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El orgullo tras la higiene

El saneamiento de un mercado en Yamena y la construcción de letrinas marcan un hito en la vida en los barrios periféricos más afectados por el cólera

Vendedoras del mercado de Dembé en Yamena (Chad) manipulan el pescado
Vendedoras del mercado de Dembé en Yamena (Chad) manipulan el pescado.

Hay un antes y un después en la existencia de las vendedoras de pescado del mercado de Dembé en Yamena, capital de Chad. El antes se llama ignorancia, el después, formación. Una formación en higiene que a punto está de desterrar el cólera de sus vidas, y que ha elevado el nivel de orgullo del colectivo a cotas impensables hace solo dos años. Tan importante ha sido para ellas un modesto proyecto de la cooperación internacional que una quincena de trabajadoras de alrededor de 400 no duda en perder el sustento de una mañana laborable de septiembre para compartir su dicha. Y sus conocimientos.

“Hemos descubierto que lavarnos las manos con agua y jabón antes de manipular el pescado es importante para nuestra salud y la de los clientes”, explica Fibi Bourkou, la secretaria general de la Unión de Vendedoras de Pescado de Yamena. “Antes, en temporada de lluvias, había mucho cólera en los distritos seis y siete de la ciudad. En cuanto se puso en marcha el proyecto en 2013, se notó una disminución radical”, continúa. “La higiene ha cambiado por completo nuestras vidas. Y cuando digo nuestras vidas no hablo solo de la de las mujeres que trabajamos en la plaza, hablo de la de nuestras familias, de la de nuestros vecinos. Les hemos enseñado todo lo aprendido, lo aplican, y el beneficio se ha notado en todo el barrio”, dice con entusiasmo.

Fibi Bourkou, secretaria general de la Unión de Vendedoras de Pescado de Yamena. ampliar foto
Fibi Bourkou, secretaria general de la Unión de Vendedoras de Pescado de Yamena.

El mercado de Dembé era en sí mismo un brutal foco de contaminación. No había canalizaciones para drenar el agua sucia, ni palanganas para verter los desechos del pescado, que se arrojaban al suelo. Tampoco había costumbre de despejar las basuras del recinto ni letrinas públicas para evitar que vendedores y clientes defecaran al aire libre, hábito bastante extendido en los depauperados barrios periféricos de Yamena.

Oxfam Intermón, en colaboración con las autoridades municipales, la Agencia Intergubernamental Agua y Saneamiento para África (EAA por sus siglas en francés), y la Célula de Enlace e Información de Asociaciones de Mujeres en el Chad (CELIAF) —que integra a más de 700 agrupaciones— entendieron que actuar en este recinto era capital si querían frenar la incidencia de la enfermedad de la basura que, antes de iniciarse el proyecto, afectaba a 17.000 personas en la capital y ahora, aseguran, a nadie que ellos tengan constancia. Fue todo uno, formar a las vendedoras en higiene y en manipulación y conservación del pescado, construir retretes, colocar contenedores para los residuos fuera de la lonja y caer el cólera en picado.

“Hay otra cosa importante para nosotras", añade Bourkou. Antes, si no habíamos vendido todo el pescado por la mañana teníamos que seguir trabajando hasta la noche. Ahora que conocemos la técnica para conservarlo en perfecto estado, nos podemos ir a casa”.

La secretaria general de la Unión de Vendedoras de Pescado de Yamena está sentada sobre una alfombra que este grupo de mujeres ha dispuesto frente al suelo embarrado de un mercado en construcción. Es la lonja en la que trabajarán en un futuro no muy lejano. La instalación, parte esencial de este proyecto, debía estar ya lista, pero se ven poco más que los cimientos y para ellas es importante que no se demore. Una vez se inaugure, cada una dispondrá de un espacio propio donde vender los productos del río Chari —ahora no todas lo tienen— y no se verán así obligadas a trabajar esquivando a la policía municipal.

