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Ethan Hawke: "Pensaba que iba a ser incapaz de dar y recibir amor"

El actor habla sobre el secreto de su aspecto juvenil, su divorcio con Uma Thurman y el simbolismo de un diente torcido en una sesión exclusiva para ICON

El actor texano viste suéter Tod´s, pantalones Sandro y botas Gucci.
El actor texano viste suéter Tod´s, pantalones Sandro y botas Gucci.

Al hotel McKittrick de Nueva York le rodea la decadencia y el misterio. Allí se representa la obra Sleep no more y allí, en medio de la sesión de fotos para ICON, marcada por looks bastante informales, acudo vestido de etiqueta, por razones de agenda y de cambios de horario. Me siento como pez fuera del agua. Me han avisado de que Ethan Hawke tiene prisa y mientras posa se le nota impaciente. En cada parón, se va a tocar el piano como un niño aburrido que espera a que sus padres le lleven a casa de una vez.

Llegado el momento de la entrevista, pregunta si puede comer al mismo tiempo, lo que me hace temer lo peor: desdén y prisas por acabar cuanto antes. Sin embargo, mientras se pone una camiseta cómoda, se disculpa por el retraso y explica que en su brazo derecho tiene tatuados los nombres de sus dos hijos mayores. “Cuando me divorcié de Uma [Thurman] no quería que pensaran que me estaba divorciando de ellos. Quizá algún día me tatúe también los de las otras dos”. Cuando empezamos a hablar, Ethan resulta tan generoso que me genera una gran confusión. Al final de la entrevista se lo hago notar: “Me ha gustado hacer esta entrevista”. Él contesta entre bromas: “A mí también, quizá porque vas más elegante que yo”. Este clima de cordialidad me anima a preguntarle algo que siempre me ha llamado la atención: ese diente cruzado suyo, que no creo que no le dijeran una y mil veces en sus inicios que se lo arreglara: “Sí, hubo unos cuantos agentes que me lo comentaron”, se ríe. “Pero, una vez estaba viendo los Oscar y Sean Penn salió borracho, parecía un poco estúpido. Pero me di cuenta de que al menos era el primer ser humano que veía en toda la noche. El resto parecían androides. Y a mí me gusta que las cosas sean un poco más humanas”. En unos días (el próximo 17 de septiembre), él tendrá la ocasión de demostrar su humanidad cuando recoja en San Sebastián el Premio Donostia.

Parece usted un jovencito de 45 años. ¿Cómo lo hace? Pues no sé. Me gusta fluir con el tiempo. Me siento en un lugar nuevo en mi vida. Hay aspectos de la juventud que no echo de menos: la inseguridad, el miedo… esa época en la que todo te reta. Cuando tienes que encontrar quién eres, en qué crees. Y luego, envejecer trae sus propios problemas: es difícil ser tú mismo, la belleza de ser joven es la belleza de tener todas las posibilidades, eres una persona diferente cada día. Ahora ya está todo dicho. Eso es maravilloso pero a veces también te da por pensar que alguien ha tomado las decisiones por ti.

El actor Ethan Hawke está a punto de recoger el Premio Donostia en el Festival de San Sebastian.
El actor Ethan Hawke está a punto de recoger el Premio Donostia en el Festival de San Sebastian.

¿Se acabaron los retos? No, no. De hecho, acabo de editar una novela gráfica [Indeh, sobre las guerras apaches de finales del siglo XIX, que ha sido un éxito de ventas] y he hecho un documental [sobre el pianista Seymour Bernstein], cosas que no pensaba que sucederían en mi vida. Además, todavía estoy totalmente en shock por encontrarme en este momento felizmente casado [Ryan Hawke –exniñera de los hijos que el actor tuvo con Thurman– es su mujer desde 2008 y la madre de sus dos hijas pequeñas: Clementine Jane, 8 años, e Indiana, 5 años]. Pensaba que iba a ser incapaz de dar y recibir amor. Estoy disfrutando mucho de este periodo.

