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Estas dos medidas funcionan para hacer respirable el aire de la ciudad

La restricción del tráfico convierte una plaza en el lugar menos contaminado de Valencia y un jardín reduce la temperatura en los hogares de 135.000 personas

El ingeniero químico José Manuel Felisi en la plaza del Tossal, el lugar menos contaminado de Valencia de los 300 puntos que está midiendo. En vídeo, las nuevas medidas contra la contaminación.

Los científicos alertan de forma creciente sobre la mala calidad del aire de las ciudades y las graves consecuencias que ello tiene para la salud. Un problema que, como advierte Almudena Garrido, especialista en sostenibilidad urbana, tiende a agravarse en España por la reducción de lluvias y el incremento de las situaciones meteorológicas estables como consecuencia del cambio climático. Dos decisiones concretas de política municipal confirman que hay medidas que funcionan para revertir la situación. Ambas tienen como escenario Valencia, pero son extrapolables a otros lugares.

El ingeniero químico José Manuel Felisi ha tenido que revisar muchas veces los datos para convencerse de que eran correctos. La plaza ligeramente elevada del Tossal, el cruce donde se encuentran los barrios del Mercat, La Seo, El Carme y Velluters, en el corazón del centro histórico de Valencia, se ha convertido en el punto menos contaminado de la ciudad del total de 300 que Felisi y su equipo llevan dos años midiendo. El dato era, en principio, desconcertante porque Ciutat Vella ha sido durante décadas el distrito más contaminado de Valencia debido al diseño sinuoso de sus calles, herencia de la época árabe y medieval, lo que dificulta la ventilación, así como a la inexistencia de zonas verdes.

Las mediciones muestran que la concentración de dióxido de nitrógeno, un gas muy perjudicial para la salud, al que un reciente estudio de la Escuela Nacional de Sanidad atribuye 6.085 muertes evitables cada año en España, se ha reducido a 20 miligramos por metro cúbico, la mitad del umbral máximo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

“Aunque puede resultar sorprendente, en realidad no hay ningún misterio. El tráfico se ha pacificado en la zona, se han eliminado los desplazamientos en coche oportunistas y ahora solo acceden los vecinos. Se ha quitado el foco de emisión de gases contaminantes y de un día para otro ha desaparecido el problema”, afirma Felisi. La concentración de dióxido de nitrógeno antes de la intervención municipal, a principios de 2016, superaba en la zona los 50 miligramos por metro cúbico.

El ingeniero y su equipo forman parte de València per l'Aire, un colectivo integrado por 30 asociaciones ciudadanas y profesionales preocupados por la contaminación ambiental. Las mediciones se realizan también junto a las seis estaciones de referencia que la Generalitat tiene en la ciudad, lo que les permite descartar que exista un desvío en el registro de valores. Los datos son procesados por 4Sfera, una empresa de Girona especializada en la medición de dióxido de nitrógeno por metodología pasiva, que utiliza un laboratorio acreditado en Londres para hacer los análisis.

La empresa Green Urban Data ha analizado, por su parte, el impacto ambiental para Valencia del Jardín del Turia. El antiguo cauce del río, que el Franquismo planeó convertir en una autovía urbana, fue transformado en los años ochenta por el Ayuntamiento socialista en una parque de 10 kilómetros de largo que cruza la ciudad de punta a punta y tiene 12.000 árboles. La temperatura en su interior es 1,2 grados inferior a la media de la ciudad. Y el efecto de reducción de calor que genera alcanza un radio de medio kilómetro a ambos lados de la zona verde, beneficiando a 135.000 personas, explica Alejandro Carbonell, fundador de la empresa. El ahorro energético que implica es de 300 MWh/año, el equivalente a refrigerar 3.700 viviendas.

Jardín del Turia, en Valencia.
Jardín del Turia, en Valencia.

Adaptando al clima y las características de Valencia una herramienta desarrollada por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, Green Urban Data ha calculado que el Jardín del Turia representa, además, “un ahorro anual de 450.000 euros por la prevención de enfermedades derivadas de la contaminación y la mala calidad del aire”, señala Carbonell, cuya empresa, ubicada en Lanzadera, la aceleradora de empresas del presidente de Mercadona, Juan Roig, se dedica a ofrecer servicios de monitorización ambiental a las Administraciones.

Estrategias para quitar coches

Xavier Querol, investigador del CSIC en Barcelona y director del proyecto AirUse, premiado en mayo por la Comisión Europea como mejor del programa Life en la categoría de Ciudades Verdes, conoce tanto la iniciativa de mediciones de Felisi como la importancia del Jardín del Turia para la ciudad de Valencia. Y las peatonalizaciones y el aumento de zonas verdes son dos de las medidas de rediseño urbano prioritarias que propone para mejorar la calidad del aire.

El grupo de Querol, que ha analizado la efectividad de las acciones ejecutadas por centenares de ciudades para reducir la contaminación, considera imperativo, además, reducir drásticamente el número de coches que circulan por las calles. Plantea para ello una fuerte inversión en transporte público, sobre todo metropolitano, la creación de grandes aparcamientos en los accesos de las ciudades, el establecimiento de peajes urbanos, la prohibición de entrada a los vehículos más viejos, así como un rápido avance en la transición a vehículos eléctricos e híbridos de los taxis y las furgonetas de reparto de mercancías.

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