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Aquarius: los símbolos importan, pero no bastan

El rasero de la nueva política migratoria de Sánchez se va a jugar en un tablero más amplio que el Mediterráneo

Matteo Salvini, Ministro del Interior de Italia y patriota. ETTORE FERRARI EFE

Es difícil exagerar la importancia de la decisión tomada esta semana por Pedro Sánchez con respecto al barco Aquarius. El rescate de más de 629 seres humanos tiene el valor absoluto de cada una de estas vidas. Pero además el Gobierno consigue de una tacada distanciarse tanto de la actitud agresiva del ejecutivo italiano, como del comportamiento huidizo de Rajoy durante años. Por eso el símbolo es imbatible.

El problema es que los símbolos son importantes, pero no suficientes. Como recordaba Peio Aierbe en el blog Migrados de este periódico, “(…) vienen más situaciones como esta. Presumiblemente, por desgracia, bastantes más”. El rescate de esta semana debe venir seguido de otros similares, de una política comprehensiva de integración y de una propuesta reformista para Europa en materia de asilo. La crisis humanitaria del Mediterráneo es un asunto crítico en el que Europa se juega sus valores, su ascendiente internacional y el andamiaje legal que con tanto empeño contribuyó a construir.

Yo quisiera ir todavía un paso más allá. La inmensa mayoría de quienes vienen a nuestra región son trabajadores y familiares que han llegado de forma regular, hacen una contribución socioeconómica irrenunciable y responden a pulsiones ajenas a este circo del control migratorio. Esta realidad se ve contaminada de forma intolerable por el miedo y la miopía política derivados de la crisis fronteriza. Igual que se ve contaminada la acción exterior de los Estados miembros, hasta un punto ridículamente contraproducente.

El verdadero rasero del nuevo gobierno va a estar en ese terreno amplio. Para empezar, la reunión del Consejo Europeo que tendrá lugar a finales de este mes puede dar un paso importante en la definición de una política migratoria común. La Agenda Europea de Migración propuesta por la Comisión en 2015 respondía a hipertrofia de los objetivos de seguridad y control que han marcado el paso de la UE durante estos años. Pero incluía también un cuarto eje esencial centrado en la movilidad legal y segura de trabajadores. De su éxito depende en buena medida el impacto de estos flujos en la reducción de la desigualdad global. Veremos si España quiere y puede desempolvar unas prioridades que llevan en el armario más de una década.

La segunda gran oportunidad del año está en las negociaciones de los pactos mundiales por las Migraciones y los Refugiados. Tras la presentación del primer borrador del texto en febrero de este año, continúan las conversaciones sobre un acuerdo que podría establecer los mimbres políticos e institucionales de una gobernanza global de la movilidad humana (lo explicaba ayer en este blog David Hojman). Estados Unidos abandonó hace meses este foro –como casi todos los demás–, pero el resto de los que cuentan está allí. El gobierno anterior nunca dijo nada, ni bueno ni malo, sobre el asunto. El de ahora está a tiempo de hacerlo.

Serenidad, hechos y cooperación: tres palabras imposibles de asociar a la estrategia migratoria de Europa y de sus líderes. Haría bien Sánchez, como han sugerido algunos, en adoptar modelos externos como el de Trudeau.

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