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El renacer de los hoteles legendarios

El patio andaluz de La Mamounia. Arriba, una de las suites del hotel.
El patio andaluz de La Mamounia. Arriba, una de las suites del hotel.
Alojamientos míticos del mundo se someten a reformas multimillonarias para actualizarse y reinventarse.

E L ACONTECIMIENTO más esperado del año es la reapertura, prevista para este verano, del hotel Crillon de París, un alojamiento mítico referencia del lujo y la elegancia. En sus estancias, habilitadas en un palacio de 1758 muy frecuentado por María Antonieta (curiosamente, sería guillotinada en la plaza de enfrente), se han alojado huéspedes ilustres como Orson Welles o Liz Taylor. En total se han invertido en su reforma 250 millones de euros. Fue iniciada en marzo de 2013 bajo la supervisión del arquitecto Richard Martinet y el equipo de Affine Design –firma especializada en la renovación de hoteles de lujo, responsable de la puesta al día de otro clásico de París, el George V–. La emblemática fachada y los grandes salones del Crillon mantendrán su esplendor histórico y se acompañarán de novedades como una gran galería en uno de los patios interiores y dos plantas subterráneas que acogerán instalaciones funcionales como las cocinas, pero también una piscina y un garaje. Según el proyecto del arquitecto, la intención es transformar el Crillon “en un palacio del siglo XXI”.

MARRAQUECH MESTIZO <strong>La Mamounia.</strong> Fue un encargo del sultán Sidi Mohammed ben Abdallah para el casamiento de su heredero, el príncipe Mamoun, en el siglo XVIII. Dos siglos más tarde, aquel sencillo parque de ocho hectáreas de olivares floreció de nuevo para el esparcimiento de los prebostes de la Compañía de Vías Férreas de Marruecos. Nacía, en 1923, el palacio hotelero de La Mamounia. Los arquitectos Henri Prost y Antoine Marchisio fueron los encargados de un proyecto con raíces marraquechíes y un estilo art déco insólito en el continente africano. De todas partes del mundo llegaron artistas y hombres de negocios. Winston Churchill le confesó a Franklin D. Roosevelt durante una puesta de sol: “La Mamounia es el lugar más encantador del mundo”. En 2009, después de tres años de trabajo y 120 millones de euros, el hotel reabrió tras una remodelación confiada al francés Jacques García. Un ejercicio de restauración hispanoárabe modélico. Los salones antañones encierran hoy molduras estilizadas y mobiliario vanguardista. Pero lo perdurable en la memoria sigue siendo el sabor de sus cocinas: francesa, italiana, mediterránea y marroquí, cuyas evocaciones culinarias perfuman la terraza de arabismo.
<p><em>Avenida Prince Moulay Rachid. Marraquech, Marruecos. +212 52 43 886 00. www.mamounia.com.</em></p>pulsa en la fotoMARRAQUECH MESTIZO La Mamounia. Fue un encargo del sultán Sidi Mohammed ben Abdallah para el casamiento de su heredero, el príncipe Mamoun, en el siglo XVIII. Dos siglos más tarde, aquel sencillo parque de ocho hectáreas de olivares floreció de nuevo para el esparcimiento de los prebostes de la Compañía de Vías Férreas de Marruecos. Nacía, en 1923, el palacio hotelero de La Mamounia. Los arquitectos Henri Prost y Antoine Marchisio fueron los encargados de un proyecto con raíces marraquechíes y un estilo art déco insólito en el continente africano. De todas partes del mundo llegaron artistas y hombres de negocios. Winston Churchill le confesó a Franklin D. Roosevelt durante una puesta de sol: “La Mamounia es el lugar más encantador del mundo”. En 2009, después de tres años de trabajo y 120 millones de euros, el hotel reabrió tras una remodelación confiada al francés Jacques García. Un ejercicio de restauración hispanoárabe modélico. Los salones antañones encierran hoy molduras estilizadas y mobiliario vanguardista. Pero lo perdurable en la memoria sigue siendo el sabor de sus cocinas: francesa, italiana, mediterránea y marroquí, cuyas evocaciones culinarias perfuman la terraza de arabismo.

Avenida Prince Moulay Rachid. Marraquech, Marruecos. +212 52 43 886 00. www.mamounia.com.

Su renovación es uno de los últimos ejemplos de una oleada de sonadas rehabilitaciones. El envejecimiento prolongado de un hotel de lujo acaba espantando a la clientela, sobre todo a la más joven, cuyos hábitos de viaje y aspiraciones distan mucho de las que movieron a sus mayores a la hora de elegir hotel. Cuando la pátina del tiempo se convierte en una carga no queda otra que romper, actualizarse, reinventarse. Y, además, sacudirse la fama de viejuno. Ha sido el caso de establecimientos emblemáticos como La Mamounia de Marraquech, hoteles de lujo que han necesitado inversiones millonarias para renacer como el ave fénix.

También en París abrió hace un año el hotel Plaza Athénée tras una rehabilitación de 200 millones de ­euros. Y hace dos años se inauguró en la capital francesa el ­Peninsula, fruto de la reforma del antiguo hotel Majestic, que costó 800 millones de euros. En Londres se está renovando actualmente el mítico Four Seasons, remozado a un coste de 90 millones de libras (unos 106 millones de euros) y cuya reapertura está prevista para este verano. El legendario Raffles, de Singapur, vuelve a inaugurarse esta misma primavera tras una inversión de 116 millones de dólares (unos 109 millones de euros). En Nueva York, siguiendo el ejemplo del hotel Plaza, el célebre Waldorf Astoria cierra estos días hasta dentro de cuatro años para resurgir como un complejo con apartamentos y un hotel de dimensiones más reducidas. La inversión alcanzará la friolera de 2.300 millones de dólares (unos 2.161 millones de euros).

El restaurante L'Espadon del Ritz de París.

En España, a la espera de que comience la reforma del Ritz de Madrid, la iniciativa más interesante se encuentra en la isla de Tenerife, donde un buen número de hoteles está transformando la categoría de sus instalaciones. Nada menos que 44 alojamientos asociados al lobby Ashotel han emprendido reformas que se unen a la construcción de ocho hoteles. La inversión alcanzará los 420 millones de euros y creará 1.900 empleos directos nuevos. En total, 24.230 plazas renovadas en establecimientos como el Jardines de Nivaria o el Iberostar Grand Anthelia, y nuevos como La Tejita, en Granadilla de Abona; Clansani, en San Miguel de Abona, o la Casona El Robado, en Puerto de la Cruz.