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Luis Miguel Rodríguez, rey de la chatarra, príncipe del corazón

El dueño de desguaces La Torre, triunfa en los negocios, pleitea con Hacienda y sigue haciendo gala de su fama de conquistador con personajes de la prensa rosa

Luis Miguel Rodríguez y Ágatha Ruiz de la Parada el pasado martes en los premios Vanity Fair de periodismo en Madrid.
Luis Miguel Rodríguez y Ágatha Ruiz de la Parada el pasado martes en los premios Vanity Fair de periodismo en Madrid. Getty

No es sorpresa que algunos grandes negocios se gestan en las mentes de personas sin una preparación específica pero con esa garra y visión que los convierte en triunfadores en lo suyo. Este es el caso de Luis Miguel Rodríguez, el creador y propietario de Desguaces La Torre, considerada la empresa más grande del sector en Europa.

Luismi, como le llaman sus numerosos amigos que pertenecen a todo tipo de estratos sociales y económicos, es hijo de un humilde agricultor y carece de estudios más allá de los básicos, pero quienes le conocen le atribuyen una inteligencia natural y una capacidad de observación y escucha que creen ha sido definitiva en su éxito como empresario.

“Luismi empezó de cero”, afirma alguien que le considera uno de sus mejores amigos pero prefiere permanecer en el anonimato, “es una persona muy amable, que siempre tiene ganas de escuchar y aprender de los demás. Y que nunca ha perdido la humildad ni el sentido del trabajo”. El detonante de su imperio de desguace de automóviles y reciclaje fue una película norteamericana sobre un taller de este tipo que le fascinó cuando todavía era un adolescente. Después llegó un golpe de suerte en forma de herencia familiar de unas tierras en la localidad madrileña de Parla, el lugar en el que nació y que nunca ha abandonado. Tenía 15 años, hambre de triunfo y necesidad. Una combinación que suele dar magníficos resultados si está bien gestionada.

Rodríguez, a quien se conoce como El rey de la chatarra o El chatarrero –apodos que aborrece porque considera que su negocio es mucho más que eso– decidió, pocos años después, utilizar el terreno para ir acumulando desechos. Hoy tiene 600 empleados, dicen que acumula una fortuna de 40 millones de euros y sigue siendo el primero en llegar al trabajo y el último en abandonarlo la mayoría de los días. “Todo el dinero que gano con mi negocio lo reinvierto para seguir creciendo, no tengo grandes casas ni barcos ni lujos extras”, dijo en una entrevista en 2015. “Todo está en el desguace”.

Carmen Martínez Bordiu y Luis Miguel Rodríguez durante la Corrida de la Prensa de 2016 en Madrid.
Carmen Martínez Bordiu y Luis Miguel Rodríguez durante la Corrida de la Prensa de 2016 en Madrid. GtresOnline

Hombre inquieto y sin ganas de conformarse con lo mucho que ya ha conseguido empezó su negocio en 10.000 metros cuadrados y ahora sus instalaciones ocupan más de millón y medio. Sueños cumplidos a los que también se ha sumado su Museo del Automóvil donde reúne coches históricos entre los que se encuentra el automóvil más antiguo de Madrid, con el número 11 en su matrícula, uno que perteneció al zar Nicolás II o el Audi blindado en el que iba José María Aznar cuando ETA atentó contra él en 1995.

Su anonimato mediático saltó por los aires en 2013 cuando se le comenzó a relacionar con Carmen Martínez-Bordiú, la nieta de Franco, de quien los mentideros afirman que Rodríguez tiene una estatua a tamaño natural. Su relación sentimental, con idas y venidas y ataques de celos incluidos, acabó cuatro años después, pero les sigue uniendo una amistad indestructible y ella ha llegado a reconocer que ha sido el hombre del que ha estado más enamorada.

“Es una persona buena, generosa, siempre dispuesto a ayudar a todo el mundo, simpático y muy campechano”, afirma un amigo. Características que, desde que se divorció de Asunción Fernández López, su esposa durante más de tres décadas y la madre de sus dos hijas, Marta y Victoria, le ha ganado fama de conquistador y mujeriego. “Me gustan las mujeres, sí. No lo veo un problema”, ha dicho en más de una ocasión.

Ahora vuelve a estar en el ojo del huracán porque “el amor es el motor que mueve la vida y cuando aparece, todo lo demás no importa”, ha dicho Rodríguez esta misma semana al ser preguntado por su nueva y reciente pareja, la diseñadora Ágatha Ruíz de la Prada. De ella dice que es “superatractiva, cariñosa y con gran sentido del humor”.

Pero no todo es color en la vida de este empresario que se gana el cariño de las féminas a base de conversación y detalles de romántico empedernido. Sus millonarias deudas con Hacienda nublan el arcoiris que le ha tirado encima Ágatha, según sus propias palabras. En 2015, según la lista de morosos de la Agencia Tributaria, debía 6.896.792 euros al fisco. En 2017 el montante había subido a más de 15 millones de euros.

Asesores legales que conocen la situación del empresario afirman que se trata de un procedimiento administrativo no penal. “Cuando se tiene dinero, bienes e intención de pagar no existe realmente un problema. Luis Miguel Rodríguez está haciendo un esfuerzo brutal por pagar”, afirman. “Se trata de un señor serio que ha conseguido una fortuna con su trabajo”, añaden. Y además a Ágatha Ruiz de la Prada le “encanta como recicla este tío”, así que el negocio no parece que le vaya a dar muchos problemas.