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La inflación de abril, del 3,4%, da un respiro al gobierno de Mauricio Macri

El registro oficial del IPC pone en evidencia una bajada con respecto al 4,7% de marzo

Mauricio Macri el martes, durante el velatorio en el Congreso del diputado oficialista Héctor Olivares.
Mauricio Macri el martes, durante el velatorio en el Congreso del diputado oficialista Héctor Olivares. Reuters

El gobierno argentino recibe, por fin, una buena noticia: la inflación subió un 3,4% en abril. En otras circunstancias, el dato sería bastante malo. Pero después del 4,7% de marzo, y con un aumento interanual del 55,8%, el registro de abril supone un alivio e indica, sobre todo, que los renglones más rebeldes, como alimentación y energía, empiezan a mostrar una tendencia más tranquila. Mauricio Macri sabe que su reelección depende de los precios. La noticia le da un respiro.

A Macri le hacía falta que asomara algún rayo de esperanza. La tremenda derrota frente al peronismo en las elecciones de la importante provincia de Córdoba, los signos de que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner se apresta a correr de nuevo hacia la Casa Rosada, con una popularidad elevada, y las disensiones internas dentro de su coalición Cambiemos constituían señales muy preocupantes para su candidatura.

Los analistas privados esperaban una inflación de un mínimo del 4% en abril. El gobierno confiaba en que fuera un 4% o menos. Nadie había pronosticado un descenso tan agudo de la aceleración de los precios, casi desbocados desde hace un año. El primer trimestre se cierra con un 15,2 por ciento nada alentador, porque de mantenerse el mismo ritmo en el resto del año llevaría a una inflación similar a la de 2018. El dato de abril, sin embargo, confiere credibilidad a las previsiones gubernamentales, según las cuales la batalla contra el alza de los precios empezaría a dar frutos y la tendencia a la baja sería clara a partir de mayo. El objetivo oficial es del 40% en 2019.

Salvo por un repunte estacional de los precios en ropa y calzado, esperable con la llegada del frío, lo demás aparece más o menos contenido. El jefe de la misión del Fondo Monetario Internacional en Buenos Aires, Roberto Cardelli, afirmó el martes que “lo peor ya pasó”, en referencia a la crisis que sacude Argentina, aunque siguieran existiendo “riesgos” y fuera necesario “mantener la disciplina”. El FMI prestó en septiembre pasado 57.000 millones de dólares a Argentina, en la mayor operación crediticia formalizada por el organismo de Washington.

El presidente del Banco Central, Guido Sandleris, aprovechó el relativamente buen dato de abril para comparecer ante la prensa, cosa que no hizo en meses anteriores, cuando las cifras dañaban la credibilidad del gobierno, y afirmó que la inflación seguiría "desacelerándose a lo largo de lo que resta de año". Subrayó que la depreciación del peso había sido inferior, en el primer cuatrimestre, al crecimiento de los precios, y consideró que eso constituía una señal de que se estaba consiguiendo "una cierta estabilidad cambiaria".

La política antiinflacionaria del gobierno de Macri ha llevado los tipos de interés por encima del 70% y ha causado una recesión profunda. Las ventas de productos de la llamada “canasta básica” (alimentos, bebidas, artículos de higiena personal y de limpieza) llevan tres años a la baja, casi todo el mandato del actual presidente, y se da por seguro que 2019 será el cuarto consecutivo. En el mejor de los casos, la baja de este año rondará el 1,5%; en el peor, el 4%. Eso es consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo de los salarios a causa de la inflación. El sector más perjudicado por la caída de las ventas es el pequeño comercio, que ha perdido el 10% de su negocio en los primeros cuatro meses de este año.

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