Bravo Agiambe es beneficiario de una letrina ecológica en Yamena. ampliar foto
Bravo Agiambe es beneficiario de una letrina ecológica en Yamena.

La cita es en este lugar porque ha sido imposible celebrarla en Dembé. Lo han prohibido las autoridades por razones de seguridad después de que la secta islamista Boko Haram perpetrara en julio, precisamente en un mercado, uno de sus ataques más sanguinarios dentro del país. Pero un vistazo rápido desde el coche revela que la salubridad de las instalaciones es francamente mejorable.

El saneamiento de Dembé y la construcción del nuevo mercado es solo una de las tres patas de Wash Urbain, un proyecto de más de dos millones de euros, financiados en un 75% por ECHO, la agencia de ayuda humanitaria y protección civil de la Comisión Europea, para compensar los desequilibrios generados en los últimos años en los barrios periféricos de Yamena por el éxodo rural, que han hecho a la población más vulnerable a las enfermedades de origen hídrico. “Hay un problema de disposición de los edificios, de posicionamiento de las casas, que hace que sea difícil sacar la basura y redireccionar el agua fuera”, explica Djibrine Mbang Hadji, uno de los responsables de la iniciativa. “Entonces, cuando exploramos la zona para diseñar el plan, decidimos dar prioridad a las letrinas”.

La segunda pata del proyecto es precisamente esa: la construcción de 400 letrinas en una zona en la que las pocas que hay no cumplen unos mínimos para evitar el riesgo de contaminación. Están construidas con materiales endebles y por debajo del nivel del suelo. Y el problema es que cuando llueve, rebosan.

Wash Urbain, que en tres años y medio prevé beneficiar en su conjunto a 20.000 personas, contempla la instalación de dos tipos de letrinas, 50 de ellas ecológicas con el fin último de emplear los desechos humanos como abono para la agricultura.

"No fue fácil encontrar familias dispuestas a instalar en su casa este tipo de retretes", dice Kamilah Morain, responsable del proyecto. "Muchos las rechazaron por razones de cultura, de religión. Para ellos es tabú manipular la orina y los excrementos", afirma.

El aumento de la densidad en la periferia de Yamena ha vuelto a la población más vulnerable a enfermedades hídricas

Bravo Agiambe, estudiante de Historia en la Universidad de Yamena y cabeza de familia de 16 personas, no dudó en prestarse voluntario a participar en esta experiencia piloto que la Agencia Intergubernamental Agua y Saneamiento para África, con sede en Ouagadougou (Burkina Faso), ha ensayado en 32 países de África —financiado por la cooperación suiza y la Fundación Bill & Melinda Gates— y que ahora pone en marcha en Chad en colaboración con el Instituto Chadiano de la Investigación Agronómica.

Desde hace unos meses, este hombre tiene en el exterior de su vivienda un retrete que separa la orina y las heces, desechos que se recogen y son trasladados a la planta de Gassi, donde se meten en bidones separados. "Se ha demostrado que en los países calientes basta un mes en estos tanques para que la orina sea apta para utilizar en agricultura", explica Barry Oumar, delegado de EAA en Chad. Han plantado en 225 metros cuadros berenjenas, maíz y gombo. Y lo han hecho por partida doble. Una de las zonas se cultiva a la manera tradicional, la otra, que luce más verde y lustrosa, con la orina.

"Esta actividad tiene mucho valor añadido", dice Morain. "Estamos en un país donde no hay tratamiento de desechos humanos y donde con este sistema podemos recuperarlos y transformarlos en material que puede ser utilizado para la agricultura", continúa. "Mucha gente vive de los cultivos, ¿pero qué pasa cuando no hay suficiente agua o la tierra no está muy fértil?, se pregunta. "Esto puede ser una cadena de revalorización. Una familia puede vender sus desechos a un agricultor, el uno tendrá ingresos y el otro rendimiento, mejores cosechas y más dinero. Es un sistema por el que todos ganan".

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