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PSICOLOGÍA

Por qué hacemos lo que hacemos

La interpretación de las conductas de las personas ha alimentado un abanico de teorías. Solo si conocemos bien sus historias interactivas podremos saber por qué se comportan de cierta forma.

Muchas personas creen que ciertas conductas de los seres humanos tienen un significado oculto, ubicado en el inconsciente. Esta idea tiene que ver con la enorme influencia que ha tenido —y sigue teniendo en algunos países— el psicoanálisis, hasta el punto de que muchos de sus conceptos han pasado a formar parte de nuestro lenguaje cotidiano: trauma, libido, complejo de Edipo, pulsión… Desde esta perspectiva, si queremos comprender el significado de nuestras respuestas psicológicas, debemos acudir a un psicoanalista que establezca una relación con nosotros para que nos ayude a saber qué es lo que realmente llevamos dentro, eso que solo se manifiesta indirectamente a través de lo que hacemos, pensamos y sentimos.

Esa idea de que podemos encontrar significados ocultos en los gestos, reacciones, posturas y demás conductas humanas sigue presente en la psicología científica actual. El famoso psicólogo Paul Ekman ha dedicado buena parte de su vida a identificar las llamadas microexpresiones, pequeños movimientos faciales casi imperceptibles para los demás que son extremadamente difíciles de controlar. La teoría es que si uno aprende a identificar estos microgestos puede diferenciar a un mentiroso de alguien que dice la verdad.

A pesar de lo populares que se han hecho las tesis de Ekman, ningún sistema judicial del mundo acepta como prueba de mentira el informe de una persona o sistema artificial entrenado en la lectura de las microexpresiones. El propio autor ha sido más moderado que algunos de sus entusiastas divulgadores al referirse a este asunto. En varias ocasiones ha comentado que no existe un signo universal de la mentira y que, para saber si alguien miente, el mejor método es comparar su conducta actual con su conducta pasada. Aunque hay conjuntos de microexpresiones que encontramos habitualmente en las personas cuando mienten, no se puede decir que a través de ellas podamos acceder a algo que está en otro lugar más allá de nuestros ojos; en este caso, la intención de mentir. Las microexpresiones no tienen un significado oculto.

Ekman ha sido un autor favorable a la tesis de que la conducta tiene un significado en el interior de la persona. No en vano ha sido uno de los grandes defensores de que la expresión de las emociones es universal, compartida por todos los seres humanos y producto de la evolución de la especie. Según esta postura, todos los seres humanos expresamos las emociones de la misma manera, por lo que se puede saber lo que alguien siente observando su rostro. Esta ha sido una afirmación indiscutida hasta hace bien poco, pero hoy contamos con algunas pruebas que indican que quizá la expresión de las emociones no sea tan universal como se pensaba. Un estudio realizado por antropólogos españoles y publicado en 2016 encontraba que las expresiones emocionales son herramientas que utilizamos en la relación social, más que el signo de un estado emocional interno, y que no siempre una expresión significa lo mismo en dos culturas distintas. Parece probable que las expresiones emocionales vayan tomando forma en el seno de una comunidad en lugar de venir “de serie” en nuestra biología.

Existen pruebas de que la expresión de las emociones quizá no es tan universal como se pensaba

Frente a esta búsqueda del significado de la conducta en lugares misteriosos ubicados en el interior, podemos conocer el sentido de su comportamiento de una manera más natural y sencilla. Una cosa es que no podamos entender lo que una persona hace y otra muy distinta es asumir que resulte imposible saberlo porque se refiere a algo que está oculto. De hecho, todos comprendemos a diario el significado de las conductas de los demás sin necesidad de preguntarles por las razones e intenciones de lo que hacen. Es suficiente con conocer la historia de esa persona y la relación que ha tenido con esa misma situación. Incluso es suficiente con que nosotros mismos hayamos pasado por situaciones similares. Cuando conocemos a alguien muy bien porque hemos compartido mucho tiempo con él, somos capaces de anticipar sus reacciones con asombrosa facilidad, intuir si se encuentra bien o mal e incluso saber lo que está pensando. Para entender por qué y para qué se comporta como lo hace no hace falta adentrarnos en su mente, en su inconsciente ni tampoco en su cerebro. Si conocemos bien la historia interactiva de una persona, podemos llegar a entender perfectamente el significado de su conducta, y esto es posible porque no reaccionamos psicológicamente a los objetos y situaciones en sí mismas, sino en función de la historia que tenemos con ellos. Un perfume puede ser solamente un aroma agradable o evocar el recuerdo de un amor perdido. Bailar puede resultar divertido para alguien a quien han felicitado reiteradamente por su manera de moverse al son de la música o una experiencia tormentosa para quien ha sufrido burlas en esa misma situación. Somos una historia que se actualiza continuamente.

¿Qué hará la próxima vez que alguien haga algo que no comprenda? Puede optar por suponer que su conducta refleja un significado profundo y oculto para usted y posiblemente para la propia persona, dar por sentado que lo que hace no tiene sentido y que, por tanto, está “loco”, abrirle el cráneo para buscar el significado en su cerebro o asumir que quizá le falta información e indagar en su historia para comprender por qué y para qué hace lo que hace. ¿Qué le parece más útil?

Eparquio Delgado es psicólogo sanitario.