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La batalla por la igualdad llega a los fogones

El colectivo Mujeres en Gastronomía ha movilizado a centenares de profesionales del sector en poco más de un mes para reivindicar visibilidad e igualdad

Algunas de las mujeres que se reunieron en Valencia.
Algunas de las mujeres que se reunieron en Valencia.

Son cocineras, productoras, sumilleres, periodistas y proveedoras. Las hay de todas las edades, lugares y condición, pero gritan todas a una: se han propuesto acabar con la falta de visibilidad de las mujeres en la gastronomía y lograr una igualdad real de oportunidades. Una lucha presente en otros sectores de la sociedad que ahora ha llegado también a la cocina. Por primera vez, este pasado lunes, un centenar de mujeres se ha reunido en Valencia para debatir y trazar las líneas de actuación de un movimiento que nació hace poco más de un mes y medio, pero que crece día tras día y que ya cuenta con centenares de seguidoras en redes sociales.

“Ha llegado a un límite en que no es soportable. Ninguna estamos dispuestas a seguir consintiendo”. María José San Román se muestra así de tajante cuando se le pregunta, en conversación telefónica, por el origen de la iniciativa. La chef del restaurante Monastrell, ubicado en Alicante y distinguido con una estrella Michelin, dio el primer paso al frente el pasado 1 de octubre cuando, en una reunión con mujeres del mundo de la gastronomía —entre las que se encontraban pesos pesados como Carme Ruscalleda y Elena Arzak—, puso sobre la mesa el debate sobre la igualdad en la cocina. “Estamos tan mal representadas como en otras esferas y no vamos a esperar a que vengan los hombres a solucionarlo. No es que sean los culpables, simplemente no son conscientes porque es lo que se ha hecho toda la vida y nosotras lo hemos consentido”, argumenta.

De aquel golpe sobre la mesa surgió un grupo de WhatsApp que hoy se encuentra al límite de miembros permitidos y una reunión organizada por Cuchita Lluch, empresaria y expresidenta de la Academia de Gastronomía de Valencia, que ha servido para que el movimiento Mujeres en gastronomía eche a andar. El pasado 12 de noviembre, en el marco de la feria Gastrónoma, un centenar de mujeres debatió e intercambió impresiones sobre los principales escollos a los que se enfrentan en la profesión, como la falta de mujeres en la alta cocina —en España, de los 195 restaurantes que tienen estrellas Michelin, solo en 19 hay mujeres al frente de los fogones— y una visibilidad y proyección inferior a la de sus compañeros. Desequilibro que se hace especialmente patente en los congresos y certámenes como Madrid Fusión, que para su edición de 2019 anuncia por el momento como ponentes a diez mujeres frente a 51 hombres. Una realidad que algunas asistentes como Silvia García, sumiller y jefa de sala del triestrellado Mugaritz, definieron en el acto como “la invisibilidad de la invisibilidad”.

En este contexto de análisis de las causas y la situación actual también hay lugar para la autocrítica. “Relegamos con mucha facilidad. Estamos muy cómodas”, apunta San Román. Otras como Begoña Rodrigo, al frente del restaurante valenciano La Salita, lanzaba al aire una pregunta durante el acto en Valencia sobre uno de los factores a los que se apunta como causa de una menor presencia femenina: la imposibilidad de conciliar. “No recuerdo la última vez que puse una lavadora. ¿Quién concilia vuestras vidas? Si vosotras no sois dueñas de ellas, espero que no esperéis que alguien lo haga por vosotras”, expresó la chef, que animó a sus compañeras a afrontar nuevos retos y dejar atrás el miedo.

Días después de ese primer encuentro, con unas redes sociales que no paran de crecer y las primeras líneas de actuación definidas —como la creación de grupos de trabajo y de una base de datos—, la pelea por la igualdad en la gastronomía parece haber llegado para quedarse. En el horizonte está, según María José San Román, acabar con patrones y prácticas perpetuadas y lograr que las mujeres dispongan de las mismas herramientas para competir que ellos: “Entre todos hemos fabricado ídolos masculinos, vamos ahora a darles a ellas las armas igual que se ha hecho hasta ahora con los hombres. Dáselas y saldrán grandes cocineras como champiñones. No hay hombres tan buenos y mujeres tan malas”. Y añade: “Esta guerra es importante. Va a haber un antes y un después”.

Ellos tienen más reconocimiento

“Tenemos las mismas condiciones, pero la realidad es que en los medios prospera más la imagen de los chicos y los inversores confían más en los negocios liderados por hombres”. Es una de las conclusiones que Purificación García Segura, profesora de la Universidad Politécnica de Valencia, subraya de la tesis que ha dirigido y que expuso en el encuentro del pasado lunes. La investigación, titulada Barreras y facilidades que enfrentan las mujeres en la gastronomía, señala que no se han encontrado diferencias de género en las habilidades que se necesitan para ser chef, tales como la disciplina, la gestión financiera y del restaurante, el trabajo en equipo o la competitividad. “Durante la realización vimos que hombres y mujeres tenían las mismas facilidades y en relación a las barreras, solo había diferencias significativas en la conciliación”, explica García Segura. “Entonces, ¿por qué hay tan poca visibilidad?”, se pregunta.

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