Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra

El discreto encanto de Jessica Chastain

Vegana y un punto rebelde, es una de las actrices más aplaudidas de Hollywood

Un fetiche para grandes directores, Al Pacino fue su mentor sobre las tablas

Tras perseguir a Bin Laden en la ficción, ahora retoma su vertiente más ‘indie’ en el cine

La actriz estadounidense Jessica Chastain. Ampliar foto
La actriz estadounidense Jessica Chastain.

Se levanta el telón. En el escenario, un grupo de niños entona canciones sobre las vacaciones. Las letras celebran el conejito de Pascuas y la importancia de compartir con los demás. Cunde el amor, los padres en platea se conmueven y Jerri Chastain disfruta de su hija Jessica, que ocupa justo el sitio delante del micrófono. Sin embargo, algo turba el idilio: uno de los pequeños no parece comprender del todo el mensaje. De acuerdo con la hermandad, pero ¿y la fama? “En cuanto empezamos a cantar agarró el micrófono y me lo quitó. Yo lo recuperé. Y él volvió a cogerlo. Ahí estábamos, con siete años, cantando sobre la solidaridad y robándonos el micro. Mi madre me contó que todos los padres se echaron a reír”, rememora Jessica Chastain.

He aquí la primera actuación que la intérprete (Sacramento, 1977) recuerde. Y, a la vez, una precoz lección sobre el ego en su profesión: “Aprendí pronto a no dejar que nadie se llevara mis papeles”. A esta convicción la actriz añade otra, con ecos que van de Epicuro al karma, y que parece regir su existencia: “Pienso que todo tiene que ver con el equilibrio. Si siento demasiada positividad, creo que algo negativo va a pasar pronto. Por eso no me gusta celebrar mucho. A lo bueno le sigue lo malo y viceversa”. Es, al fin y al cabo, la misma superstición que la lleva a un ritual cuando sube a los aviones: primero los toca por fuera y luego ha de pisar la entrada con los dos pies a la vez.

En su vida, esa teoría se ha vuelto práctica. Y a ese fracaso escolar siguieron muchos triunfos. Chastain se fue ganando la gloria que no pudo tener aquella noche, tanto que hoy es una de las actrices más admiradas de Hollywood. Y ahora presenta en España el enésimo trabajo de un currículo que cada año crece con al menos dos o tres películas: La desaparición de Eleanor Rigby, que se estrena el 3 de octubre.

El filme, que compitió en la sección Una cierta mirada en Cannes (donde se celebró esta entrevista), atesora varias historias. La sinopsis, a priori sencilla, habla del sueño roto de una pareja de enamorados. Pero la realización desvela un proceso más complejo, que precisó de años. Al menos diez desde que Chastain y Ned Benson se conocieran en la universidad y seis desde que el director propusiera a la actriz ser Eleanor en la que iba a ser su primera película: la vida de un chico que rompe con el amor de su vida. Chastain aceptó, pero planteó que el filme también contara la separación desde el punto de vista de la chica. Nacieron así un segundo guion y, básicamente, un segundo filme. Resultado: La desaparición de Eleanor Rigby se puede ver en las versiones Él y Ella. O ambas, por un total de más de cinco horas.

Sin embargo, también por las presiones del distribuidor Harvey Weinstein, Benson acabó montando una tercera película. Se trata de una suerte de resumen de dos horas, más fácil de vender para Weinstein, y que es el que se estrena en las salas de España, a la espera de ofrecer en Internet Él y Ella. Chastain, que es productora del filme, llegó a declararse “cabreada”, aunque ahora se limita a decir que prefiere las dos versiones separadas.

Chastain, en un momento del espectáculo 'Salomé'. ampliar foto
Chastain, en un momento del espectáculo 'Salomé'.

