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Cómo afecta el paso del tiempo a sus órganos íntimos

Los años no pasan en vano para ninguna parte de nuestro cuerpo, tampoco para los genitales femeninos

Escena de la serie 'Masters of sex'.
Escena de la serie 'Masters of sex'.

"La vagina no muerde", avisa Virginia Johnson, pionera en la terapia sexual moderna, en uno de los capítulos de la serie americana Masters of sex. Y aunque dicha afirmación no aporta nada que no sepamos, deja claro lo poco que hombres y mujeres sí sabían entonces, en los años 50, del asunto. Y, por qué no, seguramente también refleja un gran desconocimiento en la actualidad de esta parte de la anatomía femenina.

“Al igual que cada cara es única, nuestros genitales también lo son”, afirma, contundente, la coach y periodista Sylvia de Béjar en las páginas del libro Tu sexo es aún más tuyo. Pues bien, si rostro, ojos y manos son partes originales y reconocibles de nuestro cuerpo que cambian con la edad, con los genitales no es diferente. “Es crucial que las mujeres entiendan que la fisiología y la anatomía de su vagina cambia a lo largo del tiempo para cuidar bien de ella y de su higiene, especialmente cuando se acerca la menopausia”, opina la doctora Miranda Farage, investigadora en la Clínica de Ciencias Femeninas de la Compañía Procter & Gamble de Ohio (EE. UU.).

En uno de sus artículos científicos, Farage detalla cómo la morfología y la fisiología de la vulva (órganos sexuales femeninos externos) y la vagina (el conducto membranoso que va de la vulva a la matriz) se alteran con los años, en respuesta a los procesos hormonales que acompañan cada etapa. “Los cambios más importantes están relacionados con la pubertad, la menstruación, el embarazo y la menopausia”, enumera la experta.

Le invitamos entonces a dar un paseo por la vida de los genitales femeninos, pero siempre teniendo en mente la gran diversidad que existe entre las vulvas y vaginas de las mujeres del mundo. Por ejemplo, “hay labios mayores de mil y una versiones: gruesos, no tanto, finos, algunos con mucho vello púbico, otros con escaso y de una tonalidad distinta al cabello", escribe de Béjar: "La mitad de las mujeres apenas tiene labios menores y la otra mitad los tiene más largos que los mayores, incluso muchas tienen un lado que sobresale más que el otro”. Así que dentro del abanico que abarca la normalidad de formas, tamaños y colores, en general, la biografía de los genitales femeninos transcurre así:

De bebé (primer mes de vida)

Al nacer, los efectos de los estrógenos maternos (hormonas femeninas) todavía se reflejan en los genitales del bebé, que presenta unos labios mayores de la vulva rechonchos que se volverán más finos a las cuatro semanas. Los labios menores están completamente desarrollados y los folículos pilosos y glándulas sebáceas restarán inmaduros hasta la pubertad. Durante las primeras 24 horas de vida, la vagina del bebé será colonizada por baterías productoras de ácido láctico (Lactobacillus sp.) y evolucionará durante el primer mes de vida hasta tener un pH neutro o alcalino.

Infancia (hasta los 8 años de edad)

Los genitales femeninos cambian de apariencia en respuesta a la presencia de las hormonas sexuales, cuya producción no se activa hasta la pubertad, por lo que durante la infancia no hay cambios relevantes.

Pubertad (de 8 a 15 años)

Durante esta etapa, los genitales se preparan para su función reproductora y adquieren sus características de madurez. Aumentan los depósitos de grasa de los labios mayores de la vulva y del Monte de Venus (almohadilla adiposa del pubis), la piel se vuelve más rugosa y el clítoris más prominente. “El desarrollo del vello púbico pasa por cinco etapas”, detalla Farage en Topical Applications and the Mucosa (Current Problems in Dermatology. De su ausencia pasamos a la aparición de pelos dispersos en la parte central de los labios mayores y del Monte de Venus. Después, aumenta el grosor y la dureza del vello, que se extiende hacia los laterales. El crecimiento del pelo continúa hasta lo que serán las esquinas superiores del triángulo maduro y, finalmente, se adquiere el patrón adulto con un margen horizontal típico por encima del Monte de Venus y con una cobertura que abarca desde los labios mayores hasta los muslos.

En esta etapa también se desarrollan los caracteres sexuales secundarios, como el aumento del tamaño de los senos y el vello en las axilas, y empieza la menstruación. “Desde la aparición del vello púbico hasta el desarrollo de los senos y la menarquia (primer sangrado vaginal) suelen pasar unos cuatro años”, detalla Farage. La vagina y el cérvix aumentan de tamaño y el flujo vaginal se vuelve más ácido debido a que cambian las poblaciones de microorganismos que la habitan y mantienen su buena salud.

Edad reproductiva (de los 15 a los 50 años, más o menos)

Los cambios de esta etapa responden sobre todo al embarazo y al parto. Durante la menstruación, suceden transformaciones, como el aumento el pH de la vagina, pero de forma leve. Además, la definición de un microbioma vaginal sano o insano aún no ha sido definido, científicamente, con claridad. Especialistas como el doctor Antonio Requena, director médico de la clínica de medicina reproductiva IVI, no recomienda ir más allá de una higiene cotidiana y básica, "para que no se altere el equilibrio y aparezcan infecciones".

Durante el embarazo, sí hay cambios más evidentes, como la coloración de la vagina y la vulva, que se intensifica al aumentar el riego sanguíneo en la zona. Y aunque las alteraciones físicas que la vagina experimenta durante el proceso de gestación y parto son poco menos que dramáticos (el tamaño del útero se multiplica hasta por diez, la vagina se dilata para dejar paso al bebé, los desgarros o episiotomías son el pan nuestro de cada día…), entre seis y 12 semanas después del parto, la forma y las dimensiones de este órgano interno suelen haberse restablecido.

Como añade Farage, durante las décadas de los 20, 30 y 40, “también puede haber cambios asociados al peso de la mujer, a las prácticas higiénicas que tengan, a enfermedades de transmisión sexual y otras patologías crónicas de la piel [como el liquen, que altera el área genital] o a la cirugía cosmética”.

Menopausia (a los 50 años, aproximadamente)

La menopausia es el cese de la menstruación y sucede cuando la producción de estrógenos decae. En las mujeres de las sociedades occidentales industrializadas suele ocurrir a los 50 años de edad. Los cambios físicos más aparentes de esta etapa, con respecto a los genitales, son la aparición de canas en el vello púbico y una disminución de su densidad, la pérdida de grasa subcutánea en los labios mayores y menores de la vulva y la atrofia de la mucosa vaginal. Esto último, de hecho, le sucede al 40%-55% de las mujeres, según explica Farage, y se trata de una afección en la que la mucosa se vuelve fina y seca. "La lubricación se reduce, pudiendo provocar dolor o incomodidad durante el coito; y el pH vaginal se incrementa, y con él la probabilidad de infecciones urinarias", detalla.

¿Qué se puede hacer? “Los ejercicios Kegel (movimientos de contracción voluntarios destinados a fortalecer los músculos pélvicos tras el parto) pueden ayudar a reducir problemas de incontinencia que acompañan a la atrofia vaginal, y el uso de lubricantes aporta alivio a ciertos síntomas. También se pueden aplicar cremas hormonales para restaurar el tejido vaginal, pero siempre bajo una supervisión médica que evalúe los riesgos y beneficios de este tratamiento y el historial médico de la paciente”, concluye la investigadora.

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