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La inflación de la zona euro suma tres meses de caídas y se aleja del objetivo del BCE

Los precios no despegan en la eurozona y se situaron en febrero en el 1,2%

Verduras orgánicas en un supermercado de Berlín.
Verduras orgánicas en un supermercado de Berlín. REUTERS

La inflación concede algo de margen a Mario Draghi para mantener los estímulos monetarios. Eurostat ha informado este miércoles de que los precios cayeron en la eurozona una décima en febrero respecto al mes anterior para situarse en el 1,2%, la cifra más baja desde diciembre de 2016. La recuperación de los Diecinueve es un hecho. Todos sus miembros crecen a ritmos interanuales por encima del 1,5%. 2017 fue el año con mayores tasas de crecimiento de la última década. Y aunque en países como España y Grecia se mantiene en niveles históricamente elevados, el desempleo está en su cota más baja desde 2009. Pero ese robusto despegue sigue sin actuar como motor para el alza del IPC. Gota a gota, décima a décima, la inflación ha ido perdiendo fuelle para sumar tres meses consecutivos de caídas y alejarse del sacrosanto "por debajo pero cerca del 2%" objetivo del Banco Central Europeo.

Hace justo un año, la zona euro clavaba la cifra y las presiones contra las medidas extraordinarias del BCE arreciaban desde el establishment económico alemán, el mayor detractor de los tipos de interés negativos y el programa de compra de activos impulsado por Draghi. La situación se ha dado la vuelta. Los defensores de la ortodoxia monetaria han perdido la artillería dialéctica que supone la amenaza inflacionista para los ahorradores. Ni siquiera Alemania, con su gigantesco superávit comercial y un mercado laboral que ronda el pleno empleo se muestra capaz de dirigir la inflación hacia las metas deseadas, aunque la situó en el 1,4%, dos décimas por encima de sus socios del euro.

La política monetaria no depende de un dato mensual, pero pese a que los cambios en los últimos meses han sido mínimos, sin grandes bandazos, la tendencia a la baja respalda por ahora la prudencia del presidente del BCE, que se resiste a tocar el pedal del freno con contundencia mientras los datos sigan sin acercar los precios al horizonte marcado.

La energía explica en parte la ralentización de la inflación al proseguir un mes más su caída desde una tasa anual del 4,7% en noviembre al 2,1% de febrero, una décima menos que en el mes precedente. Pero no es el único factor: los precios de los alimentos bajaron con fuerza, y la apreciación del euro, que abarata las importaciones de bienes y servicios, ha contribuido a contener los precios. La denominada inflación subyacente —que no tiene en cuenta los volátiles movimientos de la energía, los alimentos, el alcohol y el tabaco—, tampoco acaba de desperezarse, aunque se mantuvo estable en el 1%, el mismo dato que en enero.

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