Lo cierto es que La desaparición de Eleanor Rigby es un nuevo regreso de la actriz a las producciones indies. “Me gusta trabajar con creadores que aún no han pegado el pelotazo”, cuenta. De hecho, su trayectoria alterna a menudo películas con grandes nombres (El árbol de la vida, de Malick, o La noche más oscura, de Bigelow) con otras de directores apenas conocidos: véase Jolene o Take shelter. La actriz que muchos críticos consideran la más brillante de su generación puede permitirse el lujo de escoger. De ahí que sorprendan las dificultades que afrontó en sus comienzos, cuando conseguía pocos castings y menos papeles. Entre otras cosas, Chastain lo atribuye a su look “poco convencional” y a su rebeldía: “Al principio obtienes pruebas para papeles basados en tu apariencia física. Y la mía… bueno, ya sabe, no soy superalta o superdelgada. Un par de veces me pidieron que me tiñera el pelo de rubio y me negué. Creo que afronté una especie de lucha sobre cómo encajar en la industria”.

Enfundada en un vestido verde, la actriz se muestra risueña. Se lanza a hablar en italiano –“Piacere, ¿come stai?”, fruto de su relación con el empresario Gian Luca Passi de Preposulo–, bromea sobre la facilidad con la que olvida enseguida toda habilidad que aprende ante la cámara (como, por ejemplo, tocar el bajo) y explica que se acaba de abrir un perfil en Twitter e Instagram. Sin duda, cuesta reconocer en esta mujer a la que el día anterior canceló de repente las entrevistas que le quedaban, al parecer por cansancio. Curiosamente, por esa misma razón hace años se volvió vegana: “No tenía energías. Un doctor me recomendó comer así durante dos semanas. Y me sentí mucho mejor, incluso más feliz. Pasado ese tiempo fui a un restaurante, me pedí un risotto con pescado y volví a estar mal. Así que dije: ‘OK, soy vegana”.

Un par de veces me pidieron que me tiñera el pelo de rubio y me negué. Afronté una lucha sobre cómo encajar en la industria”

Un cambio tan radical como el que sufrió su carrera. Porque, a fuerza de chocar contra puertas cerradas, a Chastain se le abrió un portal en 2006. Tras licenciarse en 2003 en la Juilliard School de Nueva York (con una beca financiada por el fallecido Robin Williams), la actriz se encontraba encadenando apariciones en series como Urgencias y Veronica Mars con papeles teatrales menores. Y así seguía cuando recibió una llamada que cambiaría su vida. Y, de paso, confirmaría su teoría de lo bueno y lo malo.

Resulta que Su Majestad Al Pacino la quería para Salomé, ambiciosa producción teatral basada en la obra de Oscar Wilde que el intérprete iba a dirigir y protagonizar. Incrédula, le preguntó a su agente cómo había sido posible. Marthe Keller, amiga de Pacino, la había visto sobre las tablas y había animado al actor a ficharla. Pacino se convirtió en su “mentor, casi un segundo padre”, a la vez que la obra pasó a ser la primera película de Chastain. El actor decidió representar el espectáculo por las noches y rodar un filme sobre la misma historia y un documental de todo el proceso.

Chastain con James McAvoy, en un fotograma de 'La desaparición de Eleanor Rigby'. ampliar foto
Chastain con James McAvoy, en un fotograma de 'La desaparición de Eleanor Rigby'.

Por las peculiares leyes del tiempo y la distribución, ambas películas se estrenarán en las salas solo este año. Mientras, Chastain ya ha conquistado el firmamento del cine. Nominada dos veces al Oscar (mejor actriz secundaria por Criadas y señoras y protagonista por La noche más oscura), ha interpretado madres normales y agentes del Mosad, ha perseguido a Bin Laden y lidiado con un marido presa de delirios apocalípticos. Hasta le ha dado tiempo a sufrir las famosas tijeras de Terrence Malick, que eliminó en fase de montaje su personaje en To the wonder. La actriz se ríe: “Me lo esperaba. ¡Ni siquiera estaba en el reparto! Fui al rodaje a saludar y me dijo: ‘Tienes que participar’. Así que escribió de cero un personaje y me quedé dos días”.

De todos modos, Malick dio también un espaldarazo a la carrera de Chastain. Porque en 2011 pocos conocían todavía a esa pelirroja que acompañaba a Brad Pitt y Sean Penn por la alfombra roja de Cannes para la proyección de El árbol de la vida. Pero el filme ganó la Palma de Oro y ese mismo año Chastain monopolizó las salas: estrenó Criadas y señoras, Take shelter, La deuda y Coriolanus. Fue otro punto de inflexión en su carrera.Por fin todo cinéfilo la conocía. Y la mayoría la aplaudía.

