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¿Cuánto cuesta un implante de pelo?

Capítulo 8. Y quizá lo que es más importante, entre la segunda y la sexta semana después de la operación se cae todo el pelo: ¿cuánto tiempo tardar en crecer el nuevo?

implante pelo
José Luis López Vázquez, calvo ilustre de nuestro cine, representa la fase en la que se encuentran los Sujetos 1 y 2, a quienes el pelo se les ha caído un mes después de la operación —a excepción del de los costados— y no lo verán crecer hasta dentro de dos

"Siempre me han gustado los Kennedy como políticos. Menudo pelazo tenían". Pamela Anderson.

Bueno, pues ya ha pasado un mes desde que nos operamos. Empieza el calvario (y no nos estamos refiriendo al sufrimiento físico).

Durante estos últimos 15 días hemos recuperado de forma absoluta la vida normal, que no el aspecto normal. También hemos podido reincorporarnos a la disciplina (?) de nuestro grupo de rocanrol. El Sujeto 2 ha vuelto a aporrear la batería con la pericia e intensidad —y los chorros de sudor— que le caracterizan, mientras que el Sujeto 1... Bueno, el Sujeto 1 es el cantante (?), así que, aunque no es una estatua, tampoco es que sea el Iggy Pop de la época Stooges. En esas fechas damos un concierto y, eso sí, el Sujeto 2 actúa con turbante de Rey Mago y el Sujeto 1 lo hace con una peluca que era de la abuela paterna (que en gloria esté) de su doñita.

Pulsa AQUÍ si eres tan insensato como para comprobarlo.

NOTA TRAGICÓMICA: durante este período al Sujeto 1 le toca renovarse el pasaporte. Los funcionarios se niegan en redondo a que nos hagamos la fotografía con gorra y no atienden a nuestras frívolas razones, amenazando incluso con avisar al Policía Nacional que vigila la sala si seguimos de rodillas dándonos cabezazos contra el borde del escritorio. ¿Adivinan quién se va a pasar los próximos diez años con un documento en cuya foto aparece con un aspecto lastimosamente desmochado? ¿Y si, en unos años, algún agente de Aduanas quisquilloso, viendo nuestra melena modelo Camilo Sesto y comparándola con la fotografía, nos dice que no somos nosotros? A todo esto, ¿dónde está Camilo Sesto?

La revisión final (y psicológica): "Un mes después estás mal calvo que cuando llegaste"

Transcurridos 30 días desde el trasplante toca la revisión final. Esta visita es más psicológica que ambulatoria. Después de haber puesto sus ilusiones —y sus caudales— en manos de este proceso salvador, los pacientes ven que un mes después están mucho más calvos de lo que llegaron. Es normal, es parte del proceso, nos lo habían avisado por activa y por pasiva, el pelo se cae, el trasplantado y el nuestro, pero a los pacientes nos da igual, estamos de bajón, no nos vemos bien...

implante pelo

Ahora mismo estamos justo donde no queríamos llegar, padecemos aquello que nos aterraba: sin pelo por arriba y con pelo a los lados. Tras la Fase Unabomber y la Fase Fito Cabrales, los Sujetos 1 y 2 están por pleno derecho en la Fase José Sazatornil & José Luis López Vázquez, paradigmas del señor español calvo. Es a lo que, al inicio del texto, nos referíamos como "calvario".

Por eso esta visita es básicamente para que nos tumbemos en un diván (en este caso, camilla) y nos digan: "Es normal" y "todo va a salir bien".

La culpa de este estado de calvicie transitoria la tiene el fenómeno conocido como efluvio postquirúrgico. Idiomáticamente, los anglosajones son más pragmáticos y descriptivos y a esta putada temporal la llaman acertadamente "shock loss", pérdida traumática (trauma por aquello del meneo al que sometieron a todo nuestro entramado capilar, aunque también serviría para el trauma emocional de vernos lampiños).

Unos dos meses después de haber perdido el pelo, comienza a salir el nuevo, a razón de dos milímetros por semana, aproximadamente un centímetro al mes

En el mundo del periodismo, al que nos dedicamos —lo sentimos, madres queridas, no somos pianistas en el Toni 2— pasa algo parecido: donde el castellano le pone paños calientes a una cosa tan intensa, estresante y apocalíptica como es la finalización y entrega de un producto informativo periódico llamándolo "cierre", que es una palabra hasta amable, en inglés dicen "deadline" (línea de la muerte), algo mucho más apropiado. Inglaterra, 1 – España, 0.

