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Los países del Norte bloquean las reformas de la eurozona que proponen Macron y Juncker

Ocho países de la UE limitan la reforma del euro a completar la unión bancaria y a la conversión del Mede en un Fondo Monetario Europeo

Holanda lidera una facción cada vez más belicosa contra las propuestas de reforma de la zona euro que propone Emmanuel Macron en París, Jean-Claude Juncker en Bruselas y que parece apoyar la Alemania de Angela Merkel. Ocho países de la UE —Holanda más los nórdicos, los bálticos e Irlanda— limitan la reforma del euro a completar la unión bancaria (con mucha cautela) y a la conversión del Mede en un Fondo Monetario Europeo, según un documento al que ha tenido acceso EL PAÍS. Ni una palabra de presupuesto anticrisis. El texto, además, vincula los fondos europeos a la necesidad de hacer reformas.

El primer ministro de Holanda, Mark Rutte.

La eurozona sale de la Gran Crisis en medio de una guerra de baja intensidad entre el Norte y el Sur. Todo el mundo sabe que hay que reformar el euro porque de lo contrario la próxima crisis podría acabar con él, pero no hay nada parecido a un consenso acerca de cómo hacerlo. La Francia de Macron y la Comisión Europea de Jean-Claude Juncker proponen un presupuesto anticrisis, completar la unión bancaria con medidas de mutualización de riesgos, crear un superministro de Finanzas de la eurozona y convertir el mecanismo de rescate (Mede) en un Fondo Monetario Europeo (FME) con más poderío.

Se supone que la Alemania de Merkel, que se ha opuesto ferozmente a muchas de esas ideas durante la última década, está a favor de caminar en esa dirección. Sin el nein de Berlín garantizado, los acreedores empiezan a hacerse oír en ese debate: ocho ministros de Finanzas de la UE presentan este martes su visión acerca de la futura arquitectura de la Unión Económica y Monetaria, que está muy lejos de las promesas de Macron y Juncker.

Holanda lidera ese grupo con el liberal Mark Rutte cargando con dureza contra todo lo que suene a mutualización y a transferencias de poder hacia instancias europeas. Lo importante será lo que piense Merkel al respecto. Pero de momento Ámsterdam ha encontrado aliados: los nórdicos (Dinamarca, Finlandia y Suecia), los bálticos (Estonia, Letonia y Lituania) y hasta la rescatada Irlanda, una suerte de limbo fiscal que ha hecho fortuna atrayendo multinacionales a base de impuestos bajos. Todos esos países apoyan una Unión Monetaria "basada en reglas comunes"; en poner en marcha reformas estructurales y en cumplir a rajatabla el Pacto de Estabilidad. Paradójicamente, Irlanda y la propia España cumplían con creces las metas de déficit y deuda pública antes de la crisis: eso no evitó que tuvieran que ser rescatadas.

La propuesta, resumida en un escueto texto, recoge la idea holandesa de que para luchar contra la crisis lo importante es tener colchones fiscales a escala nacional, para liberar los estabilizadores automáticos (como el seguro de desempleo) cuando llegan las vacas flacas. Y rebaja drásticamente el nivel de ambición de las propuestas que se han puesto sobre la mesa hasta ahora.

Bruselas reclama a los socios un cortafuego fiscal para el fondo de resolución (para cerrar bancos), y un fondo de garantía de depósitos común. Esos ocho países sostienen que basta con "continuar los debates" sobre esos dos asuntos, que deberían estar cerrados en junio. "Podremos iniciar las discusiones políticas sobre el fondo de garantía de depósitos tan pronto como se hayan hecho progresos suficientes en las medidas de reducción de riesgos", dice el texto, pese a que Bruselas y hasta Berlín han reconocido que ha habido ya grandes progresos, con una reducción notable de los activos problemáticos en países como España e Italia.

El documento, además, reitera la necesidad de poner en marcha "un mecanismo de reestructuración ordenada de la deuda soberana", que los países más duros pretenden que sea automático. Italia, Francia y España rechazan de plano esa opción.

Los nórdicos sí aceptan la conversión del Mede en un FME, aunque subrayan que la toma de decisiones "debe quedar en manos de los Estados miembros" —el tradicional enfoque intergubernamental alemán— y no dicen una sola palabra de la posibilidad de dotar ese Fondo con más potencia de fuego para actuar contra crisis en un solo país.

Holanda receta más austeridad

El primer ministro holandés, Mark Rutte, no ve con buenos ojos la continuidad de la política de tipos bajos del Banco Central Europeo (BCE), y en una alusión a los países del Sur, llama a ejecutar reformas. "La receta para un pastel más grande no son los fondos de rescate centralizados e imprimir más dinero, sino reformas estructurales y presupuestos sanos".

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