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El misterio de los ataques sónicos a diplomáticos de Estados Unidos

Mientras muchos expertos cuestionan su existencia, aparecen nuevos posibles casos en otros países

Marines de EE UU, frente a su embajada en Cuba el pasado febrero.
Marines de EE UU, frente a su embajada en Cuba el pasado febrero. AFP/Getty

Perplejidad, desconcierto, extrañeza, desconfianza, propaganda, misterio... Son algunos de los síntomas de la extraña enfermedad en que se ha convertido el caso de los supuestos ataques sónicos a personal de la embajada de EE UU en Cuba. Hay informes a favor y en contra, una revisión médica encargada por las autoridades estadounidenses que es cuestionada por expertos en neurociencia. Expertos en acústica niegan que el sonido pueda provocar ese tipo de daños al tiempo que otros dudan de que exista una tecnología que se acerque a un arma sónica. Sin embargo, aparecen nuevos posibles casos en otras legaciones diplomáticas, la política internacional se enrarece.

A finales de 2016, tres agentes de inteligencia de EE UU destinados en su embajada en La Habana (Cuba) cayeron enfermos de algo de origen desconocido. Entre sus síntomas relataron pérdida de audición, mareos, acúfenos, dificultad para mantener el equilibrio, problemas de visión y para conciliar el sueño, jaquecas y deterioro cognitivo. En los meses siguientes, otros diplomáticos reportaron sensaciones similares. La mayoría cuentan que todo empezó tras oír un agudo y fuerte sonido que a alguno le pareció una concentración de grillos. Muchos sintieron al mismo tiempo un fuerte pulso de aire, como el que se siente al abrir la ventanilla de un coche a gran velocidad. A finales de 2017, el Departamento de Estado de EE UU mandaba a casa a 80 miembros de su personal diplomático y hablaba de "ataques de naturaleza desconocida".

Desde entonces las certezas han ido en paralelo a las dudas. En marzo pasado, la prestigiosa revista médica JAMA publicaba los resultados preliminares de la revisión médica realizada a 21 de los afectados más de 200 días después de los supuestos ataques. El trabajo, a especialistas de la Escuela Perelman de Medicina de la Universidad de Pensilvania, concluye que el personal destinado en La Habana presentaba "disfunciones cognitivas, en el sistema vestibular [interviene en el equilibrio] y oculomotoras persistentes". Al final del informe escriben: "Estas personas parecían tener un trauma prolongada en una variedad de redes cerebrales sin un historial asociado de traumatismo craneoencefálico", es decir, una conmoción cerebral pero sin golpe en la cabeza.

Sin embargo, el informe médico ha sido criticado por muchos y no solo porque fuera encargado por el Departamento de Estado de EE UU. Primero desde Cuba: "No hay evidencias sólidas de que existan lesiones cerebrales en la mayoría de los diplomáticos involucrados, y si la hubiera en alguno pudiera ser una lesión preexistente. Ninguno de los mecanismos propuesto se sostiene por los hechos", escribe en un correo el director del Centro de Neurociencias de Cuba, el doctor Mitchell Valdés-Sosa. "El reporte de los médicos que los atiende publicado en JAMA está lleno de lagunas reconocidas por la propia revista en un. Además, varios autores han publicado críticas a las conclusiones del trabajo", añade.

Especializado en neurofisiología, Valdés-Sosa forma parte del comité de expertos cubanos que elaboró un informe sobre los supuestos ataques. Durante nueve meses revisaron las cercanías de las viviendas y hoteles donde se alojaban los afectados, realizaron revisiones médicas a 20 ciudadanos cubanos que trabajaban en los hogares de los diplomáticos y barajaron posibles causas como alguna fumigación excesiva. Pero los únicos datos de los enfermos con los que contaron fueron los publicados en los medios: "Hasta el momento, la información médica compartida es mínima. Una sola hoja resumida sin una imagen, un resultado de laboratorio, ni datos demográficos", se lamenta el neurofisiólogo cubano. A falta de más información, en su informe, los científicos de la isla sugieren la posibilidad de que se trata de un "trastorno psicogénico colectivo", es decir, de un episodio de histeria colectiva.