¿Su aspecto es una obligación de Hollywood o es genética? Gracias [ríe]. Bueno, creo que aparentar ser joven tiene que ver con tu curiosidad por la vida y con el deseo de seguir lidiando con lo amargo y lo decepcionante. La gente que envejece se pone pomposa, piensa que ya lo sabe todo. Yo no quiero ser así, quiero seguir creciendo. La curiosidad es una manera mucho más interesante de rejuvenecerte que un lifting.

La curiosidad le ha salido a veces cara. Cuando ha intentado hacer algo diferente, las críticas no han sido favorables: su primera película como actor, su primer libro, su debut como director… El reconocimiento se le resiste al principio. He intentado mantener bajas las expectativas en todo lo que he hecho. Prefiero llevarme gratas sorpresas que terminar relativamente decepcionado. Tiendo a pensar que todo va a fracasar estrepitosamente. En mi primera película tenía 13 o 14 años [Explorers, en 1985, junto a River Phoenix] y fue un gran fracaso. Mi debut en Broadway tuvo también críticas terribles [La gaviota, de Chéjov, en 1992]. No he empezado a encontrarme conmigo mismo como actor de teatro hasta los 30. Soñaba con ser el nuevo Marlon Brando: debutar sobre las tablas y cambiar la faz de la Tierra. Al final te vas poniendo metas más humildes.

Soñaba con ser el nuevo Marlon Brando: debutar sobre las tablas y cambiar la faz de la Tierra. Al final te pones metas más humildes

Pero luego el éxito ha formado parte de su vida. ¿Qué tal gestiona los halagos? Cuando tu vida se basa en los halagos tienes un problema. Por eso vivo en Nueva York, donde tenemos un romance con el fracaso. En Los Ángeles hay una relación de amor con el éxito. Me gusta una de las últimas películas que he hecho, que es sobre Chet Baker [Born to be blue, 2015, apenas tuvo repercusión y nunca se estrenó en España]. Era un hombre que tuvo un enorme éxito como artista y fracasó como persona. En Nueva York tienes tu propio sentido de lo que haces y de cómo lo haces. Muchas veces, en Hollywood la gente está felicitándote, pero tú sabes que no lo has hecho tan bien, mientras que en Nueva York la gente te machaca y tú sabes que has sido fiel a ti mismo.

¿Qué pasa cuando hace una superproducción, como esta nueva versión de Los siete magníficos (se estrena el próximo 23 de septiembre)? ¿La has visto ya? Yo he podido ver el primer montaje y es realmente buena, divertidísima. Reconozco que la hice por volver a trabajar con Antoine Fuqua y Denzel Washington [con quienes rodó Training day (2001), que supuso su primera nominación al Óscar como actor secundario]. En muchos sentidos Antoine la ha concebido más como un remake de Los siete samuráis, de Akira Kurosawa, que de Los siete magníficos. Antoine y Denzel me hablaron de que iban a hacer esta película en el estreno de El protector y quise trabajar con ellos otra vez. Les quiero y hacen grandes filmes. Nunca se me hubiese ocurrido hacerla por mí mismo, pero sabiendo que ellos estaban embarcados en el proyecto, quise estar allí.

Parece que le gusta rodearse de amigos para trabajar. No hay más que ver el clan que ha montado con Richard Linklater y Julie Delpy. La trilogía de Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del anochecer significa mucho para mí. Puse todo mi romanticismo en esas películas. Con Julie y Richard hacemos un buen equipo. Richard es como un científico, mira la vida como Chéjov, que era doctor y observaba a los humanos como pacientes. Adora a la gente, pero no es muy emotivo. Eso le permite ver sus errores. Julie es extremadamente divertida, una diversión muy inteligente. Yo pongo el romanticismo. Soy el que tiene fe.

Abrigo Versace, camisa Emporio Armani, pantalones Sandro y zapatos Pedro García.
Abrigo Versace, camisa Emporio Armani, pantalones Sandro y zapatos Pedro García.

