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La guerra fría de la aceituna

Agrosevilla, cooperativa formada por más de 4.500 agricultores, pide un esfuerzo político para que EE UU levante los aranceles

Recogida de aceituna en una de las cooperativas que forman parte de Agrosevilla.
Recogida de aceituna en una de las cooperativas que forman parte de Agrosevilla.
María Fernández

Manzanilla, hojiblanca, cacereña, gordal... las aceitunas son uno de los símbolos gastronómicos del país, y en determinados mercados gozan de cierto reconocimiento, a pesar de que en los últimos tiempos las olivas sufren por la sequía, las barreras arancelarias o la persistente inflación.

Como potencia aceitunera, España cuenta con importantes grupos. Uno de los mayores es Agrosevilla, formado por 12 cooperativas que representan a más de 4.500 agricultores. Es, a la vez, una organización atípica: con una capacidad anual de procesamiento de más de 40 millones de kilos, su facturación agregada supera los 181 millones de euros pero apenas vende en España. “Generamos más de 60.000 jornales de cosecha cada año y exportamos a más de 72 países de todo el mundo”, resume Julio Roda, su gerente. “Exportamos el 95%, somos el primer grupo exportador de aceituna de mesa española”. Fundada en 1977, Agrosevilla tiene tres mercados de referencia: los países árabes, especialmente Arabia Saudí, EE UU e Italia. En Europa sus ventas están muy consolidadas, es más difícil crecer, y en cambio ven un gran recorrido a la expansión por Asia y Australia. Con un resultado de explotación que representa un 13% de la cifra de negocio y un beneficio neto de unos dos millones, los sustos comerciales de los últimos años les han hecho repensar su estrategia.

“En Estados Unidos la categoría de aceituna negra ha caído un 80% desde la imposición de los aranceles. Eso ha mermado el volumen y la rentabilidad, la operación es mucho más cara ahora. Además, hay que añadir “gastos de defensa” para explicar al departamento de Comercio estadounidense por qué creemos que la imposición de aranceles es injusta”. Cinco años después del anuncio se abre ahora un proceso de revisión de aquella decisión tomada por el expresidente Donald Trump. “La parte demandante, la industria de EE UU de transformación de aceituna, va a seguir en su reclamación, y mientras la voluntad política de la UE no haga presión esta situación se mantendrá. Esa presión es un trabajo que tiene que hacer la Administración española, tenemos una oportunidad muy buena con la presidencia de España en la UE, este tema tiene que estar incluido en la agenda”. Sin embargo, la solución se hace esperar. Bruselas anunció en julio que volverá a llevar a EE UU a la OMC por no haber eliminado la barrera del 35% a la aceituna negra española, a la vez que busca una “solución amistosa”.

En cambio hay otros horizontes quizá más prometedores. Los cooperativistas están encontrando un desarrollo interesante en Asia. “Corea del Sur se ha convertido en el cuarto país de destino de nuestra aceituna. China está empezando a ser más relevante, aunque el consumidor no está muy acostumbrado al sabor de la aceituna”. También Australia. “ La crisis de la pandemia y el incremento de los costes del transporte impactaron mucho en la rentabilidad, pero tenemos que hacer un esfuerzo”, cree Roda. En Latinoamérica, su mejor cliente está en Brasil. El 60% de su distribución la realizan con marcas propias, como Coopoliva, y el resto procede de la fabricación para terceros, normalmente cadenas de supermercados locales. El aceite, un producto que ha sufrido en España agresivas alzas de precio, es residual en su cuenta de resultados. Y no está en sus planes ampliar la elaboración del oro líquido. Eso sí, puntualiza el directivo: “El aceite y la aceituna de mesa tienen una correlación. La demanda de aceite influye en el precio de la aceituna”. Cree, no obstante, que el cultivo no está en peligro, porque pasarse a la producción aceitera no es tan sencillo. “La tradición del cultivo de olivo para la aceituna de mesa es fuerte. El agricultor está haciendo sus deberes, entiende perfectamente cuál es la necesidad de futuro, la transformación de un cultivo tradicional de secano a un cultivo intensivo de regadío”. En cuanto a los formatos, Agrosevilla utiliza olivas en infinidad de preparaciones: trabajan con unas 3.500 referencias, un inventario gigantesco. En La Roda, su fábrica transforma unos 80 millones de kilos al año y da empleo a 450 personas.

Campaña tocada

La cosecha media en España de aceituna de mesa alcanza las 550.000 toneladas. El año pasado fueron 420.000, apunta el directivo, y la previsión de que la presente campaña mejore la pasada es incierta. ¿Tendrán que acostumbrarse a cantidades más reducidas? “Esperemos que no”, suspira Roda, pero no oculta que, recolectando unas 400.000 toneladas, “España tiene un problema serio”, porque tiene competidores muy importantes en Egipto, Marruecos, Turquía, Grecia. “Las previsiones a futuro es que las situaciones de sequía se puedan agudizar, pero el agricultor está dando los pasos para paliar esta situación”. Sin embargo no podrá sin un plan hidrológico que redistribuya el agua, cada vez más escasa. “Hay zonas que van a sufrir. Hay que tener una visión común, que tiene que dar una solución común a un problema global. Las soluciones partidistas o de corto plazo no son soluciones. Es un problema profundo, estructural, que necesita un consenso y una visión de largo plazo”. Para eso, abogan por cierto nivel de concentración, porque las cooperativas tienen tamaños muy dispares. Les ofrecen, dice, una “visión de futuro para el olivar, de largo plazo”. Y esto pasa por dar acceso a esos 72 países de exportación. Pero también quieren reorientar sus esfuerzos para vender en España. Con una deuda de 1,5 veces el ebitda, “asumible y a largo plazo”, tienen la vocación de incrementar su capacidad productiva un 20%. Aunque están muy enfocados en la crujiente hojiblanca, su intención es expandirse hacia las variedades manzanilla y gordal. Y todo ello pensando en desarrollar frutos más resistentes a una climatología adversa y por momentos abrasadora.

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Sobre la firma

María Fernández
Redactora del diario EL PAÍS desde 2008. Ha trabajado en la delegación de Galicia, en Nacional y actualmente en la sección de Economía, dentro del suplemento NEGOCIOS. Ha sido durante cinco años profesora de narrativas digitales del Máster que imparte el periódico en colaboración con la UAM y tiene formación de posgrado en economía.

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