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Cartas al director

Cien y mil veces Gabo

Afortunadamente para sus lectores, Gabo no acabó como pianista anónimo que ameniza una romántica velada de enamorados. Hubiera sido un desperdicio y no creo que el sonido de las teclas lograra acallar todo lo que su mente contenía: las palabras se agolpaban como un torrente y devinieron en una de las obras cumbre de la literatura. Así, sin premeditación; con la inseguridad y humildad de los grandes, de los que no se mueren de éxito y necesitan ir más allá. Así lo muestra la carta dirigida a su amigo y escritor Plinio Apuleyo, con el que conservó la amistad a prueba de malentendidos políticos. Además, Gabo ha sido más que un constructor de lirismos; nos ha dejado ar­tículos brillantes, manifestó que “aunque sufra como un perro”, para él este oficio era el mejor del mundo. Le importaba la veracidad y cómo hacerla llegar al lector. Noticia de un secuestro aúna con maestría y respetuosa austeridad el periodismo escrito y la novela. Todo ello desde el compromiso social y político, porque Gabriel García Márquez también es un buen hombre. Extraordinario artículo de Juan Cruz –‘Cien veces Gabo’– y maravillosas fotografías.

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