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Aunque ya sea demasiado tarde

En 'La grandeza de la vida' (Tusquets), Michael Kumpf­müller sigue muy de cerca el amor entre Franz Kafka y Dora Diamant

Dora Diamant, en un retrato de 1921. Ampliar foto
Dora Diamant, en un retrato de 1921. Album

Esta es la historia de amor de un hombre de 40 años, que acaba de jubilarse y padece una grave enfermedad, y una joven de 25 que empieza a buscarse la vida. Se conocen durante unas vacaciones en Müritz, en la costa del mar Báltico. Él es torpe e inseguro, complicado: escribe un diario desde muy joven donde apunta observaciones como esta: “Soy una persona cerrada, callada, insociable y descontenta”. Ella, en cambio, es espontánea, natural, sencilla, abierta; trabaja en la colonia de vacaciones del Hogar del Pueblo Judío de Berlín. Se gustan cuando él la encuentra allí preparando un pescado, luego dan algunos paseos, se hacen carantoñas. El hombre, que viajó a Müritz para recuperarse de su dolencia en casa de su hermana, empieza a barruntar que quizá no sea aún demasiado tarde, que acaso pueda entregarse por fin a una mujer sin tantas reservas, y que quizá esa mujer sea aquella joven jovial y atractiva. Empiezan a hacer planes. Vivirán en Berlín, donde siempre quiso instalarse.

En La grandeza de la vida (Tusquets), Michael Kumpf­müller los sigue muy de cerca. Va contando lo que piensan y sienten, está atento a cada uno de sus movimientos, describe cómo pasan un largo tiempo, “fundidos en una especie de abrazo, pelvis contra pelvis, como una pareja”. Son los años veinte del siglo pasado, han pasado cinco desde la Gran Guerra, Alemania se ha llenado de refugiados del Este y muchos son judíos. La inflación es brutal. Hay hambre, hay violencia, florece el antisemitismo.

El hombre es Franz Kafka, la joven se llama Dora Diamant. Kumpfmüller ha reconstruido el último año del escritor, de julio de 1923 al 3 de junio de 1924, cuando murió de tuberculosis. No quedan muchos rastros de ese periodo. Parte de los cuadernos y escritos de aquellos días los quemó la propia Diamant a petición de Kafka y los que conservó se los quitaría la Gestapo. Kumpf­müller ha tenido la osadía de meterse en el interior de esa relación, con delicadeza y elegancia, para atrapar lo que duró un suspiro. El desafío de Kafka de vivir con una mujer y su precipitado final al que lo arrastra la enfermedad.

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