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Bruselas minimiza el impacto del levantamiento parcial del veto ruso

Los comercios de Rusia poseen importantes reservas de los bienes bloqueados

El comisario de Agricultura de la Comisión Europea, Dacian Ciolos.
El comisario de Agricultura de la Comisión Europea, Dacian Ciolos. Corbis

El anuncio de Moscú de introducir variaciones en los alimentos inicialmente sujetos a veto apenas ha cambiado la forma en la que Bruselas está encarando el importante escollo de las sanciones para su sector primario. “Aún no tenemos las cifras, pero el impacto positivo de este cambio no será importante”, asegura una fuente comunitaria en referencia a la decisión del Kremlin de levantar la prohibición sobre la importación de leche, patatas, cebolla, maíz híbrido dulce y guisantes —en todos los casos, únicamente para su posterior siembra en Rusia—, suplementos alimenticios o dietéticos, complejos vitamínicos y alevines de salmón y trucha para su cría en el país. En cambio, el Gobierno de Vladímir Putin amplió el miércoles la restricción a la compra de cualquier clase de pescado vivo, con la única excepción del salmón. “Nuestras cifras iniciales de impacto [5.252 millones de euros] ya incluían todos estos productos. No hay nada que sumar”, señala esta misma fuente.

Entretanto, el comité de seguimiento constituido por la Comisión Europea evaluará este viernes los siguientes pasos a dar tras la aprobación el lunes de un paquete inicial de medidas para estabilizar los precios valorado en 125 millones e irá preparando el terreno para la cumbre extraordinaria de jefes de Estado y de Gobierno del próximo día 30, en la que previsiblemente discutirán la cuestión agrícola. Fuentes europeas señalaban este jueves a los Ejecutivos de Finlandia, Polonia y los países bálticos—todos ellos entre los más afectados por las represalias rusas— como los más activos en su presión para que los líderes europeos debatan sobre posibles compensaciones a los agricultores. El Gobierno polaco ya ha pedido al Ejecutivo comunitario que estudie un posible recurso del veto ruso ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).

La prohibición a las importaciones y las sanciones ha provocado en Rusia pronósticos que van desde una moderada inflación a otros apocalípticos que afirman que volverán los tiempos soviéticos en los que las estanterías de las tiendas estaban vacías.

De momento, sin embargo, nada ocurre en las tiendas, que todavía tienen una importante reserva de aquellos productos que han sido sancionados. La mayoría de los comerciantes consultados sostienen que, salvo pánico comprador, tienen para unos dos meses, aunque algunos productos se les podrían agotar en un par de semanas. Tanto el gobierno como los distribuidores están buscando otros importadores con los que sustituir a los de los países afectados por las contramedidas introducidas por el Kremlin. Las prohibiciones o limitaciones se refieren a la carne de vacuno y cerdo (y sus derivados), a los pescados y mariscos, la leche y los productos lácteos, así como también las frutas y las verduras. El 13,2% de la carne que se consume en Rusia viene de los países castigados; una proporción parecida a la de pescado; mientras que la de las frutas es el 14,8%.

Existe también preocupación con la inflación si los comerciantes deciden aprovecharse para subir los precios. Por eso, el Gobierno ha creado comisiones para vigilar los precios en las tiendas y en caso de subidas injustificadas tomar medidas para evitar que estos se disparen.