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IDEAS COLUMNA i

Les comparto el verbo compartir

En las redes no compartimos algo con un amigo, sino que a un amigo le compartimos algo

Gala de los Goya 2019, en Sevilla.
Gala de los Goya 2019, en Sevilla.

El uso del verbo “compartir” ha experimentado un crecimiento espectacular. Sin embargo, eso no significa que, conforme a su significado, ahora le haya dado a más gente por dividir sus bienes, distribuir mejor la riqueza o permitir a otros participar de rentas y propiedades. Usamos más “compartir”, sí, pero su gran difusión actual no denota una generosidad especial de nuestro siglo, sino que este verbo ha pasado a ocupar la función que antes desempeñaban otros más precisos.

La herramienta Enclave RAE permite apreciar cómo se ha disparado la presencia de “compartir” en el banco de datos de la Academia. Aparecía sólo 1,82 veces por millón de palabras en el siglo XVIII; 7 veces en el XIX; 52 en el XX... y asciende a ¡135! en el XXI.

En la gala de los Goya, por ejemplo, ya apenas se oía “dedico este premio a...” sino “quiero compartir este premio con...”. Y últimamente no se dice tanto “te envío una foto” como “te comparto una foto”; ni “te cuento mis penas” como “te comparto mis penas”; ni “estoy muy contento” como “déjame que te comparta que estoy muy contento”.

Pero si alguien escribe “te comparto mi casa”, eso no significa que nos invite a pasar unos días en ella, sino que como mucho nos enviará una foto del salón.

Este uso que empieza a parecer abusivo se enreda además en una alteración lingüística. Cuando “compartir” vincula colectiva y simétricamente a personas o cosas, necesita la preposición “con”, explícita o elidida. Así, yo comparto aficiones con mis primas, nosotros compartimos trabajo el uno con el otro y él comparte la vida con su pareja.

Pero en el lenguaje que abunda por las redes, no compartimos algo con un amigo, sino que a un amigo le compartimos algo.

No hay que descartar que un día, en vez de confluir con una idea, colaborar con otra persona o convivir con alguien en el apartamento, digamos “te confluyo en esa idea”, “te colaboro en ese proyecto” o “te convivo en el apartamento". Así, “compartir” ocupa ahora no sólo el significado de “enviar”, “remitir”, “mandar”, “contar”, “mostrar”, “facilitar”…, sino también su función sintáctica. Pero no es lo mismo decirle a la pareja “comparto contigo” que “te comparto”. (Vaya lío entonces, quizás).

El diccionario Redes, dirigido por Ignacio Bosque, muestra los contextos habituales de este verbo: se comparte de igual a igual, equitativamente, plenamente, por completo, sin reservas... Por tanto, no suele ir acompañado de modificadores peyorativos. “Compartir” implica algo bueno. Incluso si se comparte una desgracia, porque alivia. La aseveración “no compartimos nada” pronunciada en un matrimonio puede recibirse como un mazazo.

Ahora bien, la idea reconfortante de compartir una situación dolorosa no se basa en la imposición del doliente, sino en la propia voluntad de quien le hace compañía. Así, no parece tan deseable la oración “te comparto mis penas” como su alternativa “te comparto tus penas”. Pero no decimos esto, sino “te comparto la poesía que he escrito” o “te comparto las mejores imágenes de mi boda”.

Por todo ello, tal vez se consoliden dos verbos “compartir” distintos. Por un lado, el viejo y solidario verbo de buen rollo con régimen preposicional (compartir con); y por otro, el de nuevo cuño al que acompaña un pronombre de segunda o tercera persona (te comparto, les compartí), que quiere beneficiarse del prestigio de aquél pero con el cual el esfuerzo no lo hace quien da... sino quien recibe.

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