En la clínica, además de darnos ánimos, nos tranquilizan con la siguiente explicación: "Es muy normal que poco tiempo después de un trasplante capilar los folículos injertados arrojen o expulsen el pelo. Es decir, el efluvio postquirúrgico o shock loss no es más que la pérdida del cabello en el área injertada, o zona receptora, e incluso en áreas cercanas. Afortunadamente, este tipo de pérdida de cabello es temporal y ocurre por el trauma que recibe el cuero cabelludo del paciente durante la cirugía. Sucede concretamente entre la segunda y sexta semana después de la operación".

Si hablamos de números, continúan, "se podría decir que el shock loss puede llegar a afectar hasta a un 70% de la superficie capilar. Al ser una pérdida temporal, lo que se pierde es el pelo, pero nunca la raíz. Por tanto, pueden estar tranquilos, ya que el cabello volverá a crecer con fuerza a medida que avancen las semanas posteriores a la operación. Oiga, ¿se ha dormido?". Caray, casi, esta camilla es comodísima.

Además del speech didáctico-balsámico, en el caso del Sujeto 1 —cuya tendencia costrosa es de sobra conocida para el lector habitual— también le hacen curas y auxilios, el Sujeto 1 necesita una ayudita extra.

Dos ritmos: 'landismo' para el que cicatriza bien, calvas y pelos creciendo de forma dispar para el que necesita una cura en las costras

El Sujeto 1 sigue con costras. El Sujeto 1 tiene envidia y celos del Sujeto 2, que apenas tiene costras, el muy... El Sujeto 1 tiene la cabeza hecha cisco: aún le quedan costras en las zonas donantes y su pelo crece por detrás de forma caprichosa, tiene varias calvas en la parte trasera, hay tiñosos con mejor aspecto que el Sujeto 1. De ahí que le vuelvan a retirar las costras (mucho más pequeñas que la Gran Costra Komodo de la revisión anterior) con pinzas y le vuelvan a someter a una ronda de pinchazos de su propio plasma. Por su parte, el Sujeto 2 no puede evitar sentir algo de envidia y celos por este tratamiento extra que recibe el Sujeto 1; dado que la doctora y las enfermeras centran todas sus atenciones en el Sujeto 1, al pobre Sujeto 2, que por lo visto está estupendo, no le hacen ni caso. ¡Se siente, Sujeto 2, eso te pasa por buen cicatrizad'or!

¿Celos? ¿Envidias? ¿Suspicacias? ¿Será el fin de idilio capilar entre los Sujetos 1 y 2? ¡Quiá! Esta es una relación de raíces tan firmes como las de una Unidad Folicular recién trasplantada, la Hemandad del Pelo es un vínculo fuerte, frondoso, sedoso, con volumen y brillo, como las melenas de los anuncios de champú, o más.

La visita extra: carboxiterapia para acelerar el crecimiento del pelo

Como el Sujeto 1 —¡que ya no tiene costras!— tiene una buena parte de la zona lateral izquierda totalmente calva (justo en la zona donde antes habitaba la Madre de Todas Las Costras) y el Sujeto 2 tiene al shock loss haciendo de las suyas en la parte superior de la cabeza, pasados 15 días solicitamos una cita extra; se ve que extrañamos al personal de la Millán–Vila Rovira.

Nos recibe la doctora Linzoain. Nos dice que lo que nos pasa es absolutamente normal, pero que, para acelerar el crecimiento del pelo en las calvas laterales del Sujeto 1, nos va a someter a un procedimiento llamado carboxiterapia. Que no es otra cosa que la aplicación subcutánea de dióxido de carbono medicinal de alta pureza con la ayuda de un equipo programable y automatizado con fines terapéuticos o estéticos.

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El Sujeto 1 tuvo que someterse a una carboxiterapia para acelerar el crecimiento del pelo, ya que por culpa de la costra que lo invadió en la pasada entrega tiene una calva lateral

Salvando las distancias, es como si estuviéramos inflando un balón; está la bombona de aire, está la válvula/aguja, de un diámetro minúsculo, y está el balón, que es nuestra cabeza. La carboxiterapia apenas duele, se siente el pinchacito de las incisiones y poco más. En 10 minutos estamos listos. Hemos acordado hacernos 10 sesiones, a razón de una a la semana. Cuando volvemos a la oficina, al tocarnos las zonas carboxiterapizadas (toma palabra), sentimos la piel como esponjosa y acolchada, incluso escuchamos el ruidito de las burbujas, o eso nos parece.

