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“Producir un litro de leche me cuesta 37 céntimos y me lo compran a 30”

Los ganaderos critican que no tienen capacidad de negociación ante las multinacionales y reclaman al Gobierno que actúe de mediador

“El sector así no puede aguantar mucho. Los ganaderos no queremos limosnas, no queremos subvenciones, queremos un precio digno para nuestro trabajo. Queremos que se dignifique nuestra profesión”. Así se pronuncia José Antonio Hernández, ganadero de vacas de leche. Es uno de los productores que participan en la Marcha blanca, una ruta reivindicativa que partió de León el 24 de agosto y que ha finalizado este viernes en el Ministerio de Agricultura, en Madrid, para exigir que se tomen medidas frente a la crisis de la leche. “Ahora mismo me cuesta 37 céntimos producir un litro que tengo que vender a 30. Me puedo considerar un afortunado, hay productores que reciben alrededor de 20 céntimos”, cuenta Hernández.

Este ganadero de 43 años tiene dos mellizas de pocos meses y 120 vacas que producen 4.000 litros diarios de leche en Santo Tomé de Zabarcos (72 habitantes), a 27 kilómetros de Ávila. “El Gobierno tiene que hacer de intermediario porque yo no me encuentro capacitado para negociar con la industria, por eso me pagan lo que me pagan. No puedo negociar con una multinacional, es David contra Goliat”, se queja Hernández. Critica que sus pocos miles de litros “son una parte minúscula” frente a los millones que cualquiera de las empresas del sector recogen a diario y cree que el Gobierno debería mediar, como ha ocurrido en Francia.

"Desde el fin del sistema de cuotas no podemos hacer frente al producto extranjero"

"El fin del sistema de cuotas ha supuesto una tragedia para el sector", afirma rotundo Román Santalla, secretario de ganadería de la Unión de Pequeños Agricultores. Desde 1986 la producción láctea de la Unión Europea se ha organizado mediante un sistema que ponía límites a lo que un ganadero individual podía producir. El motivo de esta regulación era hacer frente a la situación de sobreproducción de leche que había en los países de la Unión, con el fin de evitar que el precio se desplomara. Según esta normativa, el productor de leche que superaba el límite de producción debía pagar una sanción, o bien comprar o alquilar cuotas de producción de otros ganaderos. Así funcionó durante casi 30 años hasta el pasado mes de abril, en el que la Unión Europea, haciendo frente a una "demanda mundial creciente de leche", afirmó que el sistema de cuotas "limitaba el crecimiento del sector", por lo que lo eliminó. "Ahora que no hay cuotas, los países del norte europeo, que tienen mayor capacidad productiva, mandan sus excedentes a precios más bajos. Ante eso no podemos competir. El Gobierno tiene que hacer algo", sostiene Santalla. En el momento de publicación de esta información, este diario no ha recibido respuesta del Ministerio de Agricultura.

El ganadero califica de “cártel de la leche” el reparto del mercado lácteo español en unas pocas empresas. Denuncia que las compañías les presionan cuando acuden a recoger la leche para que se la vendan más barata, aprovechando que, al ser un producto tan perecedero, si no aceptan se ven obligados a tirar la producción del día. La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) multó con 88 millones de euros el pasado marzo a las nueve organizaciones que, según el organismo, se repartieron el negocio de la leche cruda entre 2000 y 2013.

“Ha habido casos de ganaderos con contratos por los que venden el litro de leche a 31 céntimos durante un año, y a los que la empresa le ha llamado para que firmara en ese mismo momento una reducción de cuatro céntimos por litro. Esto ha llegado a ocurrir un viernes de agosto. A ver dónde encontramos otro sitio para colocar la leche. A los cinco o seis que no firmaron, no les recogieron la leche al día siguiente”, denuncia el productor.

En la granja de Hernández la limpieza es automotora y hay rodillos mecánicos para que las vacas se rasquen. El ordeño también se hace solo: las vacas, cuando a ellas les apetece, hacen cola para entrar en una máquina que conecta con precisión láser unos tubos que extraen la leche. Afirma que no es fácil sostener la granja automática: hay que mantener la alimentación de unas 240 reses (solo la mitad producen), los gastos veterinarios, de la luz o del mantenimiento de la maquinaria. Puntualiza que solo el robot ordeñador ha costado más de 120.000 euros y Hernández teme afrontar el coste desorbitado que supondría la avería de una de las piezas.

“Tiras de la familia en todos los sentidos. Nunca trabajo solo ocho horas. Si no puedo contratar a un obrero, tengo que cargarme yo con todo, al final esto es mi vida”, sostiene Hernández. Explica que en el mundo de la ganadería solicitar créditos está a la orden del día, sin los cuales sería imposible hacer frente a un imprevisto: “Una granja no la puedes cerrar un mes como un bar, por eso uno aguanta lo que tiene que aguantar. Si mañana tuviera que vender las vacas esto se acabó”, teme este productor de leche.

Hernández es ganadero de segunda generación: “La ganadería es mi vida, siempre he estado con las vacas de leche”, afirma junto a su padre Prilidiano, conocido en el pueblo como Prili, de 81 años, que fundó la granja con cinco vacas hace 46 años: “Yo lo que ganaba podía emplearlo para mis cosas. Mi hijo siempre tiene que invertirlo todo aquí”, asegura el veterano ganadero. Ambos opinan que el sector está pasando por demasiadas dificultades y temen que las nuevas generaciones no encuentren suficiente aliciente para continuar con la profesión: “Las granjas siguen desapareciendo, van a quedar pocas y grandes. Un joven solo se motivaría con esto si ve que puede tener una vida digna, aunque sea poder escaparte algún fin de semana para tomar algo. Para eso la leche tiene que tener un precio digno y eso no lo hay”, denuncia Hernández hijo. 

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