sustantivos también califican. Así, la valentía se puede llamar inconsciencia; y la generosidad, derroche. La austeridad rozará la tacañería, la discreción se criticará como timidez y la justicia se tomará alguna vez como venganza. Alguien que se define como sincero puede parecernos impertinente, la empleada atenta y minuciosa será calificada de trepa o servil, y un profesor de lecciones entretenidas será denunciado por frívolo.

El pasado 11 de marzo, un Boeing 737 MAX 8 de Ethiopian Airlines se estrelló cerca de Adis Abeba, en el segundo accidente de este modelo en cinco meses. Eso provocó que distintos países prohibieran volar a este aparato, por si sufriera defectos de fábrica. En unas informaciones se achacaba tal decisión al miedo; y en otras, a la precaución. (“El miedo a otro accidente ha paralizado”…, “Boeing recomienda suspender toda su flota MAX por precaución”…).

Las dos palabras —precaución y miedo— reflejan una actitud de prevención ante un peligro, pero no las percibimos de igual manera.

El término “miedo” (del latín metus) se define como “angustia por un riesgo o daño real o imaginario” y como “recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”.

Por su parte, “precaución” se forma con el prefijo pre- (anterioridad, prioridad) y la raíz cautus, participio del verbo cavere (guardarse, tener cuidado). En consecuencia, significa “cuidarse anticipadamente” (o precuidarse), y de esa base parten "cautela", “cauteloso”, “caución”, “cauto”, “incauto” o “precavido”. El Diccionario define “precaución” como “reserva, cautela para evitar o prevenir los inconvenientes, dificultades o daños que pueden temerse”.

El miedo puede paralizar, y hace sufrir. Pero también se puede vencer, sin que por ello deje de sentirse. Las precauciones, por el contrario, consisten en actuar, en planificar todo aquello que está en nuestra mano para reducir los peligros.

El miedo se basa en emociones y sensaciones (pues implica angustia, recelo, aprensión), mientras que la precaución prescinde de eso y consiste en adoptar unas medidas pertinentes para evitar unos daños previsibles. El miedo es un concepto cálido; la precaución, una idea fría. El miedo inquieta; la precaución tranquiliza.

Al decir que alguien ha adoptado precauciones, omitimos sus sensaciones temerosas, y simplemente indicamos que se ha puesto manos a la obra.

Entonces, ¿en realidad se han prohibido los vuelos de ese modelo por miedo o por precaución?

Llegados hasta aquí, podemos responder con una fórmula mixta: el miedo nos lleva a ser precavidos, a tomar decisiones para reducir los riesgos. El miedo está antes, y por lo general le siguen las precauciones. No hay precaución sin que hayamos sentido un temor previo.

Si mantenemos la metáfora de residenciar los sentimientos en el corazón y los razonamientos en el cerebro, el miedo anida en aquél, mientras que las precauciones se estructuran en la inteligencia.

El caso es que los aviones sospechosos se quedaron en tierra. Decimos que por miedo, decimos que por precaución. El “miedo” quizás estaba más en boca de los viajeros; la “precaución”, en boca de las autoridades. Cada una de esas palabras, de aparente equivalencia, nos hace observar una misma actitud desde una muy distinta perspectiva. Pero si sentimos temor, el poder conspirará para que pensemos en la precaución, de modo que el miedo se oculte.

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