NOTA: El Sujeto 1 es probable que haya cicatrizado peor por ser fumador empedernido; si bien es cierto que ha reducido ligeramente la cantidad de cigarrillos, ya nos habían advertido de que el nefasto vicio del tabaco no es bueno para el proceso. El Sujeto 2, por su parte, sí hizo los deberes y redujo drásticamente su consumo de nicotina: ¡bravo, Sujeto 2!

La evolución al microscopio: "¡No habíamos sentido nada igual desde el gol del Niño Torres a Alemania!"

Para terminar, la doctora nos hace unas pasadas con el triptoscopio (esa lente de aumento que deslizan por el cuero cabelludo y cuyas imágenes se reflejan en la pantalla del ordenador) para que veamos la evolución del trasplante. A estas alturas ya podemos observar cómo de los folículos injertados está brotando pelo nuevo, aún incipiente pero grueso y poderoso en comparación con los que teníamos. Nos abrazamos y nos echamos a llorar, ¡no habíamos sentido nada igual desde el gol del Niño Torres a Alemania!

A nivel sanitario esta odisea se ha terminado. Toca esperar que nos salga el bendito y anhelado cabello. Ahora mismo, la mayoría de nuestros folículos pilosos están en reposo dentro del cuero cabelludo para que, en unos dos meses, se inicie lentamente el crecimiento de este nuevo pelo, dos milímetros por semana, aproximadamente un centímetro al mes. Nos iremos de vacaciones con nuestros gorros y nuestra crema protectora factor 50 para los escasos momentos en que expongamos nuestra cabeza al sol. Y nos miraremos cada mañana en el espejo en busca de brotes verdes capilares. Según nuestros cálculos, a mediados de septiembre ya podremos lucir nuestra nueva mata de pelo, aunque sea en versión cortita.

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Te quiero ver el pelo... Pero cuando haya crecido. ¡Hasta septiembre!

Hasta entonces no hay mucho más que contar. No tiene sentido continuar con este blog. Así que lo clausuramos temporalmente para volver con un último post pasado el verano en el que, ojalá, certifiquemos el éxito de la intervención y mostremos alegres y ufanos nuestras nuevas y frondosas cabelleras. Toma traca final, toma mágico fin de fiesta, toma broche de oro, toma alarde de sinónimos.

Ha sido un placer y un honor tener la oportunidad de hacer este blog. Lo hemos pasado muy bien. Esperamos que este relato por entregas haya cumplido la doble misión de informar y entretener, que hayamos desterrado mitos y hayamos despejado dudas. Que cualquiera que lo haya transitado sepa a qué atenerse. Gracias por leer. ¡Hasta pronto!

Canción sugerida — 'El problema de mis pelos', de Micky y Los Tonys

Puro spanish sixties beat a cargo de El Fantástico Hombre de Goma, quien se quedó calvo prematuramente pero es la prueba palpable de que se puede rockear hasta bien entrada la setentena siendo calvo como una bola de billar, ¡respeto Micky!

ANEXO — La dolorosa

Toca al fin despejar una de las grandes incógnitas de esta odisea, algo que, lógicamente, nos han preguntado no pocos lectores, amigos y conocidos: ¿cuánto cuesta el tratamiento completo al que nos hemos sometido?

Desde la clínica nos insisten: "No hay un precio único y fijo, depende mucho de la cantidad de unidades foliculares trasplantadas, según las necesidades del paciente, de la cantidad de horas de quirófano... Hay pacientes que necesitan media jornada y otros, como ha sido vuestro caso, dos jornadas completas". En cualquier caso, creemos que, a nivel orientativo, puede resultar efectivo señalar el coste final de los tratamientos que nos han aplicado.

El tratamiento Regenera Activa tiene un coste de entre 1.100 y 1.200 euros.

La operación de trasplante FUE con su sedación correspondiente y el seguimiento posterior de un año, con revisiones periódicas y los tratamientos que se precisen (plasma, carboxiterapia), en nuestro caso, que consumimos dos jornadas de quirófano y nos fueros injertadas unas 9.000 unidades foliculares por cabeza, tiene un coste de 8.000 euros.

Las cuentas claras y el melenote, espeso.

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