¿Y qué pasó con Uma Thurman? ¿Perdió la fe? Con Uma fue una cuestión de matemáticas. Yo estaba buscando en el matrimonio una casa, una seguridad, una base, una familia. Buscaba lo contrario de lo que era mi vida, siempre expuesta a los flashes, pero me enamoré de alguien que sólo sumó más flashes a mi intimidad. Nuestro matrimonio se convirtió en la antítesis de lo que yo deseaba y nos resultaba muy difícil encontrar una toma de tierra, un cable de conexión. Sé que hay gente que puede con ello, tengo amigos que lo hacen. Para mí fue imposible. Como digo, una cuestión de matemáticas.

Parece que asume los fracasos con honestidad. ¿Diría que asumir la derrota es poco masculino o muy masculino? Hay muchas maneras en las que la cultura y el pensamiento progresista han hecho sentirse avergonzados a los hombres por alguno de sus rasgos. A veces creo que se han olvidado de lo bueno de ser un hombre. Por supuesto hay mucha estupidez en el macho dominante e intento plantearme qué es ser un buen feminista y un buen padre. Lo más positivo que veo de la masculinidad es la autosuficiencia: cargar con tus propias maletas, sacarte las castañas del fuego. No puedes ayudar a tus amigos, a tus padres o a tus hijos si no eres una persona independiente. La independencia es algo que admiro y que cultivo en mí mismo.

Si Boyhood tuviera una secuela cuyo rodaje durara, como la primera, 12 años, ¿cómo se imaginaría entonces? Ahora tengo 45, ¿cómo sería con 57? Sería interesante. ¿Cómo va a ser el mundo? Mis hijos habrán crecido. Afronto la paternidad desde una perspectiva visceral. No creo que exista un gran manual para ser padre, sólo quiero educarlos con buen criterio y buenos valores. Decirles siempre la verdad. De ellos dependerá cómo quieren contribuir al mundo, qué tipo de persona son. Pero eso me parece fascinante. Cuando pienso en el mundo que veía mi abuelo y en el que encontrará mi primer nieto pienso: ¿qué será lo que ellos vean al morir?

Hay mucha estupidez en el macho dominante, yo intento plantearme qué es ser un buen feminista y un buen padre

¿Y en lo profesional? Espero que para entonces esté dirigiendo más películas. No me malinterprete, me encanta actuar, pero la industria está muy concentrada en el público adolescente y cuando eres director puedes elegir lo que quieres contar. Me encantaría estar haciendo más teatro, pero, siendo honesto, también disfruto del juego de ser simplemente actor: conseguir trabajar rodeado de gente con talento.

Alguna de esa gente que le rodeó ha ido desapareciendo. ¿Qué pensó el día que Robin Williams se quitó la vida? Con Robin aprendí mucho de interpretación. Fue mi primer rodaje con un genio creativo, con alguien que era realmente poderoso. Su imaginación, su talento, la llama que desprendía… Su muerte fue muy triste. Es duro que alguien que ha hecho feliz a tanta gente no sea capaz de hacerse feliz a sí mismo. Él me recomendó a mi primer agente. El éxito de El club de los poetas muertos fue lo que marcó mi carrera. No sé cómo sería hoy mi vida si no la hubiese rodado. Hay cosas que cambian tu vida: ser padre sacude los cimientos de tu manera de ver el mundo y de relacionarte con los demás. Y esa película, de alguna manera, tuvo el mismo efecto.

¿Cómo gestiona usted su sufrimiento? ¿Se siente capaz de compartirlo con los demás? Tengo que reconocer que no hay mucho sufrimiento en mi vida. Tengo una esposa que me adora y que además es una gran amiga. Y lo más curioso de tener hijos, aunque suene un poco absurdo, es que de verdad te quieren. Es una fuente de fuerza: quererles, cuidarles. Te das cuenta de que cuanto más amas, más fuerte eres. Y cuando más fuertes son las raíces, más difícil es arrancarte.

¿No tiene ningún miedo? Tengo miedo a la ignorancia. El peligro de Donald Trump es que le gusta jugar con la ignorancia ajena, con la ira y la decepción de los ciudadanos. Y además, sabe cómo hacerlo. Se dirige al lado oscuro de la gente. Alguien como Obama ofrece una forma más sofisticada de pensamiento y diálogo. Yo le admiro mucho más.

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