La revisión médica ha encontrado alteraciones en los sistemas auditivo, ocular y vestibular de los diplomáticos

El escepticismo médico no procede solo del lado cubano. El profesor de neuropsicología de la Universidad de Edimburgo y editor de la revista especializada Cortex, Sergio Della Sala critica duramente tanto los métodos como los resultados de la revisión médica en lo que se entra en su campo, la neurociencia cognitiva: "Los datos que incluye el estudio publicado en JAMA son perfectamente compatibles con cualquier distribución normal. No hay evidencias de que las seis personas a las que sometieron a tareas cognitivas presenten algún tipo de déficit", explica. Della Sala no cuestiona que los síntomas sean reales, lo que critica es con la metodología y criterios usados para estudiarlos, "cualquiera que hiciera las pruebas aparecería como afectado".

Origen incierto

La otra gran pregunta aún sin respuesta es, si los daños son reales, ¿qué los ha causado? En caso de ser intencionado, algo que aún esta por determinar, se han apuntado desde un virus o bacteria hasta a algún agente químico. Pero tanto unos como otros habrían dejado su rastro en otros órganos del cuerpo. Una investigación del FBI en enero pasado descartó también que se trata de un ataque con algún tipo de arma sónica.

Pero el hecho de que al menos 18 de los afectados oyeran aquel extraño sonido como a grillos, señala al sonido como posible causa. Tanto diversas policías de EE UU como los militares disponen de los llamados dispositivos acústicos de largo alcance (LRAD, por sus siglas en inglés). También se ha especulado con un ataque sónico pero con la porción no audible, es decir, en las frecuencias más bajas (infrasonidos) o más altas (ultrasonidos) del espectro que percibe el oído humano, que va desde los 20 hercios (Hz, o número de ondas por segundo) hasta los 20.000 Hz

Los científicos cubanos que han analizado señalan a un posible "trastorno psicogénico colectivo"

"Los LRAD no pueden producir infrasonidos, operan en altas frecuencias", recuerda el investigador de la facultad de física de la Universidad Técnica de Dortmund (Alemania), Jürgen Altmann. "Y, en realidad, los infrasonidos no tienen efectos impresionantes en todo caso", añade este científico que ya en 1999 publicó un amplio trabajo sobre las posibilidades del sonido como arma. En cuanto a los ultrasonidos, Altman reconoce que tendrían más posibilidades: "se puede fabricar emisores de ultrasonidos (y están siendo usado en diversos sectores industriales) y los LRAD probablemente pueda emitir en las frecuencias de ultrasonidos más bajas, pero el ultrasonido a alto nivel no se propaga bien por el aire", comenta el científico germano.

Hay aún otra posibilidad, quizá la más peliculera, quizá la más cierta. El profesor de la Universidad de Michigan (EE UU) Kevin Fu es uno de los mayores expertos en el novísimo terreno de la ciberseguridad ultrasónica. Junto a dos colegas de la universidad china de Zhejiang, ha sugerido que todo podría deberse a un daño colateral, a un efecto secundario y no deseado de algún nuevo sistema de escuchas. Sus colegas chinos demostraron el año pasado cómo se puede usar ultrasonidos para que Siri y otros asistentes personales reciban comandos de voz pero inaudibles. Al revisar las grabaciones de los que habrían oído los diplomáticos, encontraron un extraño fenómeno sonoro llamado distorsión por intermodulación. Tal y como explican en un artículo de la revista técnica IEEE Spectrum, la interferencia entre dos ondas ultrasónicas de diferente frecuencia se puede producir un tercer sonido, este sí audible. Así sí que encajarían casi todas las piezas.

El problema es que hace unos días se confirmaba que otro diplomático estadounidense había sido repatriado con los mismos síntomas, pero no estaba destinado en La Habana sino en el consulado que EE UU tiene en Cantón, en la lejana China. Además, según una nota de la agencia AP, las autoridades estadounidenses estarían investigando otros casos sucedidos en Uzbekistán y Singapur. ¿Ataque global o de histeria?

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