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Anne Wojcicki, la millonaria que vive como una pobre

Ahorradora compulsiva, la empresaria y exmujer de Sergey Brin prefiere las multas a pagar el párking y nunca pide bebida ni postre en los restaurantes

Anne Wojcicki, en una entrega de premios celebrado el pasado noviembre en California.
Anne Wojcicki, en una entrega de premios celebrado el pasado noviembre en California.

Nació y se crió en Palo Alto, una de las localidades más prósperas de Estados Unidos, pero en una casa en la que no había derroches. Ser hija de profesores -la madre de Secundaria, y el padre, emérito en la Universidad de Stanford- hizo de Anne Wojcicki una ahorradora compulsiva, acostumbrada a vivir rodeada de ricos pero sin su nivel de vida. Ahora podría pasar por una residente más del Valle, si no fuese porque su exmarido es el cofundador de Google, Sergey Brin. Ella también tiene su empresa, 23andMe. Bióloga, de 41 años, dirige una compañía valorada en 57 millones de dólares (unos 46 millones de euros) dedicada a analizar el ADN de cualquier persona por menos de 30 dólares con solo dejar una muestra de saliva en el algodón de un bastoncillo. Se envía de vuelta a su laboratorio y en una semana se recibe un estudio detallado con consejos sobre estilo de vida y propensión a sufrir enfermedades.

Anne Wojcicki, sin embargo, vive con una frugalidad extrema. Tanto que llama la atención por ello. En una reciente entrevista con The Sunday Times explicaba su devoción por los productos gratis. Tanto que se puso enferma tras ingerir casi un litro de zumo de zanahoria en la oficina. Se trataba de una de las cortesías típicas del mundo de la tecnología para mantener sanos y contentos a los empleados. Ella lo achaca a su madre, a verla toda la vida aprovechándose de cualquier muestra de producto que pudiera conseguir. También confiesa que mantiene la costumbre de hacerse un presupuesto mensual del que no se sale.

Entre las manías confesables de esta excéntrica millonaria se encuentra no pedir ni bebida en un restaurante, solo la jarra de agua que se ofrece como cortesía, ni postre. ¿El motivo? Sabe que es donde los hosteleros tienen un margen mayor. No sería mayor problema si no fuese porque obliga a seguir su norma si se comparte mesa con ella. Esto incluye a sus dos hijos, de ocho y tres años.

Hermana de Susan Wojcicki, consejera delegada de YouTube (en el puesto número 12 de las mujeres más poderosas del mundo, según Forbes), de todas las medidas de ahorro extremo de Anne hay una que ha terminado por soliviantar a los vecinos de un pueblo en el que impera la tranquilidad. A partir de patrones matemáticos que ella misma ha estudiado, ha llegado a la conclusión de que le sale mucho más rentable no pagar los parquímetros y saldar las consiguientes multas a poner siempre el tique. Según sus análisis, la suma de las multas anuales es inferior a poner dinero cada vez que aparca. Toda una revolución en un lugar en el que impera el sentido cívico y no sobresalir dentro de la comunidad.

Anne Wojcicki no es la única rica de la familia. Su exmarido, aunque siguen legalmente casados (la boda se celebró en 2007), pero en la práctica separados, es Sergey Brin, cofundador de Google. Cuenta con el 8% de las acciones de su invento, y su fortuna personal se estima en más 22.700 millones de dólares. Una separación consecuencia del culebrón del año pasado, cuando él inició una relación con la empleada Amanda Rosenberg que, a su vez, era novia del brasileño Hugo Barra, líder de Android, hasta que se desveló la relación con el cofundador. Rosenberg, su nueva pareja, era conocida por ser modelo de Google Glass. El desenlance hizo que Wojcicki se quedase con los hijos y la casa, sin separación legal. Brin se mudó con su nuevo amor y Barra hizo las maletas para fichar por Xiaomi.

En Silicon Valley la broma es común. Insisten en que creó su empresa para corroborar que, en efecto, su ADN es especial, tanto como que tendría, según la leyenda urbana, la misma secuencia que el de Scrooge, el avaro personaje de Cuento de Navidad de Dickens.

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