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Argentina modera en mayo la subida de la inflación

Los precios aumentaron 3,1%, tres décimas menos que en abril pasado y 1,6 puntos menos que en marzo. El IPC interanual se mantiene en 57,3%

Puesto de venta de frutas y verduras, en Buenos Aires.
Puesto de venta de frutas y verduras, en Buenos Aires. AP

La inflación argentina empieza a perder ferocidad. Los precios aumentaron un 3,1% en mayo, según el Instituto Nacional de Estadística (Indec), y la tasa interanual se mantuvo en el 57,3%, pero lo que en otros países y en otras circunstancias sería muy alarmante, resulta casi tranquilizador para una economía que en abril sufrió una inflación del 3,4%, y en marzo llegó al 4,7%.

El gobierno de Mauricio Macri esperaba un dato como el registrado y confía ahora en que junio confirme la tendencia a una suavización del alza de precios, con un resultado inferior al 3%. Los renglones que más contribuyeron en los pasados meses al rebrote de la inflación, alimentación y energía, parecen controlados, con subidas inferiores al 2,5%, y la relativa estabilidad del peso frente al dólar constituye una gran ayuda.

En mayo, el principal factor inflacionario fue, según casi todos los analistas, la firma de numerosas paritarias o convenios colectivos, lo que supuso un aumento de los salarios y en algunos casos el pago de atrasos. Eso estimuló puntualmente la demanda de servicios como la salud.

Tras el relativo éxito en la lucha contra la inflación, casi fuera de control desde la devaluación de abril de 2018, aparecen las contrapartidas: unos tipos de interés superiores al 70%, una política presupuestaria brutalmente restrictiva que ha causado una recesión, y la pérdida de poder adquisitivo de los salarios. La austeridad presupuestaria está destinada a durar más allá de este año, porque la devolución de los 57.000 millones de dólares prestados en septiembre por el Fondo Monetario Internacional exige un superávit primario al menos hasta 2023. A no ser que el gobierno que surja de las elecciones presidenciales y generales de octubre logre renegociar las condiciones establecidas en su momento con el Fondo, o simplemente se niegue a pagar.

El FMI sigue jaleando a Macri y cree que, por primera vez en un año, aparecen algunos indicios esperanzadores. “Vemos señales de que la recesión puede estar cediendo y se espera una recuperación gradual en los próximos meses”, dijo el portavoz de la organización, Gerry Rice, para quien el “desafío” de la inflación debería también hacerse menos inquietante en el futuro próximo.

La política contribuye a la relativa calma. La candidatura presidencial del pragmático Alberto Fernández, con Cristina Fernández de Kirchner como aspirante a la vicepresidencia, y el hecho de que el presidente Mauricio Macri haya elegido como compañero de fórmula al peronista conservador Miguel Ángel Pichetto, se interpretan como signos de moderación.

Desde hace semanas, los bonos argentinos se están apreciando y el riesgo país baja poco a poco. El mayor peligro de desestabilización permanece ahora, según los analistas, en las Letras de Liquidez (Leliq) con las que el Banco Central retira pesos del mercado. En promedio, hay aproximadamente un billón de pesos (unos 22.000 millones de dólares) depositados en Leliq, con rendimientos por encima del 70%. Si por alguna razón, como el temor a un determinado resultado electoral, gran parte de ese dinero huyera de las Leliq y se volcara en la divisa estadounidense, se registraría una nueva devaluación brusca.

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