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Carmen Martínez-Bordiú a los 66 años: vive y deja vivir

La nieta mayor de Franco, fiel a su estilo, publicita a bombo y platillo su relación con un australiano 34 años más joven que ella

Carmen Martínez-Bordiú en una presentación de la firma Porcelanosa el pasado mes de junio en Madrid.
Carmen Martínez-Bordiú en una presentación de la firma Porcelanosa el pasado mes de junio en Madrid. Getty

Carmen Martínez-Bordiú se hartó pronto de vivir protegida y tutelada en la parte de atrás del Palacio del Pardo, la residencia oficial de su abuelo, el dictador Francisco Franco. Y probablemente, aunque ni siquiera lo haya pensado, esa infancia vigilada haya marcado su carácter para siempre. Entonces porque, según ella misma ha manifestado, “lloraba mucho porque no llevaba del todo bien tanta autoridad” y, después, porque se convirtió a su estilo en una rebelde que ha plantado cara a las convenciones sociales durante sus 66 años de vida. Su nuevo alboroto ha sido publicitar a bombo y platillo —exclusiva en la revista ¡Hola! de por medio— su última relación sentimental con un joven australiano de nombre Timothy Mckeague, coach emocional y 34 años más joven que ella.

Acostumbrada a ponerse el mundo por montera si el amor se cruza en su camino, a sus amigos no les sorprende esta nueva etapa de su vida. “Me extrañaría verla con un hombre mayor”, afirma una persona de su entorno, “porque no le pega nada. Carmen es muy positiva y alegre, especialmente cuerda porque tiene muy claro que lo que vale es el presente y que no le importa nada lo que piense la gente”. Mckeague —a quien conoció en la Costa Azul este verano mientras trabajaba con un amigo de Carmen— es un hombre muy tranquilo y observador, “que se nota que la admira. Un chico natural impresionado por una mujer mayor que conserva su atractivo y sensualidad”, añade la misma fuente. Según la descripción que hace de él Martínez-Bordiú en la revista del corazón, es otro estilo de espíritu libre que colaboraba en temas financieros hasta que decidió que lo suyo era viajar, meditar en Nepal, aprender terapias alternativas y convertirse en algo que ella define como un terapeuta de la felicidad.

Carmen Marínez Bordiú con Benjamin Rouget y Cynthia Rossi durante la comunión de su nieta, Eugenia de Borbón en abril de 2016, en Madrid.
Carmen Marínez Bordiú con Benjamin Rouget y Cynthia Rossi durante la comunión de su nieta, Eugenia de Borbón en abril de 2016, en Madrid. GTRESONLINE

Un don que parece haber trasladado a la vida de la mayor de los hijos del clan Franco, a la vista de lo contenta y rejuvenecida que dicen verla sus amigos. Aunque otros conocidos indican que lo que a ella le encantaría es que quien estuviera celoso fuera Luis Miguel Rodríguez, conocido como El Chatarrero por ser el propietario de Desguaces La Torre. El único hombre de quien Carmen Martínez-Bordiú afirma haberse enamorado a los 60 años y el único, también, al que no ha conseguido dominar, según aseguran quienes conocen su relación. En los últimos meses se les había vuelto a ver juntos compartiendo cenas, cine o espectáculos de flamenco, y Rodríguez ha sido el primer sorprendido por la noticia del nuevo hombre en la vida de Carmen, aunque él ni quiera volver con ella ni esté dispuesto a ningún tipo de compromiso.

Carmen Martínez Bordiu y Luis Miguel Rodríguez en los toros en mayo de 2016, en la plaza de Las Ventas de Madrid.
Carmen Martínez Bordiu y Luis Miguel Rodríguez en los toros en mayo de 2016, en la plaza de Las Ventas de Madrid. GTRESONLINE

Llegue a donde llegue esta nueva relación, quien fue capaz de plantar cara a los designios que soñó para ella su abuelo cuando se casó con Alfonso de Borbón o de decirle a su padre, el marqués de Villaverde, que podía hacer lo que quisiera con su herencia cuando no aceptó su nueva relación con el anticuario francés Jean Marie Rossie, deja claro que el qué dirán no va con ella. “Vive al día desde que murió su hijo Fran [fallecido a los 11 años en un accidente de tráfico]”, afirma un amigo, “y sus otros dos hijos [Luis Alfonso de Borbón, de 43 años, y Cynthia Rossi, de 32 años], están acostumbrados a no cuestionar la vida de su madre”. El resto le importa poco o nada.

Mientras, ella sigue alimentado el mito, apareciendo en portadas de revistas del corazón y acudiendo a eventos, sus dos fuentes de ingresos al margen de su patrimonio heredado. La discreción queda para el resto de sus hermanos —Francis, Mariola, Cristóbal, Jaime y Merry— quienes, después de unos años de juventud más expuestos, parecen haber decidido blindarse ante la opinión pública para dedicarse a sus negocios inmobiliarios desde la barrera.

Otras batallas de los Franco

Carmen Franco, la matriarca del clan, de 91 años, tiene otros frentes abiertos que nada tienen que ver con los amores de su hija mayor. El Ayuntamiento de Santiago de Compostela le ha requerido para que devuelva dos estatuas del Pórtico de la Gloria que el Gobierno local franquista entregó a su padre en los años sesenta contraviniendo el contrato con un dueño anterior que prohibía que las piezas saliesen de la ciudad. Este plazo voluntario finaliza el lunes 16 de octubre, según ha declarado Inés Dopazo, responsable de comunicación del grupo de gobierno del Ayuntamiento, y las autoridades ya trabajan en la vía judicial si las figuras no retornan a su ciudad de origen. Precisamente es donde se encuentran en la actualidad, cedidas como parte de la exposición Mestre Mateo, dedicada al artista de la Catedral de Santiago, y cuya clausura está prevista para febrero de 2018. "Queremos que las estatuas no vuelvan a salir de Santiago", ha afirmado una fuente cercana a este proceso.

Por otro lado, distintas instituciones estudian fórmulas legales para que el pazo de Meirás regrese a manos públicas sin que suponga coste alguno. Esta propiedad, ubicada en Sada (A Coruña), es parte de la herencia de Francisco Franco, quien la obtuvo a base de las donaciones forzosas de los vecinos. Las acciones encaminadas a su recuperación se han recrudecido después de que la familia haya sorteado, con distintas artimañas, las visitas públicas a Meirás que establece la ley. Visitas que hipotéticamente debía controlar y facilitar la Fundación Franco, por expreso deseo de los herederos del dictador.