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Entrevista a ewout frankema

“Si las economías no se diversifican, África se arriesga a entrar recesión”

El catedrático en Historia Económica repasa las claves del crecimiento del continente durante las últimas dos décadas, a ritmos superiores al 5% de su PIB

El profesor Ewout Frankema, en la fundación Ramón Areces de Madrid en enero de 2015. Ampliar foto
El profesor Ewout Frankema, en la fundación Ramón Areces de Madrid en enero de 2015.

¿Cuál es la idea general que tiene de África la sociedad? Ewout Frankema, catedrático de Historia Económica de la universidad de Wageningen (Holanda), señala la imagen que un proyector dibuja sobre el fondo blanco del salón de actos de la Fundación Areces, en Madrid. Se distinguen las portadas de influyentes revistas y periódicos, como The Economist, Time o Der Spiegel que retratan un continente sin esperanza. "Esto expresa la idea de que África es pobre y siempre lo será", asevera Frankema. "Pero para mostrar lo rápidamente que las percepciones pueden cambiar, aquí tienen unos titulares actuales", indica el catedrático a los asistentes a su charla "¿Está Africa saliendo de la pobreza?". En la pantalla, esas portadas han cambiado y ahora otras inundan la sala con mensajes positivos: "África crece", "África puede", "África, abierta para negocios". Todas hablan de surgimiento, de despegue. Un despegue que es palpable: la región ha crecido a ritmos superiores al 5% de su PIB de media durante la última década y alberga a una clase media formada por unos 200 millones de personas.

Ewout Frankema inicia su conferencia pidiendo que se aplique perspectiva a largo plazo para saber lo que realmente está ocurriendo en un país o en una región, en vez de dejarse llevar por percepciones cambiantes. ¿Cómo se comporta África? ¿Es esta la primera fase de una transición hacia el crecimiento? Estos son algunos interrogantes que plantea el catedrático. Y formula una advertencia: las tasas de crecimiento actuales de la región no son nuevas, pues los países africanos crecieron antes, en los años cincuenta y sesenta eran igual de altas que ahora, y durante los siglos XVIII y XIX también lo hizo. "En realidad, vivimos la recuperación de un periodo de crisis de unos 20 años durante el que las tasas fueron negativas", asevera. "No es tan sorprendente: después de un largo periodo de depresión, cuando se toca fondo, lo único que se puede hacer es mejorar".

Pero África no es África y ya. Es un continente formado por 54 países, 55 si se cuenta el Sáhara. No se debe generalizar cuando se habla de sus realidades pero, para Frankema, sí es posible enumerar algunos patrones que no han influido igual en todos los países pero sí lo han hecho en la mayoría. "Todos han estado sumidos en una prolongada depresión económica entre los años setenta y noventa, y la mayoría han demostrado un despegue económico en las dos últimas décadas; se ha dado un crecimiento y una contracción. Lo mismo ha ocurrido con los ciclos de violencia: Hay muchas diferencias entre unos y otros pero todos ellos muestran similitudes. También es un factor común que, salvo Liberia y Etiopía, todos fueron colonizados y eso afectó a la manera que la región se ha desarrollado", asegura en una entrevista previa a su conferencia.

Vivimos la recuperación de un periodo de crisis de unos 20 años

En el crisol de circunstancias que conforman la región, hay algunos Estados que han sorprendido más que otros. Etiopía, que aunque es uno de los más pobres, ha crecido a ritmos superiores al 10% de su PIB y ha realizado cambios muy profundos gracias a las inversiones chinas. O Ruanda, que vivió una situación pésima en los años noventa a causa del genocidio de los tutsis a manos de los hutus. "Angola, que tiene petróleo, es otro ejemplo, y va a resultar interesante ver cómo evoluciona su economía porque los precios del crudo han caído mucho en los últimos meses, de 150 dólares el barril a solo 50. Habrá que ver cómo la economía del país continua su crecimiento sin tantos beneficios.

Otros, como Sudán del Sur, el país más joven del mundo, tienen peor pronóstico. "Soy bastante pesimista porque, por ahora, es un Estado que no funciona y hay muchos conflictos violentos que pueden reactivarse una y otra vez. Es un país de terratenientes con muchos recursos minerales y petróleo por explotar, y este interés puede recrudecer la violencia"; indica el catedrático.

