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Gus Van Sant: “Cuando veo a un joven excitadísimo por un vídeo de Taylor Swift, creo que eso es lo que significó para mí el rock”

Nos citamos con el cineasta estadounidense para que nos explique, entre otras cosas, qué ven en él los 'millennials'

gus van sant
El cineasta Gus Van Sant posa para ICON al tiempo que le hacen entrega de un refresco. En realidad, vino a España a recibir los homenajes que no le dan en su país.

Con ese aire relajado de los auteurs estadounidenses a los que les va mejor en Europa, Gus Van Sant (Kentucky, Estados Unidos, 1952) lleva un par de días enfrentándose a preguntas largas a las que ha contestado “sí”, “no” o “no sé”, y a otras muy cortas a las que ha respondido con extensas reflexiones sobre su obra. Ojo, no es él alguien que diga “mi obra”. Atento: él dirá “mmm… ¿a qué obra te refieres?” antes de sacarse de encima la cuestión con un “¿qué piensas tú?”. Refractario a la adulación, este enorme cineasta y, en otra escala, artista plástico, reacciona con tímida indiferencia ante las grandes palabras.

“En realidad es duro ver tu obra toda junta”, admite. Pero eso le ha traído por aquí: La Casa Encendida ha programado –del 22 junio al 16 septiembre– una exposición con sus fotografías, vídeos, un montón de polaroids de sus castings y algunas pinturas y dibujos, mientras la Filmoteca ha planteado un ciclo con casi todos sus largometrajes. ¿Alguno que volvería a ver? “Justo el que no está: Ellas también se deprimen [de 1993, y más conocido por su título original, Even cowgirls get the blues]. No lo veo desde que se estrenó. Ya ni me acuerdo de cómo era”. Pues era una road movie donde Uma Thurman era una chica inadaptada y con unos pulgares sobredimensionados que hacía autostop desde su pueblo hasta Nueva York, y fue un sonado fracaso, mácula en una interesante filmografía que ya ronda los 20 títulos y que concentra historias perturbadoras sobre juventud y deriva, droga y marginalidad, masculinidad y cadáveres bonitos. Eros y Thanatos vistos desde el arcén del sueño americano: esa será (por si es él quien lo pregunta) nuestra interpretación del universo del artista.

"En Hollywood hay niños actores tan increíbles como animalitos amaestrados. Desde los años treinta los ha habido. Pero no viven una vida normal: van a colegios de Hollywood y sufren algo parecido al abuso"

Cabe destacar el interés que la visita de este hombre nacido hace 66 años en Kentucky, educado en Portland y afincado en Los Ángeles despierta entre el público más joven. ¿Qué ven en él los millennials? “Hay ciertas películas a las que responden muy bien. Drugstore cowboy [1989] o Mala noche [1986], por ejemplo. Pero sobre todo Mi Idaho privado [1991]. Siempre es gente de 20 años, ese público no envejece. Probablemente les gusta por su carácter arty. El guion es muy inhabitual: un collage de ideas que va de Shakespeare y Beckett a Sam Shepard”. También están los actores. Van Sant siempre ha tenido un ojo infalible detectando iconos generacionales: Matt Dillon, Ben Affleck, Matt Damon, Sean Penn, Nicole Kidman, James Franco. “Probablemente todo ocurrió por River Phoenix”. Seguimos hablando de Idaho. “Dejó ahí una de sus interpretaciones más intensas. Ese papel de adolescente de la calle, sin raíces, River lo vivió en su propia vida y con su familia, con la que viajó a la manera beatnik por todo EE UU. Keanu Reeves también tuvo una vida viajera, su madre era sastre de Dolly Parton y él solía acompañarla por el mundo. Yo creo que eso es lo que interesa a la gente joven de esa película”.

¿Y qué le interesa a él de la juventud? “Algunas de mis películas, incluso El indomable Will Hunting [1997] o Todo por un sueño [1995], las hice porque había un joven en el guion y alguien dijo: llamemos a Gus. De hecho, tengo ahora un nuevo proyecto en el que participa un chico de 13 años. En Hollywood hay niños actores tan increíbles como animalitos amaestrados. Desde los años treinta los ha habido. Pero no viven una vida normal: van a colegios de Hollywood y sufren algo parecido al abuso. En Elephant [2003], que sí era un proyecto mío, trabajé con chicos de instituto e hicieron cosas sorprendentes”.

El realizador nacido en Louisville, Kentucky, en 1952, se bebe la Coca-Cola, y la vida, a grandes tragos, como sus personajes.
El realizador nacido en Louisville, Kentucky, en 1952, se bebe la Coca-Cola, y la vida, a grandes tragos, como sus personajes.

Conste que Van Sant no responde al perfil de artista indie antiindustrial: “Nunca pienso en la división entre Hollywood y el cine independiente”, asegura. “Hollywood es un lugar donde puedes conseguir financiación, nunca lo he visto como un lugar en contra de las ideas. Es un banco. No olvidemos que ahí se hizo Pulp fiction”. Además, “hoy hay más maneras de hacer de todo gracias a las plataformas digitales”. Cierto: su última película, la recién estrenada No te preocupes, no llegará lejos a pie, es una producción de Amazon. Se trata de un biopic sobre John Callahan (Portland, Estados Unidos, 1951-2010) –interpretado por un Joaquin Phoenix en estado de gracia–, un descacharrante alcohólico que, tras un accidente que le deja tetrapléjico, se reinserta y llega a triunfar como dibujante de ácidas tiras cómicas. “La película pivota sobre la idea de pedir ayuda”, confiesa el director. “El tema es la redención”.

“Hoy la cultura popular es enorme. La diferencia puede estar en que antes los medios de comunicación eran más reducidos y la información era menor"

Entre los talentos de Gus Van Sant se cuenta el buen gusto para la cultura pop legendaria. ¿Considera él, que creció y trabajó con Warhol y Mekas, Burroughs y Ginsberg, Bowie y Cobain, que la cultura pop mantiene su halo legendario? ¿Hubo, acaso, un corte en el milenio? “Hoy la cultura popular es enorme, incluso más que antes. La diferencia puede estar en que los medios de comunicación eran más reducidos, y la información era menor. La población también lo era. En los sesenta había apenas un centenar de bandas británicas y un puñado de sellos, revistas y canales de televisión, no había tantas maneras de estar informado. Eso quedó atrás: los millennials e Internet han crecido a la vez. Cuando veo a alguien de 14 a 22 años excitadísimo por algo que ha visto en un reality o en YouTube, veo una fascinación enorme, incluso mayor que la mía. Para ellos la nueva canción de Taylor Swift o Katy Perry es una información valiosísima, algo por lo que quedarse una noche sin dormir, chateando en las redes sociales. Yo creo que eso es lo mismo que significó para nosotros el rock. Aunque ese es su mundo y yo nunca lo entenderé”.

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