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El hambre aumenta en cinco países en conflicto

La violencia provoca que 46,8 millones de personas necesiten alimentos y medios de vida de forma urgente en Afganistán, República Centroafricana, República Democrática del Congo, Sudán del Sur y Yemen

Niños yemeníes desplazados esperan a recibir atención médica en la provincia de Amran, al norte del país.
Niños yemeníes desplazados esperan a recibir atención médica en la provincia de Amran, al norte del país. EFE

"La II Guerra Mundial duró un lustro y todavía se recuerda. Eso da una idea de cómo están los países en los que los conflictos llevan cerca de 20 años, como en Sudán del Sur o Somalia. Hay que imaginar la situación allí, el impacto que tiene en la capacidad de la gente", ilustra consternado Luca Russo, analista de Crisis Alimentaria de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). Contextualiza que en los últimos meses de 2018 ha aumentado el hambre en cinco países en conflicto y provoca que 46,8 millones de personas necesiten de forma urgente alimentos y medios de vida en Afganistán, República Centroafricana, República Democrática del Congo (RDC), Sudán del Sur y Yemen, según revela el último informe realizado por la entidad junto al Programa Mundial de Alimentos para el Consejo de Seguridad de la ONU, titulado Monitoring food security in countries with conflict situation. En Somalia, Siria y la cuenca del lago Chad "se han visto mejoras relacionadas con avances en la seguridad", se lee en el texto. Entre los ocho países analizados, suman 56 millones las personas que requieren asistencia inmediata.

"El sitio donde ha crecido más la demanda es en RDC, el segundo país después de Yemen con la mayor crisis humanitaria. Y es un lugar que cuenta con agua y con tierras, donde en teoría no debería de haber problemas. Aquí es donde se ve de verdad el impacto real de los conflictos", matiza Russo con un mensaje que concuerda con la resolución aprobada por la ONU el pasado mayo que reconocía estos riesgos e instaba a salvaguardar la producción alimentaria y los medios de vida, incluso en condiciones de violencia extrema e inestabilidad. "Uno de los últimos informes indicaba que el 60% de las personas que pasan hambre en el mundo residen en zonas de conflicto, y según las primeras estimaciones del próximo análisis, es probable que ese porcentaje haya aumentado", anticipa apesadumbrado.

Entre otras causas, Russo observa que cada vez más las personas se están desplazando a áreas de difícil acceso. "Una de las características de lo que sucede en algunos países es que muchas de las guerras no son un ejército contra otro, sino milicianos, grupos que controlan las carreteras, que piden pagos y eso tiene efectos también en la ayuda humanitaria", añade. El informe manifiesta que persistieron los actos de violencia contra los trabajadores humanitarios y detalla que en los 10 primeros meses de 2018 se registraron 338 casos de violencia contra los empleados. "Entre agosto y septiembre, hubo 39 robos a mano armada de instalaciones humanitarias, que involucraban violencia física contra el personal y obligaron a varias organizaciones a suspender las operaciones, privando a las poblaciones vulnerables de asistencia humanitaria", se lee en el reciente texto, que matiza que en los primeros ocho meses de 2018 murieron ocho trabajadores humanitarios.

Personas tras los números

En los cinco países en los que ha aumentado el hambre en los últimos meses del pasado año, 46,8 millones de personas requieren asistencia urgente de alimentos, nutrición y medios de vida según el informe Monitoring food security in countries with conflict situations de enero de 2019 :

Yemen: 15,9 millones de personas. La situación ya grave se ha deteriorado desde 2017, con 63.500 yemeníes que se enfrentan a la hambruna a finales de 2018.

República Democrática del Congo: 13,1 millones de personas. La escalada de la crisis se debe principalmente al aumento del conflicto armado en Ituri y Kivu del Sur, a la escalada de los conflictos en las áreas del este y sur y a la crisis humanitaria en la región de Kasai.

Afganistán: 9,8 millones de personas. Más de dos de cada cinco personas rurales necesitan apoyo urgente durante el invierno, principalmente debido al impacto de la grave sequía del año anterior junto con el prolongado conflicto civil. 

Sudán del Sur: 6,1 millones de personas. Con un 59% de la población con inseguridad alimentaria aguda y que requiere medidas urgentes. La situación en el pico de la temporada de carencias 2018 fue ligeramente peor que el año anterior (55%).

República Centroafricana: 1,9 millones de personas. La cantidad aumentó en un 13% desde el análisis anterior en marzo principalmente debido al conflicto armado en curso que afecta los medios de vida de los hogares y el acceso a los alimentos.

“Este informe demuestra claramente el impacto de la violencia armada en las vidas y los medios de subsistencia de millones de hombres, mujeres, niños y niñas atrapados en un conflicto”, declara el director general de la FAO, José Graziano da Silva, en el prólogo al documento. “Les ruego encarecidamente que tengan en cuenta que detrás de estas estadísticas aparentemente frías hay personas reales, que padecen tasas de hambre que son simplemente inaceptables en el siglo XXI”, añade Graziano. El pasado diciembre la ONU ya pidió ayuda urgente para 16 millones de hambrientos en Yemen. Un país al que la comunidad internacional aún no ha declarado en hambruna, pero que registra zonas catalogadas de catástrofe que alcanzan las 250.000 personas. Este nuevo texto detalla que 63.500 personas se enfrentaban a la hambruna a finales de 2018.

"Esperar a declarar la hambruna para actuar es una estrategia equivocada, ya hay personas que han empezado a morir por la falta de alimentos. Ya se vio en Somalia que esperar era un error. Después la situación se vuelve irreversible, en Somalia murieron 200.000 personas", recuerda Russo que relata lo que el otro día le contó un compañero en Yemen. "Él es padre de familia y para ir a por comida necesita desplazarse hasta 50 kilómetros, pagar el transporte y compartirla después. Esto también les hace vulnerables", ejemplifica.

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