África es un continente que acoge a 877 millones de habitantes, pero su PIB fue de 1318 billones de dólares en 2013, según el Banco Mundial, es decir, la suma de los de dos países pequeños como Suiza y Holanda, con una población inferior al 3% de la africana. Esto significa que, aunque está creciendo a un ritmo dos veces por encima del de las economías desarrolladas, su papel en la economía mundial no es aún relevante. "Su rol es de proveedor de materiales, pero África también es capaz de atraer inversiones, hay mucho capital buscando ser invertido en el mundo y el continente es capaz de tomarlo. Así lo demuestra el informe del Banco Mundial Doing Business 2015, uno de los principales indicadores a nivel mundial que ofrece datos comparativos en tiempo y espacio sobre las condiciones que ofrecen economías del mundo para hacer negocios. Según este documento, el 74% de los países africanos realizaron en 2013 al menos una modificación en sus sistemas legales para mejorar el clima de negocios.

El continente aún depende de otros países, pero de una manera diferente a cuando estuvieron colonizados entre 1880 y 1960, un periodo corto si se compara con la colonización de los países latinoamericanos por parte de España, que duró tres siglos, ejemplifica Frankema. "Dependen mucho de las inversiones chinas o de la ayuda exterior, y sin ella tendrían graves problemas financieros", afirma. "Muchos dependen de los precios que consiguen para comprar bienes en el mercado mundial y de la fluctuación de este. Por ejemplo, el precio del petróleo o del cobre les afecta mucho". Ante este escenario, la clave está en no centrarse en explotar un solo recurso: "Mientras las economías africanas no se diversifiquen, correrán el riesgo de entrar en recesión", sentencia el catedrático, y cita ejemplos de lo que no se debe hacer: "Angola, Nigeria, Chad, Ghana... En ellos el petróleo es el rey, pero los otros sectores de su economía son poco competitivos; es una gran amenaza".

Dependen mucho de las inversiones chinas o de la ayuda exterior, y sin ella tendrían graves problemas financieros

Otro factor igual de importante a la hora de alcanzar la prosperidad es que los Estados africanos aumenten su capacidad de imponer impuestos a los ciudadanos para poder invertir más en recursos públicos como educación, sanidad o infraestructuras. "Si los gobiernos no consiguen obtener impuestos, no pueden proveer de esos recursos a la sociedad y eso es malo porque no crea sensación de ciudadanía. La gente que paga impuestos crea una responsabilidad al Estado porque quiere saber qué pasa con su dinero, y así es como las relaciones entre este y la sociedad se fortalecen".

El catedrático repasa algunos de los peligros que lastran un crecimiento mayor de la región. La fuga de cerebros, por ejemplo, que vacía África de trabajadores cualificados. Esto se puede solucionar de dos maneras: una es mediante una política de intervención que consiste en que otros países decidan no tomar ventaja de las habilidades de los africanos. "Pero no lo veo porque harían falta muchas acciones coordinadas". Otra que sí hace al profesor ser más optimista es que las tendencias cambien: "Hay muchos portugueses cualificados trabajando en Angola porque su país está en crisis y allí hacen más dinero. Esto te da una indicación de cómo las relaciones entre Europa y África podrían cambiar de repente".

Otro riesgo al que se enfrenta el continente es que crezca la desigualdad, como ocurre, precisamente, en Angola, donde el 43,4% de su población vive con menos de un euro al día cuando Luanda, su capital, es considerada la más cara del mundo. "Fenómenos como el cambio climático, la inseguridad política, la violencia... todo puede afectar. "Los efectos del calentamiento global son muy difíciles de predecir, pero es una amenaza, desde luego. Si hablamos de guerra y violencia, seguimos viendo conflictos étnicos, islamismo radical, movimientos como Al Shabab en Somalia, Boko Haram en Nigeria o las rebeliones tuareg en Malí, pero si observamos la evolución de los conflictos desde hace 20 años a ahora, la realidad es que la situación es mucho mejor que entonces".