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ESTE DOMINGO EN LA REVISTA

Las huellas de Félix

Este domingo, 'El País Semanal' recorre y se presenta ante espacios, especies de fauna y personas marcados por el gran naturalista español

Algunos entornos que deben su conservación al gran naturalista.

Las Tablas de Daimiel están rebosantes de agua (“como nunca”, dicen algunos del lugar) y en las hoces del río Riaza nidifican en estos momentos más de 500 parejas de buitres leonados. La visita a estos parajes de Ciudad Real y Segovia, respectivamente, sirven para recuperar la memoria de Félix Rodríguez de la Fuente, para comprobar que su legado sigue vivo en buitres, nutrias, lobos, hoces, riscos, alisedas, humedales, páramos y gente, sobre todo gente. Este domingo, El País Semanal recorre y se presenta ante espacios, especies de fauna y personas marcados por la huella de Félix, quien un 14 de marzo de 1980, hace 35 años, murió lejos de todos estos lugares, en un accidente de avioneta, filmando una carrera de perros con trineos en Alaska. Justo el día que cumplía 52 años y poco después de presentar ante los reyes y el presidente del Gobierno la Estrategia mundial para la conservación de los recursos vivos.

Que las Tablas de Daimiel estén protegidas y hayan mejorado su aspecto hídrico, que se haya multiplicado por diez la población española de buitre leonado, que Cabrera sea parque nacional y que no se construyera una macro-urbanización en el pinar de la Albufera de Valencia se debe en parte a la labor emprendida desde la radio, la televisión, los periódicos y las enciclopedias por el considerado como “amigo de los animales”. También se visita su lugar de nacimiento, Poza de la Sal, en Burgos, lugar de sus primeras andanzas naturalistas e incluso de sus primeros escarceos como divulgador, ante sus compañeros de pandilla.“Yo soy biólogo gracias a Félix, y cada semana devoraba los fascículos de la enciclopedia Fauna, que me costaban 25 pesetas”. Juan Carlos Blanco, biólogo y miembro del grupo de especialistas del lobo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, es uno de las personas que recalan en las páginas de El País Semanal y que reconocen el legado del divulgador y naturalista. Blanco se hizo biólogo por Félix, pero también otros se vieron impulsados, gracias a sus palabras y sus imágenes, a la secretaría general de importantes ONG, a la dirección de parques nacionales y a la guardería mayor de espacios naturales.

Yo soy biólogo gracias a Félix, y cada semana devoraba los fascículos de la enciclopedia 'Fauna', que me costaban 25 pesetas”

Algunos los mayores, ya retirados, reconocen que antes de que irrumpiera Félix en sus vidas perseguían a las alimañas, lobos y buitres incluidos, “hasta que llegó él y nos enseñó lo bueno que hacían en el campo”. Su hija, Odile Rodríguez, también ha recogido el testigo al frente de la fundación que lleva el nombre de su progenitor y aunque su figura no estuvo exenta de críticas (excesiva manipulación de animales en los rodajes y cierta connivencia con el poder) recuerda que “rechazó cargos políticos que le ofrecieron tanto Alianza Popular como UCD e incluso se quitó de en medio para que algunos se pusieran medallas con logros suyos”. Pero sobre todo incide en los puentes que ayudó a tender su padre entre la naturaleza y las personas, entre El Hombre y la Tierra, y apostilla que, a pesar los éxitos obtenidos gracias a su legado, “nos falta asumir que tenemos una naturaleza que no tiene nadie en Europa y que es nuestra verdadera ‘marca España’”.

Quizá esta falta de compromiso y sensibilidad sea la culpable de que el mismo día que se homenajeará a Félix Rodríguez de la Fuente en el 35 aniversario de su muerte, la Junta de Castilla y León sacará a subasta la caza en varios espacios protegidos de la región de su animal fetiche, de aquel que simbolizó como ninguno su lucha por la conservación de la naturaleza: el lobo. Es el momento de escuchar el aullido libre del cánido salvaje en memoria de Félix, no su agonía tras sufrir varios disparos.

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