Si la gente dice algo bonito sobre mí, no siento que sea cierto. A veces tengo dificultades para escuchar los cumplidos”

Ante el aluvión de consensos, la actriz se defiende: “Si la gente dice algo bonito sobre mí, no siento que sea cierto. A veces tengo dificultades para escuchar los cumplidos. Si alguien me apoya, quiero sentirme bien con ello y no decepcionarle. Espero que no vaya un día a ver uno de mis filmes y piense: ‘¿Cómo pude creer en esa chica?”. Entre esta oda a la humildad –“tengo dudas sobre mi trabajo todo el tiempo”– y su estribillo de que lo malo siempre le sigue a lo bueno, es fácil entender su estajanovismo: “Intento hacer todas las películas que puedo”.

En el fondo, la teoría ya funcionaba cuando Chastain era una adolescente. A los 15 años estaba con un novio más joven, que ella consideraba inferior, “fuera de su liga”, según contó al Daily Beast. Pero el tipo la dejó, con un tacto encomiable: “Quiero salir con otra gente”. Lo malo llegaba con toda su fuerza: Chastain lloró y lloró, ya que ella misma se define como “un pozo sin fondo de lágrimas”. Y, sin embargo, a los cuatro días el joven volvió con ella y hasta le grabó una casete. Había sobre todo temas de los Beatles. Definitivamente, lo bueno.

Podría ser que la fatídica caída, si llegara, fuera estrepitosa. Porque Chastain sube cada año un peldaño más hacia el Olimpo. En enero de 2013 fue la primera mujer en medio siglo en protagonizar las dos películas líderes en la taquilla de EE UU (Mamá y La noche más oscura). Y este año todo apunta a que volverá a estar nominada al Oscar, ya sea por La desaparición de Eleanor Rigby (que presenta también estos días en San Sebastián), La señorita Julia, A most violent year o por la superproducción de Christopher Nolan Interstellar. “Suelo escoger las películas por los directores, pero si te llama Nolan, ni pides el guion. Normalmente, leo el papel y me planteo si es distinto respecto a lo que ya he hecho. Como actriz quiero desafíos”.

Fiel a esa regla, ha dicho sí también a Guillermo del Toro para Crimson peak (se verá en 2015)y ha aceptado ser Marilyn Monroe en Blonde, de Andrew Dominik. Al principio no estaba muy interesada, pero entre su pasión por el director y el libro de Joyce Carol Oates en el que se basa el filme, se dejó convencer: “No es una biografía. El objetivo es una metáfora de lo rubio en la sociedad, en Hollywood, y de cómo ella acabó devorada. Me parece interesante en esta época en la que vemos que el cine está dominado por los hombres”.

En Cannes, donde tan solo una vez una directora ha ganado una Palma de Oro, este último asunto fue pan de cada día. Chastain se muestra firme: “Si miras las estadísticas, hay muy pocas cineastas y guionistas. Y las películas que se ruedan, escritas por hombres, apenas tienen protagonistas femeninas. Hay que empezar por ahí, somos la mitad de la población y hay que incluirnos en esas historias”. Y añade un alegato sobre mujeres como Viola Davis que a su manera de ver tienen muchas menos oportunidades de las que merecerían: “Si para una mujer blanca es difícil, para una negra lo es aún mucho más”.

En muchas entrevistas Chastain ha elogiado a otras intérpretes; la última, Scarlett ­Johansson, de quien dijo no entender a qué esperan para ofrecerle un papel protagonista en una de superhéroes. Chastain ha declarado a The Guardian que ella también querría un filme así: “He estado cerca en un par de ocasiones [rechazó Iron man 3]. El problema es que si lo hago, no quiero ser la novia, no quiero ser la hija. Quiero llevar el maldito traje con una cicatriz en la cara y con escenas de lucha”.

Una vez más, la actriz demuestra amar todo tipo de cine. De hecho, asegura que acude a las salas –al Angelika Theater, cerca de su casa en Nueva York– al menos dos veces a la semana. De ahí que su diagnóstico sobre el futuro del cine sea esperanzador: “Creo que las salas nunca desaparecerán”. Por una vez, no hay espacio para lo malo.