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EDITORIAL

Cien días de discordia

Las reacciones destempladas de Maduro alejan cualquier solución a la grave crisis venezolana

Nicolás Maduro se dispone a celebrar mañana, por todo lo alto, sus 100 días en la presidencia de Venezuela. Sin embargo, instalado en una línea de confrontación permanente, el heredero de Hugo Chávez no ha logrado construirse en estos meses una imagen de gobernante, si no ya legítimo, sí por lo menos creíble.

Lejos de buscar una salida a la grave crisis política abierta tras las cuestionadas elecciones del 14 de abril, el Gobierno se afana por achicar los espacios a una oposición que crece incluso entre las antiguas bases chavistas, asediando a sus dirigentes con procesos judiciales, desatando una caza de brujas entre empleados públicos sospechosos de simpatizar con Henrique Capriles y cerrando los espacios en los medios y en la propia Asamblea Nacional.

La misma pauta destemplada aplica en el exterior. El reciente incidente con el avión del presidente boliviano, Evo Morales, provocado por la torpeza inaceptable de varios Gobiernos europeos y resuelto, como no podía ser menos, por la vía diplomática, dio pie a Maduro para arremeter contra Mariano Rajoy, al que llamó “indigno” y “abusador”. Esta misma semana se ha referido al presidente español como “corrupto” y “padrino político de la derecha fascista venezolana”. Lo mismo ha dicho de Barack Obama. Y acaba de romper el diálogo abierto con EE UU después de que la nueva embajadora ante la ONU, Samantha Power —a quien llamó “loca”— aludiera a la represión en varios países, entre ellos Venezuela. En su corto mandato no han faltado tampoco graves tensiones con Perú y Colombia. Las reacciones desproporcionadas de Maduro suelen encontrar el silencio por respuesta, lo cual podría interpretarse como que, finalmente, los líderes internacionales prefieren ignorar a su homólogo venezolano como se esquiva a un vecino pendenciero. Y eso resulta muy poco alentador.

Venezuela se halla en una situación calamitosa. Con una devaluación del bolívar del 172%, una caída del 13% en las ventas petroleras, una inflación acumulada del 25% y un desabastecimiento generalizado, la potencia petrolera está en bancarrota. El inicio de negociaciones con el sector privado es de las pocas buenas noticias en estos 100 días, en los que se registró, además, una media de 42 asesinatos diarios. Esta realidad exige de Maduro algo más que declaraciones altisonantes y denuncias de conspiraciones. Sobre todo si quiere ser tomado en serio. Dentro y fuera.

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