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España acorta su histórica brecha educativa: “Sin estudios solo hay trabajo en hostelería, y es precario”

El porcentaje de jóvenes que completan la secundaria postobligatoria aumenta en 19 puntos, y el abandono escolar temprano cae 18 desde 2008, aproximando a España a la media de la UE

Gregorio Quiros
Gregorio Quirós, de 23 años, que dejó los estudios en Bachillerato, los retomó tiempo después, en el instituto público La Janda, en Vejer de la Frontera (Cádiz), el viernes.Fernando Ruso

Mientras el debate educativo se centra en el choque político y la resaca del informe PISA, España sigue recortando distancias para convertirse en un país educativamente normal para los estándares europeos. En los últimos días, se han conocido dos datos importantes al respecto. De un lado, el abandono escolar temprano ―el porcentaje de jóvenes de 18 a 24 años que cuentan, como mucho, con el título de la ESO, y no están estudiando―, que en 2008 alcanzaba un dramático 31,7% (cuando en el conjunto de la Unión Europea era del 14%), volvió a reducirse en 2023 hasta quedarse en el 13,6% (el 9,6% en la UE, aunque en este caso el dato va retrasado y corresponde a 2022). Del otro, el porcentaje de jóvenes de 20 a 24 años que han completado, al menos, la secundaria postobligatoria, esto es, el Bachillerato o un ciclo de FP de grado medio, ha alcanzado el 79,1%, lo que supone un aumento de 18,8 puntos desde 2008 (el incremento en la UE ha sido, entre ese año y 2022, de 4,9 puntos, hasta el 83,6%).

“España ha protagonizado en lo que va de siglo un progreso mucho mayor, en términos de abandono y otras variables educativas, que casi todos los países de su entorno”, dice Alonso Gutiérrez, responsable del gabinete de estudios de la federación de Enseñanza de Comisiones Obreras. “Ello se debe en gran medida a que partía de una posición muy desfavorable, pero también a que se está haciendo lo que se tiene que hacer”, afirma. El propio informe PISA, que reflejó un retroceso en matemáticas y comprensión lectora que ha llevado al Gobierno a anunciar un plan de refuerzo, permite una lectura en dicho sentido. Como en la evaluación que organiza la OCDE cada tres años ni los exámenes ni los estudiantes que se presentan a ellos son los mismos, las interpretaciones sobre los avances y retrocesos resultan problemáticas (salvo cuando son muy abultados). Ese es el motivo por el cual acaba primando la comparación entre países; el lugar donde se sitúa cada uno en cada oleada de PISA con relación al resto. Y en ese sentido, pese a todo, la prueba no le fue mal a España, que, seguramente como consecuencia de su mejor respuesta educativa a la pandemia, se situó por primera vez en las medias de la UE y la OCDE.

Gutiérrez advierte, con todo, que quedan retos muy importantes, como la brecha territorial: en Navarra y País Vasco el abandono está en el 6%, mientras en Baleares y Murcia alcanza el 19%. “En esas diferencias intervienen factores históricos y socioeconómicos muy difíciles de paliar por el sistema educativo, como la especialización de los territorios en actividades vinculadas al turismo y la hostelería. Por ello necesitamos seguir aumentando las becas y las ayudas de forma que esos chicos y chicas vean más atractivo quedarse en el sistema educativo que ponerse a trabajar”. El responsable de Comisiones, que es profesor de secundaria, también considera crucial abordar los problemas de la FP de grado medio, que concentra buena parte del abandono, y no entiende que, siendo así, dicha etapa se haya quedado fuera del plan de refuerzo del Gobierno.

La mejora del nivel educativo viene produciéndose de forma sostenida como resultado de elementos sociales, económicos y de política educativa. En el arranque del siglo, cuando, además de la hostelería, la burbuja inmobiliaria actuaba como un potente polo de atracción para jóvenes sin cualificación, el abandono escolar temprano se mantuvo por las nubes: en 2002 se situaba en el 30,9% y en 2009, también. La crisis que comenzó entonces, y en particular el hundimiento del sector de la construcción, extendió la conciencia social sobre la importancia de contar con formación. Un dato revela cómo ha cambiado el perfil formativo que demanda el mercado de trabajo. En 2007, casi un tercio de los jóvenes había abandonado la escuela de forma temprana, pese a lo cual el 71% de ellos tenía empleo. Ahora, solo el 13,6% ha abandonado, y de ellos están ocupados menos de la mitad.

“Da igual la experiencia que tengas, sin título te quedas fuera”

“Salvo en la hostelería, si no tienes estudios, encontrar algo es prácticamente imposible. Y la hostelería es un trabajo muy honrado, pero muy sacrificado y poco valorado salarialmente, precario”, dice el gaditano Gregorio Quirós, de 23 años, que se dejó el Bachillerato a medias, trabajó de camarero y ahora, después de acabar un grado superior de FP, ha empezado a preparar las oposiciones de bombero. Miguel Bouza, gallego, de 48, que abandonó el BUP hacia el cambio de siglo, cuando era fácil encontrar empleo de soldador sin formación reglada, y el año pasado se matriculó en un ciclo de FP dual, añade: “Las ofertas de trabajo son cada vez más por internet, no hay tanto contacto directo como antes. Y ya de entrada te piden un ciclo medio o superior. Si no lo tienes, por mucha experiencia que tengas, lo normal es quedarte fuera”.

La pandemia trastocó indicadores de todo tipo. En abandono educativo temprano, por su especial impacto en sectores como la hostelería, provocó en 2021 una bajada de 2,7 puntos ―solo igualada por la que generó en 2010 la crisis financiera―. Un año más tarde, en 2022, se produjo un rebote de seis décimas. Quedaba la duda de saber si en 2023 volvería a aumentar o retomaría la tendencia descendente, como ha sucedido, con una caída de tres décimas. Algunos expertos ven difícil que, con el porcentaje actual, del 13,6%, España alcance el objetivo de abandono del 9% fijado por la UE para 2030. Entre otras cosas porque, como afirma Ismael Sanz, profesor de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos, cuanto más bajo es el porcentaje más arduo se vuelve seguir reduciéndolo. Quedan siete ejercicios para la meta y España tendría que acortarlo en 4,6 puntos. En los siete años anteriores lo redujo 4,7. Y en los siete anteriores, 9,2. En el Ministerio de Educación confían en que varias de las medidas puestas en marcha en los últimos cursos ayuden a cumplirlo, como el incremento de plazas de Formación Profesional y de las becas, así como las mayores facilidades que los estudiantes tienen para titularse, a través por ejemplo de la recuperación de los itinerarios de diversificación curricular, que adaptan los contenidos para los chavales que van mal.

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Sobre la firma

Ignacio Zafra
Es redactor de la sección de Sociedad del diario EL PAÍS y está especializado en temas de política educativa. Ha desarrollado su carrera en EL PAÍS. Es licenciado en Derecho por la Universidad de Valencia y Máster de periodismo por la Universidad Autónoma de Madrid y EL PAÍS.
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