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“No vale con llevar máquinas si no hay para combustible”

El director del FIDA para América Latina insiste en trabajar a largo plazo y a escala local

Joaquín Lozano, director del FIDA para América Latina y el Caribe.
Joaquín Lozano, director del FIDA para América Latina y el Caribe. Giuseppe Carotenuto

Desde muy joven, el mexicano Joaquín Lozano ya ocupaba posiciones relevantes en la Administración federal de su país trabajando en políticas públicas para el desarrollo. "De siempre me gustó la actividad en favor de la causa social, y la formación siempre estuvo enfocada a ese tema", apunta el director para América Latina y el Caribe del Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA).

Y ¿qué es el FIDA? Pues es (junto a la FAO y el Programa Mundial de Alimentos), una de las tres agencias de Naciones Unidas con sede en Roma, es decir, una de las tres centradas en temas de alimentación y agricultura. "Pero nosotros no hacemos programas asistencialistas", aclara Lozano. "Ese no es nuestro mandato: somos una agencia financiera y los países se endeudan con nosotros" para poner en marcha programas de desarrollo rural. Esos proyectos suelen ser agrícolas, pero no solo, y aspiran a que los habitantes de zonas rurales pasen de subsistir con lo que producen a tener excedentes que les permitan obtener ingresos adicionales en su camino, "para dejar atrás la pobreza".

Aunque el FIDA no solo pone los fondos. También aporta asistencia técnica, cooperación Sur-Sur o lecciones aprendidas en otros lugares. Que a veces sirven, y otras no. "La ruralidad tiene que verse desde un enfoque cada vez más territorial y debemos adaptarnos no ya a la región o al país, sino al lugar concreto en el que intervenimos", sostiene Lozano. 

Y pone como ejemplo América Latina, la región de la que se ocupa. "Aunque son en su mayoría economías de renta media, las desigualdades tanto entre países como dentro de un país son muy grandes", indica. Lo que, en su opinión, debería llevara a revisar el concepto de país de renta media. "Esa categoría abarca de Brasil a Bangladesh, y mete en el mismo grupo a países pequeños y grandes, con instituciones más o menos fuertes, con problemas climáticos...", ilustra.

El cambio climático "que, insisto, no podemos dejar de lado" es (pobreza y desigualdad aparte) el gran reto para la región, y Lozano llama a adaptarse, y no solo mitigar. Para ello, hay que dejar de lado el toque alarmista y empezar a pensar a años o décadas vista, algo que no siempre es fácil cuando se trabaja con Gobiernos sujetos a los vaivenes electorales. "Esa es parte de nuestra labor, incidir en que adopten una visión a largo plazo independientemente del ciclo político". No es tarea fácil, confiesa, pero es vital porque "si solo atacamos la emergencia, iremos de emergencia en emergencia".

“Si solo atacamos la emergencia, iremos de emergencia en emergencia”

Por eso, ante la prisa de los Gobiernos, ante esa "buenísima idea que hay que implementar mañana", el FIDA trata de pasar el mensaje de la prudencia y evaluar el proyecto, sus costes y beneficios y si las comunidades están preparadas para llevarlo a cabo. Porque a veces, las prisas por inversiones mediáticas pueden acabar en fracaso. "Ha ocurrido que se han llevado máquinas y en las comunidades no sabían ni cómo encenderlas. O las llevaron, pero no había dinero para combustible. ¡Esas cosas suceden!". El también excoordinador para México del Banco Interamericano de Desarrollo cree que los proyectos diseñados desde un escritorio no sirven. Las comunidades tienen que participar en ellos, y el FIDA cada vez trabaja más con técnicos locales. "Muchas veces las soluciones las tienen en ellos. Solamente que no tenían los medios para ponerlas en práctica".

De hecho, hace autocrítica por haber estado demasiados años enfocados en su oficina central en Roma. "Eso está cambiando. Queremos incrementar nuestra presencia en el terreno, abriendo oficinas en los países, yendo a los sitios", asegura. Ese trato personal, según él, es clave para que las comunidades se impliquen en los programas. "No vale con poner el logotipo de la agencia, hay que ir allí para generar confianza, porque ellos también están invirtiendo su tiempo y arriesgando sus pequeñísimos recursos".

Esa, la de ir a los lugares y estar con los beneficiares, es una de las grandes satisfacciones que le aporta su labor. "Nuestro trabajo tiene caras. Detrás de todos estos mecanismos, políticas, planificaciones, instrumentos y discursos, hay gente". Y agradece que en un mismo día pueda estar con el presidente de un país y con los campesinos de una comunidad remota, "gente noble que te recibe con el corazón abierto. Eso es lo más bonito".

Junto a las satisfacciones, está la responsabilidad por el tamaño del desafío. Uno que tendrán que afrontar con decisión las nuevas generaciones, tanto urbanas como rurales. ¿Los ve Joaquín Lozano concienciados y preparados para ello? "Sin duda, las peticiones para trabajar con nosotros e involucrarse en programas de desarrollo son constantes", comenta. La importancia de que jóvenes de las zonas menos desarrolladas se involucren es capital. "Tienen que moverse. A veces se trata de mirar cosas que ya hacían sus abuelos y transformarlas en otras de mayor valor agregado que abran oportunidades", explica. Y que así no tengan que migrar obligatoriamente a las ciudades donde, por otro lado, podrían ser más pobres de lo que ya eran en el campo. El director del FIDA para América Latina insiste en que los programas que han dado oportunidades a los jóvenes de la región han sido "superexitosos". "Hay un apetito por implicarse en el desarrollo. Al menos yo lo veo".

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